153 . TE CASARÁS
ALESSIA:
Miré a mi padre con incredulidad, pero me percaté de que estaba a la espera de ver mi reacción.
Sentí cómo me ponía blanca como un papel, luego roja, y traté de hablar nerviosamente.
Estaba aterrada y sabía que él lo había notado.
No sabía que quería ver si, como Gianpiero, me mantenía firme o cedía y le demostraba completa obediencia.
—Ya hablé con el capo Cian y nos pusimos de acuerdo para que vengan la próxima semana… —siguió diciendo.
—¡Espera, papá, no hagas eso! —lo interrumpí, arrepentida de no haberle hablado de Gian antes—. Yo…, yo…, ¡yo tengo novio!
—¿Tienes novio? —preguntó, sorprendido e incrédulo.
—Sí, tengo novio —dije con más firmeza—. Es Gianpiero di Novara.
—¿Ese chico que desapareció y nadie sabe si es amigo o enemigo? —preguntó, al tiempo que descruzaba los pies y se inclinaba para estar más cerca de mí, que no sabía qué decir a eso que me acababa de preguntar mi padre.
—Bueno…
Ahora mismo no sabía qué decir. Era cierto eso que decía papá.
Pero yo no quería dejar ir a Gianpiero sin hablar con él.
Podía ser enemigo, pero también no. Además, todavía tenía la duda de si aceptaría seguir siendo mi novio cuando se enterara de que era la princesa de la mafia italiana. Hija del Capo de todos los capos.
—¿Confías o no confías en mí, Alessia? —repitió la pregunta papá, volviendo a recostarse en su sillón, cruzando los pies y fumando su tabaco.
—¡Lo hago, papá, pero esto es distinto! —aseguré, tratando de encontrar las palabras correctas para convencer a mi padre de que Gian era el indicado para mí, sin encontrar nada en concreto, por lo que solo le dije casi en una súplica—.
De veras me gusta Gian. ¿No puedes esperar a saber quién es y tomar una decisión?
Mi voz se había convertido en casi un susurro. Sabía que cuando mi padre tomaba una decisión no era fácil hacer que se retractara. Pero aunque tenía razón en lo que decía, yo deseaba esperar hasta hablar con Gianpiero y aclarar todo entre nosotros.
—No puedo esperar, Alessia. Hay muchos que andan detrás de ti.
Necesito comprometerte y ponerte el signo de propiedad de un dragón joven —afirmó, categórico, viendo cómo cambiaba de color y se me llenaban los ojos de lágrimas—.
Escogí al hijo de Cian, que es mi mayor y más fiel socio.
Es de tu edad y un excelente chico de mi entera confianza.
Te va a gustar, es muy bien parecido. Solo confía en mí, jamás iré en contra de tu felicidad.
—Papá, de veras me gusta Gian —no pude dejar de decir—. ¿No puedes esperar a ver si lo encuentro?
Papá descruzó las piernas y apagó su tabaco en el cenicero de la mesa entre nosotros. Sabía por cómo abría y cerraba las fosas nasales que estaba molestándose. Pero no quería ceder. Amaba a Gian de verdad. Resopló y me miró fijamente antes de comenzar a hablar.
—A ver, Alessia. Dime ahora mismo, ¿cuál es su verdadero nombre?
¿De dónde es? ¿Quiénes son sus padres y cómo encontrarlo?
—Me llenó de preguntas sin dejar de mirarme fijamente—.
Supongo que te dijo todo eso si iba en serio contigo.
Llámalo y dile que venga a hablar conmigo ahora mismo.
Mandaré mi helicóptero o el avión si es necesario.
—Yo…, yo… —¡Trágame tierra! ¿Cómo podía defenderlo?—. Yo no sé cómo localizarlo ni nada de eso que me pides, papá. Pero me gusta mucho. ¡Es mi primer novio!
Papá no dijo nada de inmediato. Se recostó en el sillón sin apartar la mirada de mí, que estrujaba mis manos nerviosamente. En mi interior sabía que él tenía razón. Pero yo…, yo deseaba darle una oportunidad a mi Gian.
—¿Estás segura de que no es un enemigo que pusieron a tu lado para enamorarte y luego ir en mi contra?
—siguió interrogándome con rudeza—. ¿Puedes asegurarme que no es un enemigo, Alessia, que se burló de tu inocencia y desconocimiento?
¿Ya te llamó? ¿Te buscó? ¿O al menos buscó a los Rinaldi después de que desapareciste?
—No, no ha hecho nada de eso —me sentía en verdad vencida por papá—. ¡Pero perdimos los teléfonos! Quizás por eso no lo ha hecho.
—¿Y por qué desapareció de la universidad también y no he podido localizarlo?
—insistió papá, paso a paso desmantelando mi ilusión—.
¿Eso no te dice nada? Si es como me dijiste, que no está en el mundo de la mafia, ¿cómo explicas que lo buscaron cuatro autos custodiados y se esfumara de por todo esto?
Lo miré sin saber qué hacer o decir. Entendía y estaba de acuerdo con todo lo que me preguntaba mi padre.
Eran las mismas preguntas que me hacía sin encontrar respuestas.
Lo miré desesperada mientras trataba de aguantar las lágrimas que pugnaban por salir.
Bajé la cabeza. Sabía que tenía razón, ¡tenía razón como siempre!
Aunque quería defender a Gian, era verdad que no conocía nada, y lo de que desapareció era muy sospechoso.
—De veras me gusta Gian y estoy enamorada de él, papá —dije casi en un susurro, esperanzada.
—No importa, serás la novia del hijo mayor del capo Cian.
Si en verdad confías en mí, debes demostrarlo con esto.
¡Acepta a este chico para mi tranquilidad!
—Dijo con vehemencia—. Ese que mencionas lo busqué y nadie sabe quién es.
¿Vas a confiar otra vez en un extraño que hace solo poco tiempo que conoces, y no en mí?
Se me llenaron los ojos de lágrimas. Quería resistirme, decir que no, pero en verdad no sabía quién era Gianpiero, si era amigo o un enemigo que se burló de mí y quién sabe qué querría.
Además, podía percibir que mi padre me estaba exigiendo que confiara en él ciegamente.
Por lo que bajé la cabeza y no dije más.
Papá me miró con cariño. Sabía que tenía que confiar en su sabiduría.
—Te aseguro que serás muy feliz, hija —dijo de pronto, con suavidad—. Este chico es quien te conviene. Te amará y cuidará. Solo conócelo, es muy bueno en todo lo que hace y está muy feliz de ser tu novio.
—No hace falta que lo conozca, papá, si tú dices que es bueno y que es el que me conviene —logré decir, con lágrimas en los ojos—. Está bien, lo aceptaré el día que decidas. Te prometí que confiaría ciegamente en ti y lo haré. Espero que en verdad sepas quién es mi felicidad.
No dijo nada más. Solo me estrechó muy fuerte y besó mi cabeza.
Después de despedirme de mi padre, me fui con Migue a recuperar mi cabello rojo.
Al regresar, subí a mi habitación y hablé un rato con Filomena, contándole todo.
Ella me dijo que, aunque le dolía reconocerlo, papá tenía razón.
¡No sabíamos nada de Gian! También lo sabía, pero no por eso dejaba de ser menos doloroso.
—Alessia, acepta lo que quiere tu papá —me aconsejó Filo—. Si Gian aparece y aclara todas las dudas que tiene él, entonces lo enfrentas con todo y defiendes tu amor. Por el momento, obedécelo. No te queda de otra.
—Lo sé, Filo, lo sé —dije, con un dolor en el pecho—. ¿En verdad crees que Gian me engañó?