111 . EL PLAN DE LOS CONTI
EL VIEJO CONTI:
No le contesté a mi nieto y me quedé pensativo.
Si mi hija Adelina no hubiese sido tan estúpida y hubiera perdido la enorme oportunidad que le había creado para entrar en los Minetti, todo hubiera sido diferente.
El entonces dragón de fuego llevaba muchos años trabajando en la empresa Minetti, socavando desde adentro su poder.
Hasta su mujer Florencia había logrado ser la amante de Alessandro, aunque no había logrado gran cosa.
Conocían muchos movimientos de las empresas, pero nada más.
Yo fui quien ordenó el exterminio de los aliados más poderosos de los Minetti, los Rinaldi.
Lo hice porque me enfureció que fuera Francesco quien evitó que mataran a Alessandro y a Rufino.
Ya los tenía atrapados. Casi todos sus hombres habían sido heridos e interceptados por los míos, cuando apareció el heredero perdido de los Rinaldi y los salvó.
También porque creí que podía hacerme desde dentro de la fortuna de todos ellos, pues había descubierto que estaban en los bancos de la familia Minetti y que su esposa Celia era la que manejaba las cuentas.
Yo fui personalmente a esa encerrona que le hice a Alessandro y a Rufino.
Aunque en aquella época todavía no era el Capo di tutti i capi, lo sería cuando el viejo Minetti se retirara.
Ojalá que no descubran la verdad. Porque temo que Franco me haya visto ese día, aunque no estoy seguro. Iba camuflado entre mis hombres y la noche era muy oscura. Sin embargo, lo que sí sé es que el guardia de seguridad de Adelina, fue quien reconoció a Francesco Rinaldi y me lo dijo.
Minetti es un dragón aterrador, y aquel día Francesco Rinaldi demostró que está a la par del UNO. Acabó él solo con muchísimos dragones de fuego. Si esos dos se unen, soy hombre muerto.
¡No debí dejarme convencer por los dragones de fuego! Aquel estúpido que los dirigía se creyó más inteligente que los Minetti. Creía que al eliminar a los Rinaldi los debilitaría y se apoderaría del enorme patrimonio de ellos. Pero antes de que pudiera hacerlo, fue descubierto y eliminado.
Quiere decir que, si Francesco Rinaldi regresó bajo la protección de Alessandro Minetti, debemos dar por perdido ese dinero.
Ahora comprendo por qué mi hija mayor Eleonora cambió de planes.
Quiso adueñarse de la fortuna de los Rinaldi.
Al ver que no podía, ideó esa estúpida idea: casarse con Ronaldo, creyendo que era el único heredero que quedaba.
Y cuando descubrió que no era adoptado, buscó la manera de llegar al verdadero heredero y tener un hijo suyo, para obligarlo a entregar todo.
Pero nació mujer, y el testamento de los Rinaldi solo reconocía herederos varones.
Así que lo mejor que podemos hacer ahora es cambiar también de planes. Si Francesco apareció, debo esconderme y no caer en sus manos. A no ser que atrapemos a sus dos hijas y lo obliguemos, aunque tendrá que ser un trabajo bien hecho.
—¿Abuelo? ¿Por qué dijiste eso? —Insistió Alexander.
—Si Francesco Rinaldi está con Minetti, debemos olvidarnos del dinero de esa familia —dije pensativo—. Porque debe ser verdad que no está en cuentas en el extranjero como todos suponemos. Está en poder de los dragones.
—¿Entonces cómo vamos a financiar a todos los hombres que hemos reclutado con esa promesa? —preguntó molesto mi nieto.
—Solo nos queda una solución: ¡raptar a sus dos hijas! —Dije, esperando que mi nieto me ayudara.
—¡Eso no va a ser fácil, abuelo! Ya las desaparecieron, fui testigo de eso —explicó Alexander, viendo cómo todo se venía abajo.
—¿Qué quieres decir? ¿No acabas de decir que una era Alessia Minetti en tu escuela? ¿Dónde está la hija de Eleonora? —pregunté—. Esa es la primera que tenemos que encontrar.
Alexander guardó silencio. En ese momento lo vi muy confundido. Después de la cirugía estética que le hizo Eleonora a su hija para que se pareciera a Alessia Minetti, no podía estar seguro de si era o no su prima.
—Podemos encontrarla. La hija de Eleonora es una ingenua y hacía todo lo que tú le decías —dijo su hermana Olenska, que apareció en ese instante.
—¡Eso era antes de que se te ocurriera llevarla a aquel lugar! —la acusó Alexander—. Te dije que no era buena idea dejarla allí abandonada.
—No me vengas con eso, que bien que la engañaste y la llevaste contigo —se defendió Olenska—. Aunque es verdad. No creo que vuelva a confiar en ti después de aquello. ¿En verdad la viste en la escuela? ¿No iba en el auto con los tíos cuando murieron?
Observé a estos dos nietos míos. Cada cual más calculador que el otro. Alexander aseguró que la hija de Eleonora no iba con sus padres el día que los asesinaron. Al parecer se libró con ayuda de un joven mafioso de lo que le iban a hacer aquel día.
—¿Qué quieres decir? ¿La compraría alguien con lo fea que es? —preguntó Olenska.
—No es fea. Que estés celosa de ella es otra cosa.
Pero era más bonita sin la cirugía. Se parecía a su hermana Filomena, solo que con el cabello rojo.
Ahora es un clon de la hija de Minetti, si fue ella a la que vi.
¡Ya no sé qué pensar! —espetó Alexander furioso—.
Y al parecer todo este tiempo que no la vimos era porque se estaba haciendo la cirugía estética.
¡Ahora parece gemela de Alessia Minetti!
—¿Crees que ese mafioso que la ayudó sea de los enemigos de Minetti y vayan a seguir con el plan de Eleonora? —pregunté preocupado.
Alexander levantó los hombros diciendo que no lo sabía. Cuando vio a Filomena y a Alessia en la escuela, le pareció perfecto. Se iba a hacer amigo y así entrar a casa de los Rinaldi. Pero Gianpiero, que al parecer era un poderoso mafioso, le rompió los planes. Estaba enamorado de Alessia.
—Entonces solo te queda ganarte la confianza de la verdadera Alessia Minetti. Esa nunca te ha visto. Solo reconoce tu motocicleta. Encuéntrala y enamórala —rió divertida mi nieta Olenska.
—¡No es posible! —Se negó rotundamente Alexander.
—¿Por qué? Creo que esa es una buena solución. Si te acercas a tu hermanita, puedes acercarte a tu padre Minetti —siguió diciendo Olenska—. Así entramos todos en la familia más poderosa que existe.
A Alexander no le gustaba ese plan. Aseguró que ambas tenían novios y se veían muy enamoradas.
Uno se llamaba Bosco, que era el hijo del alcalde de Sutera que los traicionó.
Fue quien le avisó a Franco que iban a atraparlos.
Y la otra, que no sabía si era la hija de Eleonora o Alessia Minetti, se había hecho novia de Gianpiero, el joven mafioso disfrazado de común al que acababa de ver con una enorme escolta.
—Tiene que ser el hijo de un poderoso mafioso. Entonces solo nos queda seguir con el plan que teníamos —dijo Alexander—. Tú enamoras a Kenet Minetti y yo me gano la confianza de su hermana.
—¡Kenet ni me mira, no le gusto! —Gritó Olenska—. Además, él solo anda con mujeres que visten muy bien y no es mi caso.
—Tú encárgate de hacer eso que dijo Alexander —los interrumpí—. Deja que yo resuelva el dinero. Creo que tu hermano tiene razón. Ese es el mejor plan que podemos tener por ahora.
—Gracias, abuelo —dijo Alexander—. Me haré el mejor amigo de ella y hasta me puedo casar con ella si es necesario. ¡No voy a fallar!
—Hijo, no olvides quién eres. Cuando llegue el momento le dejaremos saber la verdad —intervino Adelina—. Así que mantente dentro de los límites. Nada de hacer algo indebido con ella. Lo demás sería una herejía.