¡Ups, me equivoqué papá, me equivoqué! (SERIE ¡UPS! nº 3) 127 . UNA SITUACIÓN DIFÍCIL
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127 . UNA SITUACIÓN DIFÍCIL

LILIAN:

Después de saber que mis hijos vendrían después con Alessandro, salí de la casa para marcharme con Rufo.

Al montar al auto a su lado, vi cómo me miraba de vez en cuando, muy serio.

No le pregunté nada, esperando a que se decidiera a hablar.

Seguimos rumbo al hospital en silencio, sin que él dijera nada.

—¿Qué es, Rufo? —al final me decidí a romper el silencio.

—Nada, Lilian —contestó evasivamente.

—Dímelo, sé que quieres preguntar algo —insistí sin dejar de mirarlo—. ¿Es sobre lo que te habló Ale?

—Sí —dijo escuetamente, sin mirarme.

—Entonces pregúntame lo que sea —sugerí muy seria.

No respondió de inmediato. Podía ver cómo apretaba las mandíbulas. Continuamos en silencio un buen trayecto. Justo antes de llegar, se giró un momento antes de bajar del auto.

—¿Puedo besarte? —preguntó para mi sorpresa—. No te confundas. Es que necesito comprobar algo antes de hacer cualquier cosa contigo. Ale me dio autorización para aliviarte un día que él no pueda, sin avisarle. ¿Qué opinas de eso?

Me quedé observando a Rufo sin decir nada. ¿En serio Alessandro le daría ese permiso? Porque no me dijo nada a mí, y sabía que Rufo no mentiría en una cosa como esa. Aunque le prometí a Migue decirle todo antes de que algo sucediera.

—Rufo, no sé por qué Ale te dio ese permiso ahora que no hay necesidad porque está aquí —hablé con sinceridad—. Antes de dejarme besar por ti, tengo que hablarlo con Migue. Se lo prometí, que antes de hacer algo contigo lo hablaría con él primero.

—Está bien, lo entiendo —dijo con serenidad—. Se lo diré yo primero. Aunque para tu conocimiento, él me regañó por no haber tenido sexo aquel día.

—¿En serio? Bueno, sé que Migue hace cualquier cosa por mí. Pero se puso muy celoso cuando se enteró de que por poco te salto arriba —le conté recordando la escena—. Aunque luego se le pasó y se ofreció a hacérmelo él. Así que si me das permiso, preferiría que fuera con Migueliño.

—¡No! —Casi me gritó—. Lo siento, Lily, jamás dejaré que él esté contigo. O lo haces conmigo o con los aparatos, pero con mi pareja no lo permitiré nunca.

Me quedé observándolo seriamente. Sabía que mi situación era muy difícil y que los ponía en una situación que no merecían ni él ni mi mejor amigo.

Esperé a descender del auto para luego adentrarnos en el hospital.

Todos nuestros compañeros ya estaban acostumbrados a vernos siempre juntos. Sabían que era mi cuñado.

—¿En serio, Rufo? ¿Por qué reaccionas así? —Quise saber.

—No quiero decirte el por qué. Seguro que Ale te lo dice —dijo, evitando mi mirada, mientras avanzábamos rumbo a su despacho—. Por eso es que te pedí que me dejaras besarte, porque tampoco estoy seguro de entrar en esa situación contigo.

—¿Por qué? —Insistí de nuevo—. Solo sería sexo rudo. Antes de que otro me agarre, prefiero que seas tú, en serio, Rufo.

No dijo nada. Caminábamos uno al lado del otro en silencio. Tomamos el elevador hasta el último piso donde estaba la dirección.

—Lily, ¿sabes que a mí me gustan las mujeres también? —preguntó de pronto.

—Algo me dijo Ale —me giré para mirarlo de frente—. ¿En serio te gustan las mujeres?

Asintió sin mirarme. Pero aseguró que le gustaban mucho y que si se hubiese encontrado a una que lo volviera loco como lo hizo Migue, se hubiese casado con ella y sería igual de feliz. Lo observé con incredulidad. Estaba convencida de que era gay y no me lo imaginaba con una mujer.

—No te creo, tú adoras a Migue —dije, todavía sin creerlo—. ¿Por qué me dices todo esto?

Volvió a quedarse en silencio. Tenía la impresión de que estaba luchando con él mismo, o quizás que no quería ofenderme ni que nuestra amistad sufriera por ese motivo.

—Porque temo que me gustes y me enamore de ti.

Eres hermosa, Lilian, y te he visto cuando lo haces con Ale —Lo miré realmente sorprendida—.

No sé si no me voy a sentir atraído. Por eso quiero besarte, para saber si me estremeces como lo hace Migue.

Si no lo haces, acepto hacer todo contigo cuando Ale no esté o no pueda.

Pero si siento que me puedes volver loco, no lo haré.

Lo miré mientras caminábamos despacio. Nunca lo había visto como hombre hasta ese día en que estaba desesperada. Ahora lo detallaba. Rufo en verdad era un hombre muy apuesto. Todas las mujeres lo hallaban atractivo, incluida yo. Pero era el mejor amigo de mi esposo y un cuñado para mí.

—No sé si yo tampoco podré no sentirme atraída por ti, Rufo.

Eres muy guapo. No quiero que eso suceda porque valoro mucho la amistad con Migue y tampoco quiero sentir esa sensación de que los engaño a él y a Ale —dije la verdad para que no existieran malos entendidos entre nosotros—.

Aunque esa secuela mía es la primera vez que me asusta.

Ese día que te lo pedí no podía aguantar más, Rufo, en serio.

Estoy pensando en solo trabajar cuando tú estés y andar siempre contigo. Estoy aterrada.

Seguíamos conversando mientras nos dirigíamos a la dirección, sin darnos cuenta de que alguien nos seguía, atento a todo lo que decíamos.

Seguimos así hasta que nos introdujimos en la oficina.

Rufo cerró la puerta detrás de nosotros, me atrapó de improviso y me besó.

Al principio no respondí, pero luego lo seguí, apretándome contra él.

La noche anterior, Alessandro no me había hecho nada, así que enseguida me excitó.

—¡Lily! —me detuvo Rufo—. ¿No te hizo nada ayer Ale?

—No, con todo el lío del regreso de Alessia —respondí, un poco apenada con mi reacción—. Aparte de que vino muy tarde, nos dormimos con ella.

Rufo se alejó de mí, arrepentido de haberme alborotado.

Sabía que pensaba que, por ser de mañana, yo venía satisfecha por haberlo hecho con Alessandro en la noche.

Sabía muy bien que me excitó y ahora no sabía qué hacer.

Se alejó, mirándome mientras yo tomaba un vaso de agua fría.

No pudo esperar. Había estado todos esos días ansioso por saber si podía o no.

—¡No tenías que hacerme eso, Rufo! —le reproché, mojándome el rostro.

—Disculpa, Lily, creí que Ale anoche te había satisfecho. Por eso te hice esto tan temprano, para no correr ese riesgo. ¡En serio tenía que saber, Lily! —explicaba, pasando su mano por el cabello—. No podía esperar más. No lo volveré a hacer sin hablar contigo antes.

—Está bien, puedo aguantar hasta que venga Ale —dije, caminando a su encuentro, intrigada—. ¿Y? ¿Qué te pasó cuando me besaste?