158 . LAS ÓRDENES DEL CAPO MAYOR
GIANPIERO:
Ahora sí no entendía nada. ¿Acaso Alexcía me engañó y en verdad era una espía enemiga que se iba a hacer pasar por la hija del Capo Mayor?
Y si era así, ¿por qué Minetti me pidió que la cuidara, en especial a ella?
¿Se enteraría del plan y por eso se escondían de los dragones de fuego?
Algo no me cuadraba. Humberto me aseguró que era hija del coronel Franco Moret, partidario de Minetti.
¿O no lo era? No parecía un mafioso, así que, a lo mejor, era una testigo a la que estaban protegiendo.
—¿Puedes explicarme eso, Alessia? ¿De qué cirugía hablas? ¿En verdad ella se convirtió a semejanza de la hija del Capo di tutti i capi? ¿Alessia Minetti es como ella? —pregunté, asombrado.
Ahora pensaba que tal vez de quien me había enamorado era de la imagen de la hija de Minetti, a quien acababa de rechazar.
Porque si Alexcía se hizo una cirugía para imitarla…
, ¿o quizás era la verdadera hija del Capo, que la mantenía oculta con los Rinaldi?
Eso explicaría la cantidad de guardias que aparecieron en el parque y por qué ella me dijo que debía obedecer a su padre.
¿Será que su novia era la hija de Alessandro Minetti y yo la rechacé?
¿O esta que tenía delante era la verdadera?
Las preguntas se acumulaban sin respuesta, una detrás de la otra.
—Creo que mejor esperas que Minetti te explique. Al parecer, te confundí más —dijo Alessia al ver cómo la miraba fijamente, como si la viera por primera vez.
No dije nada mientras la observaba. ¿Así que la hija del Capo Mayor era así de linda y yo la rechacé por Alexcía, que al parecer era hija de un traidor?
¿No era hija del coronel Franco, o era mentira?
¿Sería una prisionera de ellos o una espía?
¿O todo era una trampa de mi padre con el Capo para hacerme olvidar a mi pareja perfecta?
—¿Puedo preguntarte algo? —Rompí el silencio—. ¿Conociste a la familia Moret?
—No, todo lo que te acabo de decir me lo dijo el Capo —respondió Alessia, sin mirarme.
Con un leve movimiento de cabeza, hizo que su hermosa cabellera le cubriera casi todo el rostro. En ese momento fue claro para mí que no estaba interesada en que me enterara de nada más.
Cuando ella hizo ese movimiento para dejar caer su cabello hacia delante, me recordó que mi novia lo hacía de la misma manera. No podía apartar los ojos de la hermosa chica que tenía delante. Mi corazón latía acelerado sin comprender la razón, y sin poder evitarlo, me estaba gustando más y más.
—¿Así que tienes novia? —preguntó Alessia de pronto—. ¿Cómo se llama?
—Se llama..., se llama ¡Katiuska! —inventé un nombre al azar y, sin saber por qué, le pregunté—: ¿Y es verdad que tienes un prometido?
—Sí, sí, tengo prometido. Nos vamos a casar pronto —contestó, titubeando. Luego rió nerviosamente—. Yo no soy tonta. La verdadera Alessia Minetti tiene prometido, pero yo también tengo novio y lo amo mucho.
—Ya veo —dije, suspirando, sintiendo que había perdido algo valioso.
Ambos guardamos silencio, sin saber qué más decir, concentrados en nuestros propios pensamientos.
Yo pensaba que debía encontrar a Alexcía lo antes posible y aclarar todo.
Aunque no recordara que yo existía, la enamoraría de nuevo si no era hija de un enemigo.
Porque si resultaba que era enemiga y, encima de eso, ya la había marcado un dragón, no habría mucho que hacer. La ley era muy clara en eso.
Ahora me estaba replanteando la petición del Capo di tutti i capi de ser el novio y esposo de su hija.
Si era tan linda como esta que tenía delante, a lo mejor podría olvidar a Alexcía y amarla.
Resoplé, moví la cabeza y me puse a caminar de un lado a otro.
Primero debía saber toda la verdad antes de tomar una decisión.
Sí, eso haría, y le pediría a Minetti que me diera un tiempo para pensar.
No sabía que Alessia estaba confundida al sentir que, después de haber hablado, no le caía tan mal y era muy bien parecido.
Tampoco que se preguntaba cómo sería el hijo mayor del capo Cian.
A lo mejor era muy guapo y se enamoraba de él.
Si yo en mi papel de ruso la hacía estremecerse con solo acercarme, tal vez no estaba locamente enamorada de su novio y solo sintió todo aquello por ser su primera vez.
Y que a lo mejor, como su padre había dicho, podía que el hijo del capo Cian fuese su felicidad.
En ese momento ella se hacía miles de preguntas:
¿Quién sería Gian? ¿En verdad sería alguien que la había trabajado enamorándola para luego engañarla como todos?
Su padre en parte tenía razón. No podía confiar en alguien que conoció tan poco y que tenía tantos misterios.
¿Dónde se metió para que su papá no haya podido dar con él?
¿Sería amigo o enemigo? ¿Por qué no había hecho el intento de contactar con los demás?
Iba a decirle a su tía Lucy que lo buscara.
Si era verdad lo que le dijo, entonces...
—Alessia —la voz de Alessandro la sacó de sus pensamientos—. Vengan con nosotros. Ya Faddei sabe lo que hay que hacer. Te quedarás con ellos en una casa.
—¿Qué? Pero, pa..., mi Capo... —reaccionó a tiempo al ver cómo su papá le abría los ojos.
—Eres de Grigory, de su propiedad. ¿Quién se va a creer que no vives con ellos si te compraron? —explicó, muy serio.
—¿Grigory? ¿No le íbamos a llamar Gian? —preguntó ella.
—No hace falta. El Lobo tiene razón —dijo Minetti—. Podemos decir que se hacía llamar así para no llamar la atención y hacerse pasar por italiano.
—De acuerdo. ¿En verdad tengo que vivir con ellos? —preguntó de nuevo.
Era evidente que estaba confundida al darse cuenta de que mi mirada siempre estaba en ella, lo cual la hacía sentir rara. También ella no podía dejar de mirarme furtivamente.
Alessandro Minetti nos miró por un momento, viendo cómo ambos tratábamos de no mirarnos, y una leve sonrisa se dibujó en sus labios.
Intercambió una mirada con el Lobo, que asintió.
Era indiscutible que todavía no nos habíamos descubierto.
¡Sin embargo, nos atraíamos! Se notaba por el modo en que nos mirábamos a hurtadillas.
Alessandro quería descubrir hasta dónde nos íbamos a mantener fieles a nosotros mismos. O si el amor que nos teníamos era tan grande y verdadero que incluso en otras formas volvíamos a enamorarnos. Luego nos indicó que camináramos a su lado mientras iban en busca de los autos.
—No te preocupes. Te cuidarán muy bien —le hablaba a Alessia—. Ambos son de mi entera confianza y debes confiar en ellos como si fuera yo. Por lo pronto, llama a Olenska. La invitarás a salir hoy a un club.
—¿A un club? —preguntó ella.
—Sí, irás con Kenet, que se hará el celoso de ti y de Grigory delante de ella, ¿de acuerdo?
—siguió ordenando—. Le pedirás que te ayude a mantenerlo lejos de ti.
Debe convencerse de que tu hermano en verdad te confunde contigo y que siga creyendo que eres su prima.
Tenemos que hacer que siga interesada en él.
Tu mamá me dijo que había ido a su fiesta de cumpleaños y que parecía querer conquistarlo.
—¿En serio? —preguntó Alessia—. Está bien, mi Capo. Lo haré bien. No le defraudaré.