109 . EL PLAN FALLÓ
ALEXANDER:
Me alejé a toda velocidad del lugar de los hechos, seguro de que esa vez todo saldría como lo había planeado.
Llevaba mucho tiempo organizando y planificando cada detalle de lo que debería hacer para lograr lo que me pertenecía por derecho propio.
Iba tan concentrado en mi regocijo que no me di cuenta de que era seguido por dos motociclistas.
Casi llegué al escondite donde se suponía que debían llevarlas, cuando recibí una llamada de uno de mis hombres que me hizo detenerme.
—¡Era una encerrona, jefe, nos atraparon, nos…! —se cayó la llamada y me dejó muy sorprendido. Pude escuchar como si le dieran un golpe.
—¡Julio, Julio…! ¿Qué quieres decir? ¡Julio…! —Lo llamé sin obtener respuesta.
¿Cómo una encerrona? Eso no podía ser verdad.
No había nadie en todos los alrededores.
¿Sería obra de mi prima para vengarse de lo que le hicimos?
¿Por qué entonces les hizo la trampa a mis hombres y no a mí?
Giré la cabeza tratando de ver si me seguían.
No logré distinguir a nadie. Por lo que regresé al lugar de los hechos, la universidad, porque no podía creer lo que me había dicho.
Lo hice con mucho sigilo, tomando todas las precauciones igual que cuando andaba en mi personaje del dragón dorado.
Al pasar por frente a una empresa del centro, no podía creer a mis ojos.
En una mesa, vi a Francesco Rinaldi sentado hablando amenamente con Humberto, el jefe de la guardia de Alessandro Minetti.
¿Qué significaba eso? Lo investigaría después.
Ahora tenía que ir a ver qué había pasado.
Al llegar a la universidad, en la plazoleta no vi a nadie.
No había rastro de nada, como si nunca hubieran estado allí.
Di la vuelta tratando de encontrar algo que me dijera qué había pasado, sin lograrlo.
¿Con quién rayos se alió mi prima esta vez?
Estaba por retirarme cuando vi cómo llegaban cuatro autos negros muy custodiados.
Me escondí rápido detrás de un arbusto. Esos autos los reconocí.
Eran los que usaban los dragones de la más alta jerarquía.
Gian, vestido muy elegante con un traje negro, se bajó rodeado por guardias que lo seguían mirando para todas partes, hasta que recogió las mochilas que habían dejado tiradas junto al árbol.
Luego, de igual manera, se montó en un auto y se marchó.
¿Quién era para tener esa enorme seguridad?
Pensé que era un oponente cualquiera, pero al parecer era alguien de muy alta jerarquía en los dragones.
De seguro era un dragón que estaba enamorando a Alessia Minetti para subir en la organización.
Por lo que era un gran contrario, porque vio claramente a Alessia de novia con él.
¿Entonces eso quería decir que esta era la hija de Minetti y no mi prima?
¿O mi prima me traicionó y se alió con algún dragón para ejecutar su plan haciéndose pasar por la verdadera Alessia Minetti?
Mientras observé la noche, me dediqué a analizar todo.
Primero: ¿cómo logró mi prima escapar aquel día de la trampa que le hicimos mi hermana y yo?
¿Qué significaba eso? ¿Acaso quien la salvó fue Gianpiero, o fue Ronaldo Rinaldi junto a mi tía Eleonora?
¡Diablos! ¿Ahora qué debía hacer? ¿Quiénes serían los aliados de ellos?
¿Serían otros dragones que iban en contra de Minetti con ese plan que tenían?
Lo peor era que ahora no podía distinguir entre mi prima y la verdadera Alessia Minetti.
Y si la que vi en la universidad era la verdadera Alessia Minetti, entonces podía ser que el Capo di tutti i capi todo el tiempo la había estado cuidando, y que por eso no pudimos cogerla en Sutera.
¿O era ese desconocido quien la cuidaba?
¿Estaría confundido y esta no era ella, sino mi prima, que ahora me engañó aliándose con Gianpiero, de quien debía averiguar quién era?
Porque si era Alessia Minetti, ¿por qué la llevaría y dejaría con Francesco Rinaldi en Sutera?
¿Sería porque se enteró de todo lo que estaba sucediendo en la isla y la mandó a investigar, haciéndose pasar por mi prima?
¿Esta chica sería mi prima o el dragón dorado?
Ya no estaba tan seguro de nada. No creía que el Capo Minetti la dejaría a merced de un mafioso poderoso como ese que la estaba enamorando.
¡Nunca Minetti había dejado que un joven se acercara a su hija!
Saqué mi teléfono y miré las fotos que me enviaron de Alessia en Sutera junto a Filomena, y luego las que poseía de mi prima Alessia Moret.
¿Me habría confundido? ¡Maldición! ¿Cómo a mi tía Eleonora se le ocurrió ese plan de hacer parecer a mi prima con el dragón dorado?
¿Qué demonios tendría en la cabeza esa mujer?
¿Por qué simplemente no siguió mi plan? ¡Tenía que haber eliminado a mi prima aquel día! Ahora no tendría este problema.
Además, ¿cómo esos imbéciles en Sutera no se dieron cuenta en tantos años de que Franco era a quien todos buscaban?
¿Estaría en lo cierto y era Alessia Minetti?
¿O en mis ansias de hallarla la confundí otra vez con mi loca prima?
¡Si mi tía no estuviera muerta, la mataría de nuevo por interferir en mis planes!
Sentí que algo se me escapaba en todo ese lío.
Podía ser que en verdad Alessia jamás hubiera salido de Roma y la tuvieran muy bien oculta.
También que mi prima hubiera sido la que estuviera allá después de la cirugía plástica.
¿Me habrían lanzado una cortina de humo para que no me diera cuenta de lo que en realidad estaba sucediendo y atraparme?
Si era así, eso quería decir que el Capo di tutti i capi ya estaba sobre aviso contra los dragones de fuego y los demás que querían destituirlo, y había estado jugando con todos los demás.
Por eso dejó que viera su helicóptero llevando unos caballos a Franco.
¿Este habría asumido su puesto como un dragón de la décima de Minetti y lo había tenido allá todo ese tiempo?
Si era eso, quería decir que los habían descubierto y solo los estaban cazando.
Tenía que mandar a evacuar a toda su gente de Sicilia o los eliminarían.
¡Maldición, debí agarrarla yo mismo cuando tuve la oportunidad!
Alessia se hubiera ido conmigo sin problemas, pero no estaba listo todavía.
Tenía que presentarme como el hijo de otra persona para no levantar sospechas y que me aceptaran sin recelos.
El día que fui a la casa de los Minetti a la fiesta de cumpleaños de su hijo Kenet, me percaté del poderío y seguridad de ellos.
Sabía que por la fuerza no podría obtener nada, y todos sin excepción en esa familia eran desconfiados.
Llevaba años tratando de entrar en el círculo de amistades de Kenet Minetti sin resultado.
Era tan desconfiado como su padre, sino más.
Ni siquiera había dejado que me acercara.
Y aunque logré congraciarme con su primo Lucien, no es que fuéramos amigos.
Tampoco su otro primo Laurent me había dado entrada.
Ellos tres formaban un trío que siempre andaba junto, como si no necesitaran de ninguna amistad más. ¡Eran impenetrables!