¡Ups, me equivoqué papá, me equivoqué! (SERIE ¡UPS! nº 3) 160 . UNA HISTORIA PASADA
63%

160 . UNA HISTORIA PASADA

ALESSANDRO:

Junto a Rufo, miraba los papeles que me entregara Franco, hechos por su yerno Bosco. Nos encontrábamos todos en la dirección del hospital, porque Lilian pretendía operar a Alexcía. Estábamos muy concentrados comparando todo cuando la puerta se abrió y aparecieron mis padres.

—¡Mamá! ¡Papá! —exclamé, muy sorprendido—. ¿Qué hacen aquí?

—¿Es verdad que están operando a Alessia? ¿Por qué no nos dijiste nada? Papá está al darle un ataque y me hizo venir —explicó mi padre.

—No, papá, es a Alexcía, la hija menor de Francesco Rinaldi —se lo mostré, colocándome a su lado—. Les presento al dragón de la décima perdido. El azul oscuro de los Rinaldi.

—¿Lo encontraste? —preguntaron ambos.

—Más o menos. Creo que el destino nos volvió a unir —expliqué con calma—. Es bueno que hayan venido. Vengan acá, tenemos un gran problema. ¿Conocen por casualidad este signo?

Y les mostré las fotos del tatuaje que en esos mismos momentos Lilian estaba revisando muy bien en el salón de operaciones. Se percató de que su hijo tenía razón y comenzó a interrogar a Alexcía, que estaba medio dormida por la anestesia, antes de la operación.

—¿Y de dónde conoces a Kenet? —preguntó mientras la enfermera la grababa y le traducía del ruso al italiano.

—Es el novio de mi prima Alessia —contestó.

—¿Y dónde está tu prima? —preguntó de nuevo.

—No lo sé, no lo sé, papá se la llevó —dijo, negando con la cabeza.

—¿De quién eres hija? ¿Cómo se llama tu papá? —Inquirió Lilian de nuevo.

—Olec Rostall…

Y siguió preguntándole muchas cosas, que ella respondió. Luego comenzó a operarla, como estaba programado. Mientras tanto, en el despacho, mis padres se quedaron observando atentamente lo que les mostraba. Mi madre Camil tomó las fotos y se quedó por un rato observándolas detenidamente.

—Lo conocemos muy bien —dijo al fin.

—¿Estás segura, querida? No vayas a decir algo si no estás completamente segura de ello —le advirtió mi padre—. Hace muchos años que dejamos de ver esos signos.

—Está bien, esperaré llegar a la casa y compararlo con los dibujos de aquella época —dijo, guardando el nombre para sí—. Así estaré segura y no me confundo. Porque son signos que me parecen de los rusos. Esperaré compararlo con los del libro secreto de los primeros dragones.

—¿Primeros dragones? ¿Qué significa eso? —pregunté—. ¿No son ustedes?

Mis padres intercambiaron miradas, para luego tomar asiento, esperando que nosotros también lo hiciéramos. Luego mamá extrajo una pequeña libreta negra de su bolso y se puso a buscar algo en ella.

—Cuando tu padre me encontró en el templo en China, yo había escapado —dijo por primera vez.

—¿Escapado? ¿De quién? —pregunté, intrigado.

Mamá me miró, entrecerrando los ojos. Comenzó a decir que sus padres eran los embajadores de Italia en China.

Un día, unos extraños encapuchados la raptaron.

La mantuvieron mucho tiempo en un extraño lugar oscuro, donde hacían cada día ceremonias.

Le pintaban diferentes signos como ese que le mostré.

No eran tatuados, solo se los pintaban, los cuales ella se fue aprendiendo de memoria. Pudo dibujarlos a todos cuando regresó.

—No entiendo, mamá. ¿Qué querían hacer contigo? —pregunté, muy interesado.

—Estaban preparándome para ser la mujer de un ancestro, que según ellos cada cien años, debía recibir una mujer prohibida —contestó con seriedad—. La cual le debía dar un dragón heredero de ojos azules.

—¿Hablas de la organización ancestral a la que pertenece el abuelo del dragón blanco? —pregunté, aunque nunca me había gustado ese lío.

—No, otra organización muy oscura y siniestra, enemiga de ellos —contestó papá.

—¿Y cómo te conocieron? —pregunté.

Mamá era una chiquilla muy caprichosa. Le encantaban los dragones, y escapaba con su chofer a todos los templos de ellos en ese país, a escondidas de sus padres. Sus ojos son realmente muy azules y su cabello dorado con destellos rojos.

—Así que no solo a tus hijos les salieron a Lilian, también a mi familia.

Fue el principal motivo por el que me escogieron —dijo, y me pareció que había orgullo en eso por un momento—.

Por suerte, tú sacaste todo de tu padre y los Minetti.

Pasé todo mi embarazo rezando para que fuera así.

Tenía miedo de que me encontraran y, si tenías esas características como tu Kenet, te robaran al cumplir veinticinco años para que los dirigieras.

—¿Qué quieres decir con eso, mamá? ¿Mi Kenet corre peligro y no me lo dijiste hasta ahora? ¿Por qué? —grité, asustado, sacando mi teléfono para llamar a mi hijo que viniera urgente—. ¿Quieres decir que pueden esos extraños venir detrás de mi hijo?

—No te asustes, Ale —trató de calmarme mi padre—. Todavía Kenet no tiene la edad.

—¿Cómo no me voy a asustar, papá? —pregunté con incredulidad—. No solo me condenaron a convertirme en un mafioso. Ahora resulta que me escondieron que mi hijo puede estar en serio peligro. ¿Qué diablos es lo que tienen en la cabeza estos padres míos?

Estaba realmente furioso con mis padres. No solo me condenaron a esta vida de la mafia que tenía que llevar. Ahora resultaba que me ocultaron que mi hijo podía estar en serio peligro.

—¿Por qué no me dijeron esto antes? Es mi pregunta —los interrogué, furioso.

—Por la sencilla razón de que no es tu primogénito y ellos necesitan que sea el primero en nacer —contestó mamá, siendo interrumpida por la llegada de Kenet, que entró corriendo con cara de susto.

—¿Qué es, papá? ¿Pasó algo con mi novia? ¿Es ella? —preguntó de inmediato.

Al verlo así, me di cuenta de que lo asusté sin necesidad. Lo abracé muy fuerte, arrepentido de haber olvidado que estaban operando a su novia. Al separarnos, vi que tenía los ojos llenos del más terrible miedo.

—No, no, hijo, todo lo contrario —me apresuré a aclarar—. Ella salió muy bien.

—¡Diablos, papá, no sabes el susto que me diste! —exclamó, respirando agitado—. ¿Entonces por qué me llamaste tan asustado? ¿No es mi Alexcía?

—No se trata de eso, Kenet. Toma un vaso de agua —le indicó Rufo—. Y quédate a escuchar la historia que está haciendo tu abuela. Es sobre ti y el extraño signo que tiene tu novia. ¿Por qué preguntas si es la verdadera? ¿Qué quieres decir?

Kenet evitó responder a su tío. Se interesó en la operación. Rufo le aclaró que estaba dormida y que cuando despertara, Lilian avisaría. Kenet bajó la cabeza. Me di cuenta de que no quería decir nada.

Todos esperamos pacientemente que se calmara y se sentara junto a mí.

Todavía no podía creer lo que acababa de escuchar.

Miraba a mi madre Camil, que se le veía como siempre, metida en sus pensamientos.

A pesar de su gran inteligencia, ella a veces se perdía dentro de sus ensoñaciones, a lo que ya todos estábamos acostumbrados.

—¿Y Alessia corre peligro? —pregunté a mi padre.

—No, Ale, tiene que ser varón —respondió al momento.

Sin embargo, me sostuvo la mirada. Hacía mucho tiempo que decía que estaba realmente arrepentido de haber tomado esa decisión, que me había condenado con nuestra familia a esta vida de la mafia que tenía que llevar. Pero yo no estaba seguro si en verdad estaba arrepentido.