¡Ups, me equivoqué papá, me equivoqué! (SERIE ¡UPS! nº 3) 141 . REENCUENTRO DE LOS NOVIOS
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141 . REENCUENTRO DE LOS NOVIOS

ALESSIA:

Observaba a mi hermano, que nunca había sido tímido ni mostrado sus emociones.

Era el heredero a ser el Capo de todos los capos y el dragón negro número uno.

Frío como un témpano de hielo. Ni siquiera conmigo se expresaba de esa manera.

Ahora lo veía tan enamorado y sin esconder que lo estaba.

Era realmente algo nuevo para mí. Kenet miraba a Alexcía con verdadero amor.

—Es hermoso. Me gusta mucho —al fin dijo ella, medio convencida de que era cierto que eran novios—. Gracias, aunque ahora no me acuerdo de nada, por eso tienes que perdonarme. ¿Conocías a mi familia?

—No, nunca me la presentaste —contestó Kenet, más relajado—. Cuando desapareciste, pensé que te habías ido de viaje como me dijiste.

—¿Te dijo que se iba de viaje? —intervino padre Franco, que me parecía que no le gustaba mucho la idea de que eran novios.

Kenet miró a padre Franco sin saludarlo, volviendo a poner su expresión fría de todos los días. Casi me reí al ver cómo lo miraba. Le gustara o no, era su suegro. En verdad estaba disfrutando.

—Él es mi papá, Francesco Rinaldi, pero le dicen Franco —lo presentó Alexcía—. Y ella es mi mamá Annette, y esta es mi hermana mayor Filomena. ¿Cómo dijiste que te llamas?

—Mi nombre es Kenet Alessandro Minetti —se presentó mi hermano con firmeza. Luego se giró hacia mí—. Ella es mi hermana Alessia, y tu doctora es mi mamá, Lilian Minetti.

—Mucho gusto, Kenet —dijo padre Franco, extendiendo su mano para estrechar la de Kenet, que la tomó mirándolo de frente.

Mi hermano ya había vuelto a ocultar todas sus emociones y volvió a ser el frío heredero del Capo Mayor. Padre Franco se quedó apretando la mano de mi hermano, que le sostuvo la mirada sin ceder un ápice.

Casi podía leer lo que pensaba. No se podía negar que mi hermano era hijo de su padre. A pesar de sus ojos verdes y pelo rojo, Kenet se parecía mucho a papá, sobre todo en su actitud. ¡Era un verdadero Minetti!

—¡Vaya, no se puede negar que eres hijo de tu padre! —exclamó sonriendo—. Te pareces mucho a tu hermana Alessia. ¿Son gemelos?

—No, no lo son —contestó mamá, sonriente—. Pero es como si lo fueran. Se llevan muy poco tiempo y han crecido juntos.

—Ya veo por qué te extrañaba tanto, Alessia —siguió diciendo padre Franco mientras volvía a acariciarme la cabeza—. ¿Qué fue eso que dijiste de un viaje de Alexcía?

—¿Alexcía? —preguntó Kenet.

Padre Franco lo miró sin contestar. Ya me había acostumbrado a ese modo de ser suyo. Asintió con vehemencia, afirmando que la novia de mi hermano se llamaba igual que su abuela: Alexcía. Le abrí los ojos a mi hermano desde un lugar donde ella no me veía, diciéndole que después le explicaba.

—Aunque algunos le decían Alessia, como a tu hermana —siguió diciendo padre Franco—. Su verdadero nombre es Alexcía Rinaldi.

—Entiendo, señor. Pues Alexcía me dijo que se irían de viaje y que se demoraría unos meses, por eso no me preocupó cuando faltó tanto.

Y mira dónde estaba —contestó Kenet, tomando de nuevo la mano de ella, que se dejó sin dejar de observarlo curiosa—.

¡Yo vengo casi todos los días aquí! No solo eso, mi mamá y mi tío el doctor Rufino son los que te atienden.

Nunca me di cuenta de nada. Perdóname, amor, perdóname por no saber esto.

Kenet estaba verdaderamente afectado, dejando ver de nuevo sus emociones.

Pude darme cuenta de que Alexcía no le había soltado la mano, y eso hizo que ya me cayera bien.

Aunque no olvidé lo que dijo Olenska, que a ella la habían mandado a hacer algo con mi hermano, pero que se había enamorado.

Miré a padre Franco y le hice una seña de que saliera conmigo. Todos lo hicieron, dejándolos solos.

—¿Qué es? —preguntó padre Franco en cuanto nos alejamos.

—Padre, no sé si esto que le voy a decir es algo de qué preocuparse —comencé a hablar, mirándolo fijamente—. Pero como mismo prometí a mi papá que nunca más escondería nada ni le mentiría, quiero hacer esa misma promesa con usted.

Franco se quedó mirándome fijamente. Luego, sin más, me abrazó. Estaba realmente feliz de que lo siguiera tratando como siempre desde que vivía en su casa en Sutera. Le agradaba que le dijera eso. Ya me había dicho que consideraba que papá fue un exagerado con el castigo que me dio.

—Gracias, hija, me hace feliz que me sigas tratando y diciendo así —me miró con cariño—. Alessia, ¿qué es lo que me tienes que decir?

—Me imagino que todos ya saben toda la historia de por qué papá me castigó y me mandó a su lado —dije, mirando a los demás que se habían acercado.

—Sí —dijo la tía Annette—. Espero que hayas aprendido la lección.

—Sí, la aprendí muy bien, tía —contesté, bajando la mirada—. También le estoy agradecida a papá porque de esa manera los pude conocer a ustedes. Pero a lo que iba, padre. El chico que me perseguía era Alexander Dimitrov Conti.

—¿Conti? —preguntó padre Franco, e intercambió una mirada con la tía Annette.

Asentí y pasé a contarle que él me había seguido a todas partes que iba como una sombra por más de cinco años. Pero no era de él de quien quería hablar, sino de su hermana Olenska. Hacía un rato me la había encontrado. Me confundió con Alexcía y yo le había seguido la corriente.

—El caso es que me contó que fueron ellos los que la llevaron a una subasta humana, que dicen no sabían que era de mujeres —vi cómo abrieron los ojos y apretaron los puños—. Allí, al parecer, compraron a Alexcía.

—¿Qué? ¿Dónde está? —preguntó padre Franco, mirando alrededor.

Me apresuré a decirle que ya se había marchado y que mi papá tenía un plan para averiguar todo. El caso era que ella también había dicho que la habían puesto al lado de mi hermano para que hiciera algo, pero que se había enamorado de él.

—De seguro la pusieron a saber todo de ti a través de tu hermano —dijo padre Franco, y agregó—: A ella la iban a cambiar por ti, Alessia. No me cabe duda de eso.

—También creemos lo mismo —dijo papá, que alcanzó a escuchar junto a Rufo eso último—. Por eso debemos crear un plan. Franco, creo que tienes que irte ahora con nosotros.

—Espera, Ale —intervino mamá, que había estado escuchando todo en silencio—. Alexcía quiere que le devuelva su verdadero rostro.

—Muy bien, ¿entonces no se la llevan hoy? —preguntó el tío Rufo.

—Creo que mejor se queda —dijo mamá.

Todos se pusieron de acuerdo en que se quedara en el hospital.

Kenet se quedó también junto a Annette, porque Filomena quería regresar a la casa en que se estaban quedando para saber de Bosco.

Yo le pedí permiso a papá para ir con ella.

Me puse feliz cuando me dijo que sí, debido a que donde se quedaban era dentro de sus propiedades.

—Pero nada de moverte de ahí, Alessia —me advirtió papá—. Y lleva a tu cuerpo élite completo. Recuerda que mis enemigos están por todas partes. Y no hables con nadie.

—¡Papá! Voy a hacer todo —dije, dándole un abrazo y dos besos en sus mejillas para tranquilizarlo—. Me portaré bien, mi Capo. Solo estaré con mi amiga, me necesita.