157 . NUEVAS INFORMACIONES
GIANPIERO:
Me senté, mirándola ahora con curiosidad.
Tenía algo en su voz que me recordaba a mi novia.
Esperé pacientemente que ella bebiera su café para escucharla y, mientras lo hacía, me puse a estudiarla.
En verdad era muy linda ahora que podía ver su rostro.
Ese cabello rojo alborotado que apenas dejaba ver cómo era me encantaba.
Era uno de mis ocultos deseos de encontrar una mujer pelirroja como ella.
Se veía que tenía un cuerpo entrenado, muy bien formado.
Y esa manera de adelantar sus labios para beber me recordaba a otra.
¡Qué mujer tan atractiva y deseable! Me sorprendí a mí mismo pensando eso, y hasta pasé la lengua por mis labios.
Aparté los ojos de pronto al darme cuenta de lo que hacía, sintiéndome muy confundido.
¿Cómo podría estar mirando a otra de esa manera?
Y para colmo, tendría que llamarla Alessia.
¿Es que no existían más nombres en Roma?
¿Tenía que llamarse Alessia? Quizás era porque la hija del Capo di tutti i capi se llamaba así y todas las demás se ponían su nombre.
¿Sería por eso que Alexcía me pedía que le dijera Alessia?
Di un trago a mi café tratando de mantener mi papel, repitiéndome en mi mente mientras volvía a rascarme la barba que me habían obligado a ponerme, porque según el Lobo, su hijo la tenía, y apretándome los pequeños bigotes.
Suspiré mientras me decía: ¡Eres Grigory, el hijo del Lobo!
—Grigory, no te preocupes. Aunque me veas nerviosa en estos momentos, estoy muy bien entrenada —comenzó a hablarme, observándome también.
No sabía por qué me miraba fijamente, pero yo me había puesto lentes azules como el verdadero hijo del Lobo.
También me había puesto barba y bigotes rubios, nada que ver conmigo—.
Haré exactamente lo que me ordenes sin dudar.
Disculpa por lo de antes. Tú también tienes que entenderme y ayudarme, por favor.
—Está bien, discúlpame —cedí al ver la actitud de la chica de querer colaborar y hacer las cosas bien.
También porque su voz era casi igual que la de mi Alessia, lo cual me tenía muy confundido—.
Es que tuve que interrumpir todo porque una tonta metió la pata, según me dijo mi padre, y nos convirtió en traidores.
¡Diablos! ¡Jamás pensé que me iban a ver con odio mi propia gente!
¿Traidor yo? ¡Eso no me lo esperé! Por eso estoy algo molesto.
En verdad estaba muy furioso. Cuando el Lobo me contó todo me enfurecí como él.
Si llego a saber que el Capo de todos los capos me convertiría en un traidor, no sé si hubiese aceptado.
Luego, al ver a esta princesa que me despreciaba y representaba todo lo que odiaba en una mujer, me enfureció aún más.
Menos mal que estaba disfrazado. Fue uno de los motivos por los que acepté convertirme en el ruso.
—¡Oh! Perdón por eso —se le escapó a Alessia al ver lo afectado que estaba, sin saber que era por su culpa. ¡Sí que había metido la pata!
—Tú no tienes la culpa. Perdóname por tomar mi molestia contigo. Olvidemos todo y hagámoslo bien, ¿de acuerdo? —dije en un tono reconciliador que le agradó a Alessia—. Cuéntame ahora qué sabes de esta misión.
—Bueno, resulta que la hija de Eleonora Conti, la ex del capo Minetti y prima de Alexander Dimitrov Conti, se llama Alexcía Moret —me explicó, mientras tomaba su café, menos nerviosa.
—¿Alexcía Moret dijiste? —La interrumpí, realmente interesado—. ¿Ella es hija de un traidor?
—¿La conoces? —preguntó Alessia, intrigada por la manera en que había reaccionado.
Me quedé en silencio, procesando lo que acababa de escuchar. No podía revelar nada hasta saber más. Mi corazón se oprimía. ¿Estarían hablando de la misma Alexcía Moret, hija del coronel Franco Moret, que yo conocía?
—Bueno, no sé bien todo —dijo Alessia, sin mirarme—. Solo sé que tuvo un accidente y perdió su memoria después de meter la pata.
—¿Dices que Alexcía Moret tuvo un accidente y perdió la memoria? ¿Cuándo sucedió eso? —pregunté de inmediato, con un nudo en la garganta y el corazón latiéndome aceleradamente.
Ahora estaba muy asustado. Si por casualidad se trataba de mi novia, eso quería decir que me había olvidado y no me reconocería. Sacudí mi cabeza y seguí representando mi papel de Grigory, prestando ahora mucha atención a lo que me contaba.
—Te diré lo que me contaron —dijo, levantando la cabeza para mirarme—. Dicen que sus primos Alexander y Olenska Dimitrov Conti la llevaron a una subasta de mujeres, y que es donde se supone que tu papá, el Lobo, la compró para ti. Y la marcó con el signo de posesión de dragones.
—Entiendo —dije, pensativo, con un gran miedo en el pecho—. ¿Era una subasta de traidores seguidores del dragón de fuego?
—Sí. Ella se encontró con Olenska en el hospital y le dijo eso: que el Lobo la había comprado para su hijo Gianpiero di Novara —me miró sin entender nada.
—¿Por qué dijo eso? —pregunté directamente—. Yo me llamo Grigory Volkov.
Alessia levantó los hombros, diciendo que ella no sabía ni recordaba que a mi ahora padre le decían el Lobo.
Ni mucho menos por qué mencionó a Gianpiero di Novara, que era como me llamarían desde ahora, según dijo el Capo.
Porque, según supo, ella estudiaba con él en la universidad y eran novios, que fue donde se encontraron con Alexander Dimitrov.
—Aunque eso que dices es verdad —dijo, pensativa—. Gianpiero no era rubio, sino trigueño, y hablaba muy bien el italiano.
—¿Lo conociste? —pregunté de inmediato.
—No, me lo dijo Minetti —se apresuró a negar—. Así que ahora mismo no sé cómo vamos a hacer. Tú eres rubio de ojos azules y hablas arrastrando la erre, sin contar que tienes bigotes y barba, que tengo entendido Gianpiero no tenía.
—Eso tiene solución. Diremos que estaba de incógnito, disfrazado —dije, deseando quitarme esa barba—. ¿Esa Alexcía Moret en verdad dijo mi nombre? Digo, el de Gianpiero di Novara. ¿Por qué? ¿No dices que se le borró la memoria?
Quería asegurarme de que sí, de que era de mi novia de quien estábamos hablando.
¿Qué pasó? ¿Cuándo tuvo ese accidente? ¿Sería por eso que el Capo no me dijo dónde se encontraba?
Me revolví en la silla desesperado, queriendo salir corriendo a buscarla.
Pero ¿a dónde? De seguro la tenían muy bien escondida.
Me pasé la mano por la frente y me concentré en la historia.
—No te puedo responder eso —dijo suavemente—. Creo que pasó antes del accidente. Te digo que no te puedo aclarar nada.
Ella bajaba la cabeza cada vez que la miraba fijamente. Se ponía muy nerviosa sin comprender el motivo. Parecía que no le caía tan mal. Retrocedió, alejándose de mí.
—El caso es que yo seré Alessia Minetti, porque ella se hizo una cirugía para parecerse a mí. Digo…, a la verdadera hija de Minetti —rectificó enseguida, apartando la vista de mí—. Yo solo trato de imitarla.
—¿Qué significa eso? ¿De qué cirugía hablas? —pregunté de nuevo. Casi estaba seguro de que hablaba de mi novia.