¡Ups, me equivoqué papá, me equivoqué! (SERIE ¡UPS! nº 3) 105 . EL CHICO EN LA ESCUELA
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105 . EL CHICO EN LA ESCUELA

ALESSIA:

Estaba en verdad impresionada con el diseño de Filomena. Nunca imaginé que una chica que nació y vivió todos esos años en Sutera, sin mirar joyas, pudiera hacer una cosa de tan exquisita calidad.

—¿Te parece? —preguntó, y pude ver la inseguridad en sus ojos—. Desde niña siempre me ha gustado hacerlo. Mira mi anillo de compromiso, lo dibujé yo y Bosco me lo mandó a hacer.

—¿En serio? ¡Es precioso! —exclamé, doblemente impresionada.

—Sí, aunque no es costoso, me encanta. Sobre todo porque él lo pagó trabajando muy duro en los viñedos. Jamás lo cambiaré —dijo mirándolo con cariño—. Dime algo, Alexcía, ¿soy yo, o alguien en verdad nos está espiando? Tengo esa pequeña sensación desde por la tarde.

—¿Tú también lo sientes? —pregunté mirando alrededor—. ¿Ves por qué no debemos irnos? Alguien nos había estado vigilando toda la tarde, lo podía sentir muy bien.

—¿Qué enemigos son esos que menciona papá? —preguntó cautelosa—. Nunca antes lo había visto así.

Filomena se acercó más a mí, mirando para todas partes visiblemente asustada. Me quedé pensando en lo que había dicho. Nunca antes había visto a Franco así. Y me sentí muy culpable sintiendo que yo era la que había llevado la desgracia a su familia.

—Si tú no lo sabes, cómo voy a saber yo —dije, tratando de sonar normal—. Pero debemos seguir las indicaciones de padre. Él es el que sabe. Si nos dijo que no anduviéramos solas, ¡no lo haremos!

—Oye, de las dos yo soy la mayor —rió ella divertida—. Está bien, es que estoy cansada y quiero ir a ver a mamá. Se pasó todo el día sola.

Le acaricié la mejilla mientras ella había vuelto a concentrarse en su diseño, y le dije que si había algo que había aprendido en los últimos tiempos, era que nuestros padres todo lo que nos decían era para cuidarnos. Así que debíamos obedecer lo que nos decían.

Filomena se quedó pensativa mientras dibujaba. Nunca antes había visto a su papá tan preocupado. No se le escapó cómo miraba con recelo a todas partes, incluso su mamá también. ¿Los habrían perseguido los hombres del alcalde? Terminó de dibujar y se puso de pie para ir en busca de un jugo.

—¿Quieres algo más, Alexcía? —preguntó antes de irse.

—No, todavía tengo refresco. ¿Quieres dinero? —busqué mi cartera—. No he gastado nada, Gian no me deja pagar.

—También tengo el mío. Bosco hace lo mismo —dijo mientras se alejaba—. Vengo ahora.

Seguí dibujando en mi cuaderno cuando una sombra me tapó la luz.

Levanté los ojos para ver delante de mí al chico rubio que se le cayó la bandeja en el comedor, que me sonreía.

Era alto y bien formado. Mejor dicho, era muy guapo.

Al parecer estaba acostumbrado a que todas las chicas, cuando les prestaba atención, se desvivían por él.

Sin embargo, bajé la mirada hacia mi cuaderno, moviéndome para evitar su sombra en el sofá, y seguí dibujando. Lo cual hizo que él hiciera una mueca de disgusto, y otros jóvenes se sentaron muy cerca, justo detrás del lugar en que me encontraba sentada.

—¿No me vas a saludar, Alessia? —preguntó el chico, sentándose a mi lado. Me alejé y lo miré desconcertada.

—¿Perdón? ¿Estás hablando conmigo? —pregunté muy seria y con algo de temor. ¿Me conocería de verdad?

El joven rubio se echó a reír junto a los demás, que también me observaban como si no fuera la primera vez que me veían.

—¿No me digas que te olvidaste de mí, a tan solo unos meses que no nos vemos? ¿Qué nuevo juego te traes? —preguntó con una familiaridad que me desconcertó.

—Debes haberme confundido con otra. Soy Alexcía Moret y es la primera vez que te veo —dije muy seria, alejándome más de él.

—¿Alexcía? —dijo haciendo una mueca—. ¿Cuándo cambiaste de nombre?

—No he cambiado de nombre, siempre he tenido ese —estaba molestándome con ese tipo—. ¿Y tú quién eres para estar interrogándome?

Por un momento el joven se quedó observándome con desconcierto.

Pero siguió sonriendo con una familiaridad que hizo que comenzara a preocuparme.

Los chicos detrás de mí también me saludaron.

¿Qué demonios estaba pasando? Era la primera vez en mi vida que venía a esa escuela.

Tampoco había andado por esa parte de la ciudad jamás.

—¿En serio vas a seguir con el teatro? —y se sentó frente a mí, que lo observé con desconfianza—. Alessia, ya te dije que no pasó nada aquel día. Olenska y yo no te engañamos. No tenías que cambiar de carrera por eso.

—Mira…, no sé quién eres y mejor me dejas tranquila —dije, recogiendo todas mis cosas para ir a donde estaba Filomena.

En ese momento estaba muy asustada. Todos ellos parecía que me habían confundido con alguien que a lo mejor se parecía a mí. El chico se puso de pie y se acercó, extendiendo la mano en forma burlona, rodeado de las risas de los demás.

—Alexander es mi nombre, por si lo olvidaste —dijo, caminando detrás de mí—. Sí que te molestaste. Ya te dije que no te engañamos. Te lo dije en aquel entonces y te lo repito ahora, solo entendiste mal. Deja el teatro ya.

—Pues Alexander, no sé con quién me confundes.

Toda mi vida la viví en Sutera y acabo de llegar.

Nunca antes te he visto y mucho menos he tenido algo que ver contigo —dije furiosa, y al momento me arrepentí de haber mencionado la isla—.

Así que por favor aléjate de mí, no quiero que mi novio se moleste o piense otra cosa.

—¿Estás segura de que no me conoces? —preguntó el chico, mirándome fijamente—.

Si quieres comportarte así, después de lo que pasó, o porque te hiciste novia de aquel niño rico, de acuerdo.

No te rogaré para que me trates. ¡Al final sabes que tienes que hacerlo!

Alessia, no vengas después rogando para que te ayude. Será demasiado tarde.

—¡Oye, muchacho! —dije, ahora molesta—. ¡No te conozco! ¡Estás confundido!

Alexander se detuvo y se quedó mirándome fijamente. Por un momento su expresión cambió. Dejó de sonreír. Se interpuso delante de mí sin dejarme avanzar. Estaba a nada de darle una bofetada.

—A lo mejor es verdad que te confundí con alguien. Aunque a mí nunca podrás confundirme. Las conozco a las dos muy bien —dijo en un tono que no me gustó para nada—. ¡Nunca serás como ella y olvídate de ese plan estúpido! ¡No va a funcionar!

—¡Déjame en paz, te digo que no te conozco! —le grité molesta.

Alexander guardó silencio por un momento mientras me observó. Era como si me estudiara detenidamente. Luego, cambiando de actitud, volvió a acercarse.

—Bueno, si es así, si en verdad me confundí, discúlpame. Mi nombre es Alexander Conti, para servirte. Estudio aquí también. Te debo haber confundido. Te pareces mucho a una chica que estudiaba aquí hasta hace unos meses. Mucho gusto en conocerte, Alexcía…

Y extendió la mano que no tomé, al tiempo que vi cómo venía Filomena rápido al ver al chico hablando conmigo y su cara de disgusto.

—Hola, ¿quién eres? —sin esperar que le contestara se giró hacia mí—. ¿Lo conoces, mi hermana?