¡Ups, me equivoqué papá, me equivoqué! (SERIE ¡UPS! nº 3) 133 . LA CONSULTA
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133 . LA CONSULTA

ALESSIA:

Tanto el tío Rufo como yo nos percatamos de que Olenska estaba disminuyendo la belleza de Alexcía.

Era evidente que la despreciaba. Pero teníamos que seguir averiguando cosas que ella conocía y que nosotros no.

Siguió contando que esa noche las cosas se habían puesto muy feas.

Alexander solo pudo sacarla a ella, su hermana.

Tuvo que dejar a su prima con la intención de buscar ayuda para rescatarla.

—¿De veras? —preguntó Rufo.

—¡Se los juro! Mi hermano y yo en ningún momento queríamos hacerte eso, Alessia. Él te adora desde siempre —aseguró, girando hacia mí, que estaba sentada a su lado—. Si hasta creo que, si no fueras nuestra prima, se hubiese hecho tu novio. ¡Tiene una maldita obsesión con las mujeres de pelo rojo!

—Bueno, no nos desviemos del tema —la interrumpió Rufo, queriendo sacar toda la información posible de ella—. ¿Qué pasó con Alessia esa noche en que la dejaron en la subasta?

—No sabemos qué pasó con ella. Cuando mi hermano regresó, ya se la habían llevado y nadie supo decirle a dónde —aseguró, volviendo a mirarme—.

Ahora la encontré aquí, la veo muy bien y me enteré de que la compró un hombre para su hijo.

De veras, mi prima, jamás pensamos venderte.

No sabes lo asustados que hemos estado todos estos meses que no sabíamos nada de ti.

—Bueno, eso es un buen inicio —intervino Rufo y, siguiendo en su papel, giró a mirarme—. ¿No te dice nada eso, Alessia?

Guardé silencio unos minutos. Luego negué afligida con la cabeza, diciendo que no me acordaba de nada de lo que ella contaba.

—Lo que no entiendo, mi prima —le tomé una mano—. ¿Qué es eso que dices que me hicieron? ¿Por qué dices que era más hermosa antes?

—Ah, tú no eras así, te hicieron cirugía plástica —dijo mientras buscó en su bolso, mientras yo intercambiaba una mirada con Rufo—. Espera, mira tu foto antes de que te hicieran la cirugía plástica.

Y enseñó en su teléfono la misma. Tomé el teléfono y me puse a mirar las fotografías.

Me percaté de que mi hermano tenía razón.

Alexcía se parecía muchísimo a su hermana mayor Filomena.

Ahora lo entendía. Era terrible. Era una bella chica.

Le entregué el aparato a Rufo, que las miró detenidamente y las envió a su teléfono con la excusa de la terapia.

—¿Cómo entonces la reconociste? —preguntó Rufo—. Está muy cambiada, no se parece en nada.

—Porque vi una foto de cómo sería. También a Alessia nunca le gustó su pelo rojo y se lo pintaba de negro —señaló ella—. Además, por ese anillo en su mano, se lo regaló su novio.

—¿Yo tengo novio? —pregunté, siguiendo mi papel de falta de memoria—. ¿Quién es?

—¿Para qué quieres saber? Además, a ti te mandaron a hacer una cosa con él y te enamoraste —dijo para mi sorpresa.

¿Es decir que Alexcía no se enamoró sinceramente de mi hermano Kenet?

—. Mejor si no lo sabes ya que lo olvidaste.

Concéntrate en tu nueva vida, mi prima. Después de todo, ya tienes dueño.

—Está bien —no insistí—. Entonces, mi prima, ¿por qué nadie de ustedes me buscó cuando murieron mis padres?

Olenska era una chica poco inteligente. Contestaba a todo lo que le preguntábamos sin recelo. Contó que los padres de Alexcía iban huyendo. Sus padres estaban metidos con gente muy mala, y ellos fueron los que los mataron.

—No me preguntes quiénes son, porque no lo sé —afirmó, bajando la mirada ante Rufo, que me hizo seña de que lo dejara a él.

El tío se puso de pie y salió de detrás de su buró, mostrando lo guapo que era.

Su bata blanca de doctor estaba abierta y mostraba su bien formado cuerpo.

Olenska al verlo se enderezó en la silla, acomodando su cabello.

Rufo se sentó justo en la silla frente a ella.

Se inclinó un poco con los codos apoyados en sus rodillas, sin dejar de mirarla fijamente.

—¿Y cuánta familia tiene Alessia? —preguntó muy serio.

—Bueno…, no somos mucho —dijo ella con una gran sonrisa—. Mi mamá Adelina, mi abuelo Alfonso, mi papá, mi hermano y yo. Nadie más. Bueno, y ahora su dueño. ¿Gianpiero me dijiste que se llamaba?

—Sí, Gianpiero di Novara —contesté, y vi cómo el tío Rufo me miró con los ojos muy abiertos. Pero ya no podía retractarme y seguí hilvanando la historia—. Allá es donde vivo, aunque ahora estamos aquí en Roma para mi tratamiento y estudiar. ¿Puedo ir a visitar a la familia?

—No creo que eso sea conveniente por ahora, señorita Alessia —dijo el tío Rufo enseguida—. Por el momento debemos avanzar solo con tu prima. Estoy seguro de que ella no se opondrá a venir a todas las consultas con usted.

—¡Claro que no, mi prima! —exclamó enseguida Olenska—. Creo que el doctor tiene razón. Mejor avanzamos conmigo y luego le aviso a todos que apareciste.

Olenska no podía perder esa oportunidad de utilizarme para penetrar en todos los lugares a los que de seguro mi novio me llevaría.

Porque si era como dijo su hermano, era hijo de alguien muy poderoso.

También ella había escuchado a su padre hablar del tal Lobo, lo cual yo no sabía en ese momento.

Era un fuerte contrincante y pertenecía a mi papá.

Ella se quedó pensativa. Por un momento dejó de sonreír.

Sin saber que se estaba acordando de que, según su abuelo Conti, todos los que estaban esa noche en la subasta eran partidarios de los dragones de fuego.

¿Cómo era que ese Lobo estaba entre ellos?

¿Sería un espía o se habría pasado de su lado?

Tenía que ser muy cuidadosa con ese asunto.

Su teléfono sonó en ese momento. Vio que era su hermano preguntando en qué parte del hospital estaba. No podía dejar que me viera ahora. Se puso de pie enseguida ante nuestras miradas curiosas.

—Lo siento, mi prima, toma mi número de teléfono. Es que me tengo que ir, estaba en otra cosa —se disculpó nerviosamente—. Mucho gusto en conocerlo, doctor. Estaré encantada de ayudar a mi prima. Puede llamarme también si necesita que le explique algo más.

Y sin darnos tiempo a más, se marchó presurosa al encuentro de su hermano, con el cual se fue, siendo seguidos por su escolta y alguien más entre ellos.

—¡¿Te volviste loca, sobrina?! —Me gritó el tío Rufo en cuanto se aseguró de que se había alejado—. ¿Cómo te vas a exponer a ese peligro?

—No lo pensé, tío —dije al ver que tenía razón. Él había perdido la paciencia, algo muy raro en él.

Se había puesto de pie y caminaba de un lado a otro, visiblemente tratando de controlar su temperamento. Se detenía delante de mí, abría la boca y no decía nada. En verdad no entendía por qué estaba tan molesto, pero no dije nada, porque mis instintos me decían que había cometido un gran error.

—¿No lo pensaste? ¿No lo pensaste? ¡Alessandro te acaba de aceptar para atrás, no hagas nada!

¡Absolutamente nada! —Me regañó furioso—.

Vete ahora mismo a decirle todo lo que pasó.

De seguro metiste la pata en algo. Esa chica no es tan tonta como parece, es todo lo contrario.

¡Demonios, Alessia! —Gritó, asustándome, al darme cuenta de lo que acababa de hacer, aunque creía que mi tío exageraba—.

¿Es que no vas a aprender que cada cosa que haces tiene una consecuencia?

¿Qué nombre le diste del dragón que te compró?

—No te preocupes, tío —traté de hablar normal—. Inventé un nombre: el Lobo. Dije que me había comprado para su hijo Gianpiero di Novara, ja, ja, ja... Nadie va a tener ese nombre, ja, ja, ja...

—¡¿El Lobo?! ¡¿Dijiste el Lobo y Gianpiero di Novara?! —preguntó, levantando la voz mientras me miraba con incredulidad—. ¡¿Qué rayos pasa contigo?!