¡Ups, me equivoqué papá, me equivoqué! (SERIE ¡UPS! nº 3) 101 . UNA SITUACIÓN COMPLICADA
40%

101 . UNA SITUACIÓN COMPLICADA

ALESSANDRO:

Después de enterarme de quién era el que perseguía a Alessia, bajé al despacho.

No me gustaba para nada. Cuando me informaron, en aquella época, que Adelina se había escapado del club e ido a parar a Rusia, no dije nada porque no tenía ningún interés en ella.

Además, alguien me había dicho que tenía un niño pequeño.

Todavía me dolía en el alma la pérdida de mi querido Alessandrito.

Por eso me hice el de la vista gorda, a pesar de que sabía que estaba casada con el hijo de uno de mis enemigos.

Mientras permanecieran en Rusia, viviendo tranquilos, no tenían de qué preocuparse.

Nunca supe el nombre ni el aspecto del hijo, por lo que no podía haberlo reconocido.

Ahora la cosa era muy distinta. Habían regresado, y al parecer, hacía algunos años.

Nadie me informó de tal hecho, y su hijo estaba acechando a Alessia.

¿Cuál sería su objetivo? ¿Por qué en todos esos años no se le acercó si lo que pretendía era enamorarla?

Lo hubiera logrado con mucha facilidad. ¿Qué era lo que quería con mi hija?

—¿Puedo pasar, Ale? —asomó la cabeza Rufo.

—Sí, precisamente tengo que hablar contigo. Pero dime tú primero si tienes algo urgente. ¿No te habías ido para el hospital con Lilian y Migue? —pregunté. Lo había visto subir al auto.

—Regresé porque tengo que hablar contigo. Debemos aclarar las cosas que escuchaste mientras discutíamos Migue y yo sobre el problema de tu esposa —contestó, entrando en el despacho—. Cambié mi cirugía para otro día. No puedo operar así.

—Rufo, si te afecta tanto lo que dijimos de Lili y Migue, no lo haremos y punto.

Haremos que ella siempre esté conmigo o contigo.

Esa es la solución. Solo tú me puedes ayudar con ella, mi hermano —dije muy serio—.

No me gusta, pero tengo que ponerme en el lugar de Lily.

Ella en verdad me necesita varias veces al día y en la noche.

—Ya te dije que voy a investigar a Lilian para ver si la puedo operar. Aunque de hacerlo se corre un gran riesgo de quedar ciega, o muda, u otras cosas —me asusté al escuchar las secuelas.

—¡Me opongo! Olvídalo, no dejaré que la operes —tomé aire y lo miré fijamente—. La complaceremos tú y yo la vida entera. Confío en ti, mi amigo. Y ya escuchaste que tu pareja está de acuerdo.

—Precisamente eso es lo que no me ha dejado dormir, mi hermano —dijo, pasando las manos por su rostro—. Ale, tú mejor que nadie sabes que también me gustan las mujeres. Y la tuya es muy hermosa. ¿Y si me gusta y me enamoro de ella?

Ahora comprendí cuál era su preocupación. Me recosté en el sillón para mirarlo fijamente. Podía ver que era verdad que no había dormido en toda la noche. Tenía grandes ojeras.

—Nada, la compartimos. Será esposa de los dos —dije riendo, tratando de relajar la situación.

—¡No estoy jugando, Ale! —protestó, poniéndose de pie, e inició a caminar de un lado a otro.

Lo entendí, pero nunca imaginé que pudiera afectarle tanto. No quería ponerlo en esa situación. A mí tampoco me gustaba la solución que busqué. ¿A qué hombre le iba a gustar que la mujer de su vida hiciera el amor con su mejor amigo? Pero era eso, o que ella perdiera el control y todo se supiera.

—En serio, mi hermano, si sientes que tu vida va a afectarse de esa manera, olvídalo.

La traeré siempre conmigo sin importar a dónde vaya —me detuve al ver lo pálido que estaba—.

Aunque, si te enamoras de Lily, no me molestaría.

Es verdad que es muy linda, loca y fogosa.

Siempre que no te confundas y sepas que es mía y que lo tuyo es Migue, no me va a molestar.

Lo digo en serio, Rufo, confío en ti ciegamente.

Aun enamorado de ella, sé que jamás me traicionarás.

—¿Cómo puedes confiar en mí de esa manera, Ale? —dijo para mi asombro—. ¿Y si me vuelvo loco por ella?

—No lo harás. Amas demasiado a Migue —comencé a ponerme nervioso al escucharlo—. Aunque te guste Lilian, y es verdad que te gustan las mujeres, siempre preferiste a los hombres, sobre todo a ese loco que tienes por esposo.

—¡No le digas loco! —protestó enseguida.

Solté la carcajada mientras Rufo me observó desesperado y frustrado. ¿Pero qué otra cosa podía hacer? Tenía que hacer que se relajara o nuestra hermandad iba a sufrir mucho con esa situación, y lo necesitaba en mi vida.

—Migue es la contraparte de Lilian. Para ser honesto, después que te vi asustado por miedo a que se den cuenta de que se gustan, me entró la preocupación a mí también.

Por eso ya saqué a Migue del arreglo —me levanté y fui a su encuentro—.

Así que, por favor, mi hermano, si sientes que en verdad estar con Lily te va a ocasionar todo eso, ¡olvídalo! La traeré conmigo todo el tiempo.

—De acuerdo. Mejor haces eso. Pero estaré dispuesto a hacerlo si no puedes un día, y trataré de no confundirme —prometió, apretando mi mano—. Es que Lilian es una mujer muy impresionante, Alessandro. Tengo miedo de querer más de ella.

—Te dije que lo olvidaras. A lo mejor hablo con Damián —sugerí. Después de todo también era mi otro mejor amigo—. No me gusta la idea, pero él está realmente enamorado de mi cuñada Lucy. No la va a cambiar por Lily.

—No lo hagas todavía. Deja que analice todo muy bien. Quizás estoy siendo un poco alarmista, me conoces —dijo con un suspiro—. Sabes que imagino y analizo todos los posibles escenarios que pueda haber antes de llevar a cabo una acción.

—De acuerdo. Desde ahora tienes mi permiso sin decírmelo para complacer a Lily si yo no puedo llegar a ella a tiempo, ¿capisci?

Será la esposa de los dos —me miró con rabia—.

Es una broma. Relájate, pero en serio tenemos que resolver esta situación.

A veces Lilian me llama en medio de cosas importantes.

Tengo que dejar todo y correr. Si tú me ayudas con ella en el hospital, voy a estar más cómodo.

Rufo se quedó en silencio. Sabía que no podía creer que le estuviera dando ese permiso tan fácil.

Sabía muy bien lo posesivo que era, sobre todo con Lilian.

Ahora puso más atención a lo que tenía encima del buró.

Era el expediente de la investigación sobre el atentado que causó la muerte de Celia y mi hijo Alessandrito. Acaricié la foto con nostalgia.

—¿Qué es, Ale? ¿Por qué sacaste eso de nuevo? —preguntó, volviendo a ser el hombre calmado que conocía—. Ya matamos a todos los cretinos que hicieron eso.

—¿Estás seguro de eso? ¿De que no dejamos a nadie afuera? —Tenía la duda—. No lo sé, Rufo. ¿Sabes de lo que me acabo de enterar? El chico que persiguió a Alessia por cinco años es el hijo de Adelina Conti, mi ex.

—¿El nombrado dragón dorado? —preguntó con interés.

Me senté en mi buró para explicarle todo lo que aún no sabía. Le conté que había llamado a la universidad de Sapienza y arreglado para que aceptaran a los cuatro chicos. A Alessia y Filomena en diseño, y los otros dos en lo que quisieran. No les iban a cobrar nada.

—Pero llama ahora y asegúrate de que todo vaya bien. Y si necesitan algún papel, que te llamen a ti —le ordené.

Y mientras Rufo llamaba a la universidad, no pude dejar de esparcir por toda la mesa las fotos de mi pequeño bebé fallecido.

Era realmente mi copia: mismo color de ojos, de cabello, y su rostro.

Kenet se parecía a mí, solo que heredó el pelo rojo de su madre, lo mismo que Alessia, al igual que el color verde de los ojos.

Pero mi primogénito parecía un clon de mí.

Cerré los ojos y reviví esa fatídica noche en que los perdí.