¡Ups, me equivoqué papá, me equivoqué! (SERIE ¡UPS! nº 3) 151 . LA PROPUESTA DEL CAPO MAYOR
59%

151 . LA PROPUESTA DEL CAPO MAYOR

GIANPIERO:

Tragué en seco. En ese momento quería morirme.

Salí corriendo de Milán para escapar de mi padre, que quería casarme con una chiquilla tonta, y resultaba que ahora caí en las garras del Capo di tutti i capi, que también me quería casar, nada más y nada menos que con su hija.

Que de seguro debía ser una princesita malcriada y engreída, como todas las hijas de los capos mayores que conocía. ¡Maldición! ¿Y ahora qué iba a hacer?

Tomé aire despacio y levanté la cabeza para mirar a Alessandro fijamente a los ojos. Aunque sabía que esto me podía costar todo, estaba decidido a defender mi amor. ¡Di mi palabra y la cumpliría!

—Mi Capo, me va a perdonar —comencé a hablar vacilante, pero mi voz de a poco se hizo más firme—.

En serio no le miento cuando le digo que mi novia es mi pareja perfecta.

¡Nunca esperé encontrar una mujer como ella!

Es lo máximo. Por favor, no me pida que la deje.

No puedo hacerlo. Empeñé mi palabra con ella y no solo eso.

¡En verdad es la mujer que me hace sentir lo que es ser un hombre! No me pida eso, por favor.

—Gian, solo estuviste con ella dos días —dijo con voz fría Minetti—. ¿Vas a decepcionarme por una relación de dos días?

—Mi Capo…

Minetti sonrió abiertamente sin poder evitarlo, mirándome fijamente.

No entendía por qué se reía, pero me mantuve firme delante de él.

No sabía en ese momento que él estaba recordando lo que le había dicho Franco de mí, por eso había satisfacción en su mirada.

En verdad estaba muy enamorado de Alessia.

¿Lo estaría ella de mí de igual manera? Tenía que ir a averiguar antes de decidir si aceptar o rechazar su oferta.

—Muy bien, recuerda que te pedí confiar en mí.

Yo no sería capaz de ir en contra de tu felicidad, pero no lo has hecho —dijo de pronto, confundiéndome aún más.

Intuía que había algo más detrás de su manera de comportarse—.

Ahora irás con Humberto. Te llevará a un edificio cerca de aquí y te quedarás en un apartamento allá.

Te dará todo lo que necesitas. Tienes que representar ser quien eres: el príncipe de la mafia de un gran capo.

En este caso no es Cian, pero te aseguro que el Lobo está a la par de tu padre. ¿Sabes por casualidad algo de ruso?

—Sí, papá me hizo aprender ruso, alemán, francés, inglés y otros más que conozco más o menos —contesté, sintiéndome más tranquilo al ver que no insistió más en el asunto del matrimonio y que al parecer aceptó mi decisión.

—Sabía que Cian no me iba a decepcionar contigo.

¡Eres realmente bueno, Gian, sigue así! Llegarás lejos, te lo aseguro —me elogió el Capo Mayor—.

Ve ahora. Mañana te indicaré lo que debes hacer.

Ah, no le digas ni siquiera a la chica que representará a tu novia quién eres.

¡Nadie debe saberlo! Debemos ser muy precavidos. ¿Capisci?

—De acuerdo, mi Capo —acepté su misión.

—Y piensa en mi propuesta. Me harías muy feliz si decides aceptar, Gian —insistió de nuevo.

—De acuerdo, mi Capo, lo haré —acepté, porque no tenía las respuestas—. Cuando termine la misión le daré mi respuesta.

—Vamos a hacer una cosa —dijo Minetti, y vi que no se iba a rendir—. Conócela. Si no crees que puedas llegar a amarla, entonces buscaré a otro. ¿De acuerdo?

—No hace falta que la conozca, mi Capo. Yo estoy seguro de que mi novia es la mujer indicada para mí.

Pero puedo ser el guardia personal de su hija, cuidarla la vida entera.

No quiero engañarlo: le digo que no voy a amarla como lo hago con mi novia —me mantuve firme—.

Su hija se merece un hombre que le entregue su corazón y la ame de verdad.

Le digo que, aunque me case con su hija, ya encontré a la mujer de mi vida y no podré amarla.

Sé que nadie me entiende y que es muy poco el tiempo que estuvimos juntos, también que ahora mismo puedo estar botando mi futuro por la borda.

Pero aunque ese sea el caso, prefiero quedarme con mi novia, mi Capo.

Se hizo un gran silencio entre los dos. Ese día había sido demasiado largo.

Primero mi padre me había mantenido en su despacho un buen tiempo en su intento de que aceptara su arreglo.

Ahora estaba aquí con el Capo Mayor, que era más intimidante que mi padre, negándome a ser su yerno.

Por un momento me pregunté si estaba haciendo bien.

Era mi futuro en la organización y yo quizás lo estaba truncando, todavía sin saber quién era mi novia y si iba a aceptarme cuando supiera que era un mafioso.

—¿Estás seguro, en tan poco tiempo que la conociste, de que quieres arriesgar todo por ese amor que no sabes si va a funcionar? —preguntó Minetti—. ¿Sabes si ella te corresponde de igual manera?

—No lo sé. Como sé que lo estoy arriesgando todo por ella.

Tampoco sé si ella haría lo mismo por mí.

Es poco tiempo, pero yo me enamoré de ella desde el mismo instante que me enfrentó el primer día que la conocí.

¡Confío en usted, mi Capo, lo hago! —Dije con firmeza—.

Le juro que si me lo llega a decir antes de conocer a mi novia, me hubiera sentido el hombre más feliz por el gran honor que me hace.

Pero le prometí a ella que lucharía por nuestro amor delante de todos y lo haré.

Perdón por eso. No puedo aceptar ser el novio de su hija.

—¿Estás seguro de que no te vas a arrepentir de negarte a ser el novio de mi hija? —preguntó, en un tono que me pareció burlón.

—Muy seguro, mi Capo —contesté con vehemencia.

—¿No vas a venir después a rogarme que te deje ser novio de mi hija? —insistió de nuevo.

—¡No, se lo juro! —Aseguré, sin aflojar mi postura—. Cuidaré de ella, pero no me enamoraré de su hija, porque ya lo estoy de mi novia.

Por suerte, en ese momento llegó Humberto, que venía por mí. Minetti me estrechó la mano y me dijo que lo siguiera. Por un momento estuve desconcertado, porque me había negado a ser su yerno. Sin embargo, no estaba molesto. Más bien me pareció satisfecho conmigo. ¿Sería una prueba?

No importaba. Hasta que no encontrara a Alessia y aclarara todo con ella, no decidiría nada.

Porque si ella no me aceptaba por ser un mafioso, tal vez aceptaría su propuesta.

Pero hasta que eso no sucediera, mantendría mi palabra.

Mejor me concentraba en mi misión. El principito ruso era muy conocido por caprichoso e insolente.

Bueno…, no era algo que no pudiera imitar.