162 . UNA NOCHE DE LOCURA
ALESSIA:
Me desperté con un terrible dolor de cabeza debido a la enorme resaca que me quedó.
No recordaba casi nada de la noche anterior, solo que bebí a la par de Gregory, que resultó ser muy agradable, cómico y que no me soltó en toda la velada.
Me levanté y me metí en la ducha por un largo tiempo hasta que sentí que el dolor cedía un poco.
Al salir, vi a mi tía Alexa, que me observaba como si me revisara.
Ella apenas hablaba; parecía que era muda.
A pesar de eso, adoraba a quien consideraba su sobrina, es decir yo.
Sin decir nada, me obligó a tomar un extraño cóctel que milagrosamente me hizo sentir mejor.
Luego me ayudó a vestir y me dijo que bajara, que me estaban esperando en el comedor.
Lo hice todavía con mi largo y rizado cabello rojo mojado.
Al llegar, vi al Lobo, que me observaba extrañamente, y a Gian, que me abrió los ojos y me dijo que no con la cabeza, indicándome que me sentara a su lado.
—Buenos días —saludé, sin entender nada.
—Buenos días —contestaron ambos mientras me sentaba al lado de Gian, que bajó la cabeza ante Faddei.
El Lobo se quedó observándonos por un rato, mientras continuaba comiendo. En ese momento, le pregunté por señas a Gian si algo había pasado. Hasta que al fin escuchamos a Faddei preguntar, mirándonos fijo:
—¿Qué creen que va a decir el Capo di tutti i capi sobre eso que hicieron ayer y que es la gran noticia de hoy?
Antes de contestar, mi mente se llenó de todos los recuerdos de la noche de anterior.
Retrospectiva:
Gian se quedó mirándome fijamente cuando le grité que dejara de decir que era suya, y sin más, me besó.
Traté de resistirme, pero me acordé de que estábamos haciendo el papel de novios y seguí el beso.
Me asombró que, a no ser por el incómodo bigote que me pinchaba los labios, era exactamente como el de mi novio, porque me hacía sentir de la misma manera.
Al fin, él me liberó, me estrechó fuerte contra él y seguimos bailando sin mirarnos.
—Deja de bajar la cabeza —me susurró al oído—. Tenemos que enseñar que somos pareja; es solo una actuación.
—Lo sé —dije, y hice lo que me pidió, no sin dejar de lanzarle miradas de miedo a Kenet, que, si no llegara a ser porque Olenska lo mantuvo abrazado, habría venido a romperle la cara a Gregory que se atrevió a besarme delante de todos.
—Recuerda que él no sabe quién es —le dijo mi primo Laurent, que no estaba menos molesto por lo mismo—. Se piensa que es alguien que el tío contrató para que se hiciera pasar por ella.
—Cálmense o los van a descubrir. Gregory tiene que dar a entender que ella es suya.
Nuestra primita hoy se vistió con esmero, y si normalmente la asedian todos, hoy mucho más.
¡Está preciosa! —dijo mi otro primo Lucien cuando nos encontramos en el baño—.
Tenemos que mantenernos tranquilos, para dar a entender que estamos de acuerdo.
—¡Yo no creo que papá haya dado autorización para que se besuque así! ¡Gregory se está aprovechando de ella! —dijo Kenet furioso—. Y esa rusa, Olenska, que no se me despega, me tiene mal.
Podía darme cuenta de que mi hermano estaba realmente molesto. Nunca le gustó hacer este tipo de misión. No le gustaba enredarse con mujeres. Podía escuchar su discusión desde donde me encontraba en el pasillo cuando fui al baño.
—Pues tienes que besarla, aunque sea una vez y dejar de mirar a tu hermana, o todo el esfuerzo que están haciendo ellos se va a ir al traste —dijo Lucien con firmeza—. El tío te ordenó enamorarla para que le sacaras toda la información, aunque es una diabla, está empeñada contigo.
—¡A papá se le ocurren cada cosa! —protestó mi hermano, y sabía por qué. Quería estar en el hospital con su novia y no aquí—. Sabe muy bien que estoy enamorado de mi novia, ¿por qué quiere que me haga novio de esa estúpida mujer?
Luciano lo volvió a regañar diciendo que, si no actuaba bien con Olenska, se iba a dar cuenta de que no era su primo. Gregory lo estaba haciendo bien. Kenet tenía que hacerlo también. Que no se dijera que el ruso iba a ser mejor que él en esa misión.
—¡No lo hizo en Moscú ni lo hará ahora! —Dijo mi hermano con firmeza—. Verás cómo le saco toda la información a Olenska y la pongo a comer de mi mano.
—Así se habla; ahora concéntrate y olvídate de Alessia —dijo mi primo Laurent y yo respiré aliviada—. ¿O no te diste cuenta de que tu enamorada no vino sola?
—¿Qué quieres decir, Laurent? —Se detuvo mi hermano.
Mi tía Lucila los había llamado para avisarles. Había seis hombres que habían llegado con Olenska. Tenía conectado su teléfono con las cámaras de seguridad. Ella fue a hablar con ellos y me señaló. Tenían que evitar que yo fuera a sentarme junto a ellos.
— Lucien y yo vamos a buscar más hombres que estén alerta para proteger a los demás —siguió diciendo Laurent—. Así que deja que Gregory siga con su papel de novio de tu hermana. No te pongas celoso; todo es una actuación.
—¿Estás seguro? —preguntó Kenet mirando como Gregory me tenía abrazada—. No se me olvida que la última vez que fuimos a su casa en Rusia. Me amenazó con enamorar a Alessia.
—No le hagas caso; a él le gusta provocarte —se adelantó Lucien—. Mamá dice que tiene una novia muy bonita y que se van a casar. Ayer escuché que el tío va a comprometer a Alessia con el hijo mayor del capo Cian.
—¿En serio? —preguntó emocionado Kenet.
Laurent asintió diciendo que su mamá se lo dijo. Por eso, por una vez, aunque sea de mentiras, me dejara divertirme. Que le demostrara a mi padre que puedo hacer un trabajo al lado suyo. Tenía que estar listo para ayudarme a librarme de ese compromiso, en caso de que a ella no me gustara el tipo.
—Dicen que es tremendo mujeriego igual que su padre, aunque muy bueno en todo lo que hace —agregó Lucien.
—Papá no puede hacerle eso a mi hermana —dijo Kenet mirando al salir del baño como Gregory me hacía beber vodka. —Aunque prefiero que sea el hijo de Cian al ruso este que me pone rabioso. ¡Mira cómo la hace beber!
—¡Kenet, Kenet…! ¡Demonios! ¿Qué diablos tiene hoy que no se concentra en lo que dijo el tío que hiciéramos? —dice Laurent y lo siguen para impedir que rompa mi relación con el ruso o provoque un escándalo. —¡Kenet…!