114 . EL REGRESO A CASA
ALESSIA:
Voy muy nerviosa dentro del auto. Tengo un enorme miedo de enfrentar a mi padre, pero a la vez estoy feliz.
Rebusco en mi bolsillo tratando de encontrar mi teléfono y me doy cuenta de que lo dejé en la mochila.
¿Cómo voy a contactar ahora con Gian y los demás?
No tengo tiempo de pensar mucho al ver que entramos por la gran puerta de la finca de los Minetti.
Mis ojos se llenan de lágrimas al ver que he regresado.
En la casa, nadie se ha enterado de nada y en ese mismo momento todos se encuentran sentados conversando en el salón, cuando ven a una extraña chica de cabello negro entrar tímidamente.
—Buenas noches —saludo con miedo.
Todos me miran y es el bisabuelo quien se pone primero de pie y se me acerca muy emocionado.
—¡Volviste hija, volviste! Creí que me iba a morir sin volver a verte.
—¡Bisabuelo, perdóname por hacerte esto! —lo abrazo feliz, rompiendo a llorar en sus brazos, haciendo que todos reaccionen y corran a abrazarme.
—¿Ale sabe que estás aquí, hija? —pregunta Lilian—. ¿Con quién viniste? ¿Te dejó volver?
—Me fueron a buscar los chicos, creo que papá los mandó. ¿No está? —contesto buscándolo.
—No, no está. ¿Cómo estás? ¿Dónde estabas? Has bajado mucho de peso —me interroga Lilian emocionada.
—Mamá, deja que respire —dice Kenet, que bajó al escuchar el alboroto—. ¡Alessia, sabía que papá cumpliría lo que me prometió!
—¡Kenet! —corro feliz a abrazar a mi hermano—. No sabes cuánto te he extrañado.
—Sí lo sé, es la misma cantidad que te he extrañado yo —responde mientras me estrecha y me llena de besos—.
A ver si te portas bien y no molestas de nuevo a papá.
Estoy muy furioso contigo todavía. ¡Fuiste muy mala con él, que no se lo merecía!
No sabes lo que me ha costado contentarlo, así que piensa bien y acepta cualquier castigo que te imponga. ¿Eh? Nada de revelarte y escapar sola.
—Descuida, aprendí muy bien la lección, hermano, y perdóname por ponerte en esa posición. ¡Te prometo que nunca más te ocultaré nada!
—¡Bravo, así me gusta! Tienes que confiar en mí como yo lo hago en ti, mi hermana, aunque a veces no me gusta. Siempre te digo la verdad.
—Lo sé, lo sé, no lo volveré a hacer. Mucho menos ofender a papá como lo hice.
Me di cuenta de que tenemos el mejor padre del mundo y que me enseñó para que pudiera sobrevivir allá afuera.
Todo lo que me hizo aprender durante todos mis años, en los que protestaba y me enfurecía porque creía que eran estupideces que no debía de aprender, me sirvieron ahora.
Papá me preparó para la vida, aunque yo no lo sabía; ahora lo sé.
—Alessia, yo… —comienza a hablar Lilian apenada.
—Está bien, mamá —la abrazo y beso, luego le digo—. Fui yo quien se olvidó de cómo eres y me dejé llevar por tu mundo de fantasía. Creo que no quería crecer, quería seguir siendo la niña de papá y mamá.
—Perdón, hija, no quise hacerte daño. ¿Fue muy difícil? ¿A dónde te metió, Ale?
—No te preocupes, mamá, fue bueno que papá me castigara para que pusiera los pies en la tierra y supiera valorar a mi familia —me suelto de ella para volver a abrazar a mi bisabuelo—.
Quiero pedirte perdón, mi abuelito querido, no sabes cómo te extrañé y me dolió no verte. Nunca más te haré una cosa como esa.
—Me alegra escuchar eso, hija, me debes muchas lecturas y paseos.
—Bueno, quiero disculparme con todos. Lo que dije fue mentira; estoy muy orgullosa de pertenecer a la familia Minetti y los amo con todo mi corazón. Jamás volveré a faltarles el respeto.
—¿Alessia? —me miran todos asombrados.
—¿Qué hizo papá con mi hermana? Creo que se confundió y nos mandó a otra, ja, ja, ja…
—¡Kenet, deja de burlarte, estoy hablando muy serio! Por cierto, felicidades atrasadas por tu cumpleaños.
—Gracias. Ojalá te portes bien para nunca más pasarlo sin ti. Fue muy difícil, ¡el peor cumpleaños de mi vida!
—Me portaré bien, haré que papá me perdone y se sienta orgulloso de mí. Nunca más lo desobedeceré porque, gracias a las grandes enseñanzas que me dio, estoy aquí hoy, sana y salva.
—¡Bravo, hija, bravo! —dicen mis abuelos y me abrazan.
—No se los dije —se adelanta la abuela Camil sonriendo—. Alessia aprendió muy bien la lección que le dio Ale, cualquiera que fuera. ¿Dónde te tenía, hija?
—Abuela Camil, me da gusto verte, también me ayudó lo que me enseñaste —la abrazo feliz de verla—.
En cuanto a dónde estaba, pues papá me mandó justo al lugar que necesitaba, que me enseñó a ver cómo es realmente la vida y me hizo comprender muchas cosas.
Ahora estoy muy cansada, voy a subir a mi cuarto.
Necesito darme un gran baño y dormir en mi cama; cuando llegue papá, avísenme, por favor.
—Sí, sí, hija, ve a descansar; al fin regresaste. No sabes el peso que me quitas de encima. He estado muy asustada —dice Lilian volviendo a abrazarme—. Pero ya estás con nosotros. ¿Quieres que te ayude?
—No, mamá, no lo necesito. También estoy feliz de haber regresado a donde pertenezco. Buenas noches.
Todos me ven como subo las escaleras despacio, observando con añoranza todo a mi alrededor.
Les parece que soy otra completamente diferente a la que se fue: una mujer más madura, responsable y consciente de quién soy en realidad.
Alessia Minetti, el dragón dorado, primogénita y la heredera del dragón negro número uno. El Capo di tutti i capi de la mafia.