¡Ups, me equivoqué papá, me equivoqué! (SERIE ¡UPS! nº 3) 140 . LA SITUACIÓN DE ALEXCÍA
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140 . LA SITUACIÓN DE ALEXCÍA

ALESSIA:

No se me escapó la alegría en los ojos de mi hermano ante la posibilidad de que su novia regresara a su forma original.

Mamá seguía observando la foto de Alexcía, mientras decía que al parecer no le habían hecho mucho y que era muy sencillo lo que había que hacerle.

Si quería, se lo podía hacer mañana mismo.

De seguro que le gustaría parecerse a su familia.

—¿No está muy mal? —preguntó Kenet, preocupado.

—No. Ella se ha recuperado muy bien. Lleva mucho tiempo aquí —dijo mamá enseguida, y siguió explicando—. Todas las heridas de la cabeza le sanaron bien. Lo que más se le ha demorado son los huesos de las piernas, pero ya casi le quitamos todo. Voy a hablar con ella mañana.

—¿Mañana? ¿Por qué no ahora, mamá? —preguntó con impaciencia Kenet—. No me importa que tenga que enamorarla de nuevo si regresa a ser quien era.

—Oye, mi hermano, ¿soy muy fea? —Traté de bromear con él para que se relajara.

—¿Por qué preguntas eso? —protestó enseguida—. ¡Eres linda! Pero, mi hermana, no quiero besar a mi novia y estarte viendo a ti.

Me reí a todo dar mientras lo abracé y le dije que bromeaba con él.

Por eso tomé a mamá por un brazo, queriendo complacerlo, e ir a preguntar a Alexcía y su familia si querían hacer la cirugía.

Según ella, todas las pruebas habían dado bien.

No se negó, y nos dirigimos hacia la habitación de la enferma.

Al llegar, vimos que estaba de lo más animada al saber que se iría con su familia para su casa. Al vernos, nos miró con curiosidad.

—Hola, todas las pruebas salieron bien. Pero hay algo que quiero mostrarles —saludó mamá y les enseñó la foto de Alexcía en el pasado a todos—.

Esa eres tú antes de que te raptaran y te cambiaran a la imagen de mi hija.

Como ves, te pareces a tu familia. No es mucho lo que debo hacerte para que recuperes tu rostro.

Si lo deseas, puedo hacerlo mañana mismo.

Todos guardamos silencio, mirando asombrados la foto que les mostró mamá en su teléfono. Era verdad que, a pesar de su cabello rojo, se parecía mucho a su hermana.

—¡Vaya, papá, mi hermana era igualita a nuestra abuela! —exclamó Filomena.

—Es verdad, hija, es su misma imagen —dijo padre Franco con una gran sonrisa.

—¿En serio, papá? —preguntó Alexcía, volviendo a mirar la foto—. ¿Y dice, doctora, que me puede volver a poner mi rostro?

—Sí, no te hicieron mucho —contestó mamá—. Si lo deseas, te puedo realizar la cirugía mañana. Solo que tendrías que quedarte unos pocos días más y tal vez irte para tu casa vendada. Incluso, puedes irte hoy y venir mañana a las diez.

—¿No es eso peligroso, doctora? Está convaleciente todavía —opinó padre Franco, preocupado.

Mamá lo miró y comenzó a explicar que, si se fijaba bien, Alexcía tenía el rostro ovalado como yo y la nariz solo se la retocaron un poco. Aseguró que era una cosa simple lo que debía hacerle para regresarla a su estado original y que no corría peligro.

—Papá, deja que me lo haga —le pidió Alexcía, tirando de padre Franco—. ¿Y qué cosa es eso de que me raptaron? ¿Por qué no me han dicho nada?

Mamá se lo dijo sin pensar, por lo que le había contado papá, que no quiso decirle la verdad e inventó esa historia, la cual parecía convenirle a padre Franco y por eso la continuó.

—Sí, hija, te raptaron de nosotros. Ibas escapando con tus tíos y tuvieron un accidente.

Ellos fallecieron por desgracia —contó muy serio, mezclando la verdad con lo inventado—.

Los que te cogieron fueron los que te cambiaron el rostro.

Al parecer querían hacerle algo a Alessia, que también la habían raptado.

—¿En serio? —Alexcía me miró con el ceño fruncido—. ¿No le pasó nada?

—A ella la encontró su papá antes de que le hicieran lo mismo —contestó Franco con tristeza.

Sabía que se sentía culpable por no haber estado para su hija a tiempo—.

Yo, por desgracia, estaba en Sutera y cuando te encontré, ya te habían hecho eso.

Si quieres volver a ser tú, yo te doy permiso. Pero puedes esperar.

—Sí, sí, claro que quiero. ¿Mamá, crees que debo hacerlo? —preguntó a Annette, que estaba algo asustada.

Todos giramos la cabeza hacia la tía Annette, que se ruborizó un poco al escuchar cómo Alexcía la llamaba mamá con naturalidad. Asintió con una gran sonrisa. Estuvo de acuerdo al escuchar decir a mi mamá que no corría peligro. Pero no era urgente, podían esperar a que Alexcía estuviera muy bien.

—¡No, mamá! —exclamó Alexcía—. Quiero parecerme a ustedes. No sé cómo explicarlo, cada vez que me miro en el espejo siento que no soy yo, y ahora cobra sentido al verlos. Por favor, di que sí, mamá. Deja que me operen mañana mismo. ¿Papá…? ¿Filo…?

Todos guardamos silencio en espera de la respuesta. Franco miró a su esposa, que asintió con una sonrisa nerviosa. Alexcía se puso feliz al escucharlo, hasta que su mirada se detuvo en mi hermano Kenet, que la observaba desde la puerta.

—¿Quién es él? —preguntó, señalándolo.

—Es mi hermano Kenet —contesté, tomando a mi hermano por su mano y empujándolo hacia la cama—. ¡Y tu novio!

—¡¿Qué?! —se asombraron todos.

Me miraron interrogantes ante lo que acababa de decir, sin poder creerlo. Kenet, al escucharme, se adelantó tímidamente. Fue al lado de Alexcía, que lo miraba sin conocerlo, y le tomó la mano.

—¿Ves este anillo? —le mostró el que tenía en la mano y de a poco se lo quitó ante la mirada sorprendida de todos—.

Te lo mandé a hacer cuando cumplimos un mes de ser novios.

Mi hermana me ayudó. Mira qué dice aquí adentro.

¿Ves? Son las iniciales tuyas y mías, más la fecha en que nos hicimos novios.

Perdóname por no saber que estabas ingresada aquí, ni que habías pasado por todo esto.

—Perdóname tú a mí por no recordarte —contestó Alexcía, que observaba unas veces a mi hermano y otras a su anillo en la mano.

Volvió a colocarle el anillo en la mano. Ella lo miró por unos minutos, luego dirigió la mirada a mi mano, que también tenía uno igual al de ella. Al darse cuenta de ello, lo notó Kenet.

—Te gustaba mucho su anillo y me pediste que te regalara uno igual. Pero como ese se lo mandó a hacer el bisabuelo a nuestra bisabuela, tuve que mandarlo a hacer —explicó mi hermano, un poco avergonzado—. Pero son iguales. La única diferencia son las iniciales interiores y las fechas.

Era la primera vez que mi hermano se enamoraba de una joven.

La vida en verdad era todo un misterio. Se habían conocido en la ciudad, a ella la habían mandado a hacer algo con él, pero se enamoró, y ahora había perdido la memoria.

Pero encontró a su verdadera familia, que resultó ser amiga de la nuestra.

¿Tendré esa misma suerte yo? ¿Quién será Gianpiero?