¡Ups, me equivoqué papá, me equivoqué! (SERIE ¡UPS! nº 3) 108 . EN SERIO PELIGRO
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108 . EN SERIO PELIGRO

HUMBERTO:

Ante lo que acababa de decir, que era mi culpa lo que le había pasado a su familia, Franco se puso de pie con los brazos cruzados sobre su pecho, los pies separados y mirándome igual que cuando era su subordinado. Me apresuré a hablar.

—Coronel, por favor. Créame cuando le digo esto: ¡no puede quedarse afuera de la protección de mi jefe!

Esto es más serio de lo que puede imaginar, mi coronel —Me miró sin entender—.

Llame a la teniente Annette y que esté preparada.

Que tenga a sus hijos con ella en la casa hasta que mande por ellos.

A usted lo están buscando por esa última misión en la que le pedí que me ayudara.

No puedo explicarle todo ni decirle ahora quién es, pero confíe en mí. Espere un momento.

Saqué mi teléfono, decidido a salvar a mi coronel y a toda su familia. Llamé a los guardias de seguridad que vigilaban a la señorita Alessia y les ordené que la cuidaran muy bien sin dejarse ver. Tenía la corazonada de que estaban en serios problemas por haber entrado en la universidad.

—¿Qué sucede, Humberto? —volvió a preguntar Franco al ver que realmente estaba preocupado, tratándome como a un amigo—. Antes de seguir, dime que lo que fuera que hiciste no fue premeditado.

—¡No, coronel, se lo juro! ¡No sé cómo se enteraron de quién era usted en realidad, cuando ni yo mismo lo sabía!

—contesté firme—. Aunque estoy seguro de que tiene que ver con mi jefe.

Déjeme hablar con él, todo se aclarará, por favor.

Llame a sus hijas y que esperen con la teniente Annette.

Dígale a ella que esté preparada para todo, mi coronel.

¡Si usted dice que los descubrieron, ya deben saber dónde se están quedando!

—Está bien, haz lo que debas hacer —aceptó mientras sacó su teléfono.

Realmente estaba muy nervioso. Jamás imaginé cuando vine a ver a Franco por la señorita Alessia que me encontraría con esta terrible historia de mi coronel.

¿Cómo no pude imaginar que algo así había sucedido?

La culpa de haber acabado con la prometedora vida de mi querido y fiel amigo me estaba matando.

—Jefe, tenemos un serio problema —dije con urgencia.

—¿Qué quieres decir? —preguntó al momento.

—Estoy hablando con Franco y ya sé por qué lo persiguen —tomé aire y agregué—: ¡Es por usted, jefe!

—¿Qué quieres decir? —preguntó Alessandro todavía sin comprender.

—¡Franco fue quien lo salvó aquella vez! —Solté de inmediato—. Yo estaba muy malherido, él me había salvado. Luego, cuando usted llamó, le dije que le mandaría a alguien a ayudarlo. ¿Recuerda? ¡Fue Franco! ¡Mi coronel fue quien lo salvó a usted y a Rufo!

—¿No me digas? —dijo, y pude escuchar complacencia en su voz—. Me parecía que lo había visto en alguna parte. Aunque era de noche y llevaba el rostro camuflado. ¿Y cuál es el problema del que hablas?

—¿Recuerda que eliminó a todos los dragones de fuego que los habían emboscado a usted y a Rufo? —Seguí recordando lo sucedido aquella noche.

—¡Claro que sí! Parecía un demonio. Entró bajo tremendo fuego, los eliminó muy rápido y nos sacó de allí. ¿Estás seguro de que fue Franco? —preguntó dudoso—.

Tengo el nombre de él anotado desde aquella noche. Escuché cuando alguien lo llamaba en medio del caos. Dijo que no le debía nada, que era a ti a quien debía agradecer, y se negó a dar su nombre. Llevo años buscando a Francesco Rinaldi sin encontrarlo. Ahora entiendo por qué.

—¡Es él, Franco Moret! ¡Es Francesco Rinaldi! —le confirmé mirando alrededor—. Es el verdadero y único heredero de la gran familia Rinaldi que todo el mundo anda buscando, incluidos nosotros. Es mi coronel.

Alessandro Minetti guardó silencio mientras yo mandé aviso a todo mi pelotón para que se pusieran en alerta. Sabía que tenía dudas y lo comprendía. Todas las investigaciones nos dijeron que habían eliminado a toda la familia Rinaldi. Pero mi coronel no me mentiría en una cosa como esa.

—¿Estás seguro de que es de los Rinaldi que eliminaron los seguidores del dragón de fuego? —preguntó receloso—. ¿Esa familia tan poderosa aliada nuestra es la de Franco? ¿Por qué nunca lo vi con ellos? Solo tenían un hijo.

—Mi coronel se fue de la familia desde muy joven porque quería ser militar —contesté mirando a Franco—.

Borró su nombre de todos los registros familiares para que no lo trataran diferente.

Por eso nunca pudimos conectarlo con los Rinaldi.

¡Le digo que yo soy el culpable de todo lo que le ha pasado a mi coronel!

No sé cómo averiguaron su verdadera identidad.

—¿Dices que le pasó eso porque me salvó a mí? —inquirió de nuevo.

—Sí, mi Capo —aseguré de nuevo—. Estoy casi seguro de que los dragones de fuego fueron los que eliminaron a los Rinaldi porque Franco los salvó a usted y a Rufino. De alguna manera se enteraron de que había sido él.

—Yo sé cómo se enteraron —recordó Alessandro—. No quiso matar al chico que lo reconoció. Fue el que le gritó con asombro "Francesco Rinaldi". ¡Sabía que no debíamos dejarlo vivo! ¿Y qué pasó en Sutera? ¿Por qué salieron huyendo de allá?

—No lo va a creer, jefe. Sutera se convirtió en un nido de dragones seguidores del dragón de fuego. Por eso salieron huyendo —le conté emocionado—. Son ellos quienes lo están persiguiendo.

—¡¿Qué?! —escuché cómo mi Capo ponerse de pie —. ¿Yo dejé a mi Alessia en tan enorme peligro?

Lo comprendí todo. Mi jefe solo se dejó llevar, contrario a lo que hacía siempre, por lo que recordaba de hace años de ese poblado donde solíamos ir de jóvenes a escalar.

¡No investigó a fondo lo que sucedía y metió en medio del peor peligro que pudiera imaginar a su adorada hija!

Pero en ese momento no había tiempo para detenerse en eso, sino para actuar y salvar a todos.

Estaba casi seguro de que ya la habían descubierto.

—Eso parece, mi Capo. Gracias a Dios que la dejó con mi coronel, que la mantuvo a salvo.

Ya mandé a reforzar la vigilancia de la señorita Alessia —me apresuré a informarle—.

Pero esto no es juego. Yo creí que se habían mudado por la universidad, pero mi coronel dice que no, que al parecer lo descubrieron sus enemigos.

—¡¿Qué?! ¡Debiste llamarme al momento! —Dijo de inmediato.

—Lo estoy haciendo, me acabo de enterar —respondí—. ¿Qué hago con mi coronel?

—Le debemos la vida. Contrátalo y vamos a trasladarlo a una casa de nuestra propiedad, segura, con toda su familia —ordenó de inmediato. No esperaba menos de él—. Ya veremos cómo hacemos para que Alessia siga aprendiendo. ¡Iré por ella ahora mismo! Creo que ya aprendió la lección.

—Estoy de acuerdo —respiré aliviado al escucharlo—. Pero tenemos que darle aquella explicación a mi coronel. Ya sabe a cuál me refiero.

—Está bien, tráelo a la empresa —me ordenó—. Después que lleve a Alessia a la casa, regreso.

Franco, estaba hablando con Annette. Se giró rápido hacia mí, muy preocupado. Me contó que los chicos no habían llegado todavía a la casa y no respondían el teléfono.

—¿Qué hacemos? —se detuvo—. Oh, espera, es mi hija mayor. Filomena, ¿dónde están?

Lo escuché diciéndole las cosas a su hija.

Luego me miró interrogante. Le pedí que me siguiera.

Llamó a Ray y nos montamos en el auto, dirigiéndonos a la empresa de los Minetti.

Estaba muy nervioso. ¡No podía fallar esta vez en el cuidado de la señorita Alessia!

Llamé al equipo élite de ella y le dije dónde estaba para que fueran a protegerla.

—¡Si fallan esta vez, los mataré yo mismo! —les grité.