¡Ups, me equivoqué papá, me equivoqué! (SERIE ¡UPS! nº 3) 143 . BUSCANDO A GIAN
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143 . BUSCANDO A GIAN

ALESSIA:

Le arrebaté el teléfono de las manos a Ray y enseguida copié el número de Gian y lo llamé. Pero, por mucho que lo hice, no me conectaba. Ellos me observaban en silencio mientras lo intentaba una y otra vez. Todo el tiempo, una voz mecánica repetía que estaba fuera del área.

—¿Estás segura de que este es el número? —pregunté mientras seguía intentando llamarlo.

—Alessia, recuerda que compramos líneas locales para utilizar aquí en Roma. Si salió de la ciudad, no iba a funcionar —me recordó Filo, viendo cómo me quedaba mirando el teléfono en su mano.

Ahora no teníamos modo de localizar a Gianpiero.

Con un suspiro, les conté que mi tío Humberto, el jefe de la seguridad de mi papá, dijo que después de que nos fuimos, aparecieron cuatro autos muy custodiados en busca de Gian.

Salió vestido muy elegante y se fue. Nadie sabía a dónde.

Tenía la esperanza de que mantuviera su teléfono activo, pero parecía que no.

Estaba descorazonada. Aunque podía ser un enemigo, también podía que no lo fuera. Necesitaba saber. Quería esperar a que él me explicara antes de sacar conclusiones. Me dio tanta alegría saber que Ray tenía su número, y ahora lo había perdido.

—¿Qué significa eso? ¿Gian no era quien nos dijo? —preguntó Bosco al escuchar lo que conté—. ¿Sería un espía de los enemigos de Franco?

—¡No, qué va, Bosco! —exclamó de inmediato Filomena—. Gian se veía que era muy buena persona. A lo mejor su papá lo mandó a buscar.

—Filo, ¿has escuchado que a un ser normal lo manden a buscar con cuatro autos custodiados? ¡Gian debe ser hijo de alguien importante! —dijo Ray—. Lo que no sé es qué hacía con nosotros, porque es evidente que nos estaba vigilando.

No quería pensar mal de mi novio. Pero tenía un gran miedo de que fuera enemigo y que, en verdad, me estuviera enamorando para engañar a mi papá.

No dije nada. Esperaría a averiguar quién en verdad era.

Luego decidiría. Menos mal que no le dije nada que lo comprometiera y, ahora que lo pensaba, él tampoco me preguntó nada sobre mi familia.

Todo era realmente extraño. Podía ser que solo me estuviera escondiendo el hecho de que era millonario. Definitivamente, hasta que no hablara con Gian, no decidiría nada. Por lo pronto, me concentraría en hacer todo lo que dijera papá, que, al parecer, de verdad me iba a enseñar lo que era la vida.

—Chicos, vine también a decirles que papá va a ver lo de la escuela —recordé lo que había hablado con él—. No sabía que tenían dinero y le había pedido que pagara sus estudios. Me gustaría estudiar juntos. ¿Qué dices, Filo?

—No lo sé, Alessia. Tengo que esperar por papá.

Aunque también me gustaría que lo hiciéramos.

Todo depende de lo que decida hacer con Bosco —contestó, mirando a su novio—.

Además, no olvides que ahora está Alexcía también, aunque ella es menor que nosotros.

Oye, Alessia, ¿es verdad que tu hermano es novio de ella?

—Sí, lo es, y está realmente interesado en ella —dije con firmeza—. Aunque vamos a ver cómo sigue todo. Oh, miren, aquel es mi bisabuelo con mi abuela Libia. ¡Ja, ja, ja…! De seguro se enteró de que estaba aquí y vino por mí en su carrito de golf.

Señalé hacia el campo de golf. Se desplazaban muy despacio, conversando alegremente entre ellos. Estaba muy feliz de haber regresado y encontrado saludable a mi bisabuelo.

—¿Qué quieres decir? ¿Vives cerca de nosotros? —preguntó Filomena, llena de curiosidad.

—Sí. Mi casa está después de ese bosque y el lago. Luego están los campos de golf. Si los atraviesas, la enorme casa al final es la mía —les indiqué, con la intención de que me visitaran—. Cuando quieran, vayan. Espero que, aunque sepan ya quién soy, sigamos siendo como hasta ahora: familia.

—¡Por supuesto! —Dijeron todos al mismo tiempo—. Eres nuestra prima.

Sonreí, abrazando a Filomena, mientras mi mente no dejaba de pensar.

Desde que supe que Gian se había ido de esa manera, una pequeña voz, apenas audible, me gritaba que estaba a punto de perderlo para siempre.

¿Era miedo o intuición? ¿Era amor o la simple necesidad de entender lo que había ocurrido?

Me odiaba a mí misma por sentir esa duda sobre él y, al mismo tiempo, me sentía débil por necesitarlo tanto.

Filomena parecía leerme los pensamientos, porque no dejó pasar la oportunidad de hablarme más tarde, ya a solas.

—Alessia, ¿estás bien? —preguntó, tomando mi mano—. Desde que hablamos de Gian pareces ida.

—No sé qué pensar, Filo —admití por fin, soltando el aire que parecía quedarme atrapado en el pecho—. Todo en él parece un misterio. Yo solo…, solo quiero que me diga la verdad. Pero ahora mismo no sé cómo encontrarlo.

—Si de verdad te quiere, vendrá por ti. No creo que sea un enemigo, pero entiendo que necesitas respuestas —Filo me dedicó una mirada seria, como pocas veces lo hacía—. Esto no solo es sobre ti, Alessia. Si Gian tiene otra motivación que no sea el amor, eso no va a quedarse oculto por mucho tiempo.

¿Qué podría saber ella? Si supiera cuántas veces me había pasado eso.

Casi todos los hombres que se me acercaron lo hacían por interés.

Solo Gianpiero creía que se había acercado sin saber quién era yo.

Traté de sonreír ante sus palabras, pero el nudo en mi pecho seguía ahí, apretándome.

Puede que tuviera razón. Tarde o temprano, la verdad saldría, pero la sola idea de que no apareciera me aterraba.

—Bueno, Alessia, no te queda de otra que esperar a que sea él quien te encuentre. Estoy segura de que no es lo que crees —dijo Filo, como siempre, defendiendo a Gianpiero—. Ten paciencia, mi amiga.

Paciencia. Suspiré y no dije nada. Pero esa noche, mientras todos se retiraban, salí al balcón de mi habitación.

La brisa nocturna traía un tenue aroma a olivo mezclado con tierra húmeda.

Miré el vasto cielo estrellado, buscando respuestas silenciosas entre sus constelaciones.

*Gian, ¿dónde estás? ¿En qué piensas? ¿Eres lo que creí o algo aún peor? *

De pronto, el chillido tenue de un motor llamó mi atención. Una luz se asomó entre la arboleda que rodeaba la casa. Me sorprendió el latido desbocado de mi corazón mientras intentaba distinguir algún detalle. Una figura descendió en las sombras y…

—¿Gianpiero? —susurré al vacío.

Pero la noche guardó su respuesta solo para ella, mientras los guardias corrían de un lado a otro ante el intruso. Un gran ruido se escuchó en la distancia, y sabía que a quien quiera que fuera lo habían atrapado. ¿Sería Gian?