¡Ups, me equivoqué papá, me equivoqué! (SERIE ¡UPS! nº 3) 150 . EL SUEGRO
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150 . EL SUEGRO

GIANPIERO:

De pie firme delante del Capo de todos los capos, Alessandro Minetti, respiraba todavía agitado.

Vine solo con la ropa que llevaba puesta, no recogí nada por miedo a que mi papá me impidiera venir.

Aunque me imaginaba que él me daría de todo, como la vez anterior, estaba muy feliz de saber que iba a ver a mi novia Alessia, pues de eso se trataba mi misión.

—¿Cómo fue el viaje, Gian? —preguntó Minetti, indicándome que tomara asiento.

—Bien, ya sabe. No está muy lejos —dije, tomando asiento.

—Gian, estuviste muy bien la vez anterior —me elogió, para mi sorpresa—. Por eso te mandé a buscar para una misión parecida.

—¿No es la misma? —pregunté, desilusionado.

Minetti negó con la cabeza. No era la misma misión, sino parecida. Me haría pasar por el hijo del Lobo, un dragón ruso que debía estar al llegar y que tenía una casa en Novara. Esta vez sería el novio de una chica. Me haría pasar por su hijo Grigory.

—Humberto te llevará a hacerlo. Por ningún concepto ni ante nadie puedes revelar quién eres en realidad, Gian —me advirtió—. De eso depende el éxito de esta misión. ¿Capisci? ¡A nadie!

—Entiendo, mi Capo, no lo haré —aseguré de inmediato—. Confíe en mí. ¿Tengo que ser el novio de una chica?

—Sí, es solo para aparentar que tu padre, el Lobo, te la compró. Deberás andar con ella y comportarte como su dueño, si llega el caso —explicaba muy serio, sin dejar de mirarme fijamente—. Sobre todo, tienes que protegerla mucho y no dejar que se aleje de ti.

—Entiendo, lo haré bien, mi Capo —dije de nuevo. Aunque no iba a ser la misma misión, al menos estaba en Roma. Buscaría la manera de encontrar a mi novia.

—Lo sé. Ya te dije que por eso te mandé a buscar —dijo el capo—. Estoy muy satisfecho con el trabajo anterior que hiciste.

Respiré aliviado de que el Capo de todos los capos confiara de esa manera en mí. Me moría por preguntar por la familia Moret, para saber de Alessia, pero me contuve. Lo importante era que estaba en Roma. La buscaría y, de seguro, la encontraría.

—¿Así que Cian te quiere casar? —cambió el tema de conversación Alessandro, para felicidad mía—. ¿No me dijiste que no tenías novia ni nadie que te atara en Milán? ¿Qué piensas de eso?

—No tengo novia, ni estoy de acuerdo en casarme con la que escogió papá, mi Capo —respondí, sin miedo—. Yo sé que no debería negarme porque papá lo hace por el bien de la organización, pero…

—¿Y si lo sabes, por qué te niegas? —Me interrumpió.

—Porque… porque ¡encontré a mi mujer perfecta! —Lo solté. No quería engañar a nadie—. Es hija de la familia que me mandaron a cuidar. Alexcía, la hija menor del coronel Franco Moret. ¿Puede decirme cómo encontrarla, mi Capo?

Sabía que no era el momento para hablar sobre el tema. Pero no podía desaprovechar esa oportunidad que me había dado el capo mayor. Negó con la cabeza, diciendo que en esos momentos no podía darme esa información porque era confidencial y no sabía si quería hacer eso.

—No hay problema, mi Capo —dije, resignado—. Si no me puede decir, buscaré la forma de encontrarla.

—Gian, no creo que eso sea lo más sabio por el momento —dijo con una seriedad que se me erizó la piel—. Tengo que ser honesto contigo. Aparte de la misión que te acabo de decir, te mandé a buscar para algo más importante, y espero que, como hasta ahora, no me defraudes.

—¡No lo haré, mi Capo! —Afirmé con vehemencia.

No podía defraudar al Capo de todos los capos. Y mucho menos a mi padre. Primero que todo era un mafioso y sabía que esa oportunidad que me estaban dando no la podía desperdiciar por una mujer. Debía concentrarme en la misión y más adelante vería qué hacer con mi novia.

—Bueno, lo hice también desde un inicio porque te he escogido para algo altamente importante —insistió Minetti.

No sé por qué, pero tenía la impresión de que me estaba evaluando de una manera demasiado personal—.

Después de ponerte a prueba, he llegado a la conclusión de que eres el indicado.

A pesar de eso que me acabas de decir, que no esperaba escuchar, espero que no me decepciones. ¿Confías en mí, Gian?

—Sí, mi Capo —dije enseguida.

—¿Estás seguro? —Insistió, sin dejar de mirarme.

—Sí, ¿por qué lo pregunta? —Me atreví a preguntar.

El capo se puso de pie y comenzó a caminar despacio, sin dejar de observarme.

En ese momento no sabía que todo lo que le había dicho le había hecho entender que me había enamorado de su hija.

Sin embargo, quería ver hasta dónde era capaz de defender mi amor.

Volvió a sentarse delante de mí, mientras yo lo miraba ansioso de ver qué era eso que me iba a pedir el Capo di tutti i capi y por lo que me acababa de confesar que me había estado probando. ¿Qué querría de mí?

—Te voy a pedir algo y quiero que me complazcas. Debes saber que nunca haría nada en contra de tus intereses. Necesito que confíes en eso —dijo de nuevo, poniéndome nervioso—. Esto que te voy a pedir solo puedo confiarlo en ti, después de haberte visto cómo trabajas.

—Pida lo que sea, mi Capo, y lo cumpliré —dije, con impaciencia, porque daba tantas vueltas.

—Pues bien, Gian —dijo, mirándome fijamente—. Te escogí para que seas el novio y futuro esposo de mi hija.

—¿Eh? —Me sorprendí, realmente lo hice.

Minetti siguió hablando mientras yo lo miraba sin poder creer que me estuviera pidiendo eso.

Acababa de decirle que estaba enamorado.

Pero él siguió diciendo que en verdad necesitaba un joven como yo que cuidara de su hija.

Le daba mucha pena pedirme eso y sentía más que estuviera enamorado.

En verdad no esperó que lo hiciera cuando me puso a cuidar de esa familia Moret en tan poco tiempo. Si no, no me hubiera puesto.

—Pero, Gian, te quiero para que te cases con mi hija —dijo con seriedad—. ¿Serías capaz de renunciar a esa mujer que dices por ella?

Me quedé helado sin saber qué decir. Ahora no solo tenía que luchar contra mi padre, sino que el Capo di tutti i capi también me estaba pidiendo que fuera el novio y futuro esposo de su hija.

¿Cómo podía negarme a eso? Porque él había dicho que solo confiaba en mí para tal papel.

Cualquier otro mafioso estaría dando saltos de felicidad, y hasta yo mismo lo estaría haciendo si no hubiese conocido a Alessia.

¿Qué estaba pasando con todos? Era como si se hubiesen puesto de acuerdo para separarme de mi mujer perfecta. ¿Sería obra de mi padre?

—Gian, ¿serías capaz de sacrificarte por mí? —insistió Alessandro, al verme dudar—. Y recibir una de las cosas más preciadas que tengo en mi vida, cuidarla, amarla y hacerla feliz el resto de tu vida. ¿Harías eso por mí, Gian?