96 . CONTINUACIÓN
ADELINA:
Saqué mi teléfono decidida a llamar a Alessandro Minetti para que obligara al cocinero a hacerme ese dulce, pero solo me respondió la voz de su secretaria.
Ella me dijo que no se encontraba en el país desde hacía unas semanas, que le dejara el recado y ella se lo daría a su regreso.
Colgué molesta, me puse de pie echando humo, dispuesta a dejar el lugar maldiciendo.
Amenacé a todos con que, cuando fuera la señora Minetti, iban a tener que rogarme para que los dejara trabajar en algún lugar.
Cosa que al chef no le afectó en nada. Me dio la espalda y regresó a su cocina.
La noche antes de la boda, el guardia de seguridad, como siempre, pasó la noche en mi habitación.
En la madrugada, antes de marcharse, me confesó algo que me dejó desconcertada y me dejó un video que, al verlo, me aterrorizó.
Si Alessandro Minetti se enteraba de eso, estaba segura de que me mataría, y no solo él. Mi padre también lo haría.
Así que no me quedaba más remedio que hacer lo que me estaban exigiendo.
Debía matar a Minetti en la iglesia. Con un miedo atroz, me vestí de novia y, del brazo de mi padre, caminé hasta el altar donde un inexpresivo y elegante Alessandro me esperaba sin mirarme.
Cuando me estaba preparando para realizar lo que me habían pedido, apareció de la nada una pelirroja loca gritando:
—¡¿Cómo puedes hacerme esto?! ¡Por eso llevabas dos años comprometido conmigo, dándome largas sin quererte casar! ¡Tenías a otra, desgraciado!
Y sin más lanzó un zapato que le dio en la frente a Minetti, quien había girado al escucharla para verla, con la mano empuñando su arma.
Pensé en aprovechar la oportunidad de hacer lo que se me había ordenado, pero al ver cómo todos se reían de mí, me olvidé de quién era en realidad.
Solo vi la humillación a la que mi prometido me estaba sometiendo delante de todos mis amigos y familiares, que me observaban burlonamente.
¡Sería el hazmerreír de todos ellos a partir de ese momento!
Eso era algo que no podía soportar. Así que, en un arrebato irracional, le propiné una enorme bofetada a Minetti. Le tiré el velo y el anillo de compromiso antes de marcharme llorando.
Mi padre también parecía haber perdido su raciocinio, pues le asestó una tremenda bofetada a Minetti que, al cogerlo desprevenido, hizo que cayera tendido a los pies de la pelirroja. Ella lo miraba con los ojos muy abiertos y con cara de susto. Y justo cuando pasaba por su lado, la escuché decir:
—¡Ups! ¡Me equivoqué! No eres mi prometido.
Fue en ese momento cuando me di cuenta del enorme error que tanto mi padre como yo habíamos cometido.
Sabía que Minetti iría detrás de nosotros con todo.
Al salir de la iglesia, mi padre chocó conmigo.
Había recapacitado y girado, pensando que mi prometido era el que venía detrás de ella.
Sin embargo, solamente alcancé a ver cómo Alessandro le ponía el velo y el anillo a la pelirroja y, sin más, decía:
—Siga la ceremonia, padre, no importa quién sea la novia. Yo tengo que salir casado de esta iglesia hoy.
Y esa era otra enorme humillación que no quería soportar. Así que me marché junto a mi padre a esconderme.
Mi padre enseguida reunió a todos los enemigos de los Minetti que se prepararon para atacar la residencia de ellos en la noche, con la intención de eliminarlos a todos.
Otra vez, nada salió como esperábamos. A pesar de tomarlos por sorpresa con la ayuda de una sirvienta, los hombres de ellos eran tan eficientes que los eliminaron en menos de lo que tarda en contarlo.
Mi padre había logrado escapar con un tiro que le había propinado el propio Minetti. Lo había dejado por muerto, gracias a la ayuda de uno de los invitados a la boda que lo disfrazó y pudo escapar.
Luego nos fuimos a la ruina. Papá trató de salvar todo, pero la gente que trabajaba para el Capo Mayor era demasiado rápida, despojándolo de todo. Apenas nos habían dejado una casa en las afueras, lo cual enfureció a Eleonora. Papá tuvo que aguantarla para que no me matara.
Pensé que nos perseguirían, pero no. Minetti no nos prestó más atención, concentrado en su nuevo matrimonio.
Así que seguimos viviendo medianamente bien gracias al dinero que Eleonora había logrado salvar, con la ayuda de Florencia y el dragón de fuego, a quien comenzó a servir desde entonces en las sombras.
Mi hermana Eleonora había regresado a su universidad en el extranjero.
Para mi sorpresa, yo estaba embarazada. Después de presionarme mucho para que le dijera quién era el padre, confesé que era de Minetti.
Eso la llenó de regocijo, más cuando nació un varón.
Luego, cuando me enteré de que la primogénita de Alessandro era hembra, reí feliz.
¡Alessandro Minetti iba a tener que entregar todo a su verdadero heredero!
Pero a mí me habían enviado a servir a uno de sus clubes.
Mi papá me rescató con la ayuda del guardia de mi seguridad, que resultó ser hijo del ruso Dimitrov, quien quería vengarse de Minetti.
Me casé con él y tuvimos a Olenska. Esa chica salió a su padre en todo y estaba empeñada, como yo una vez, en conquistar a Kenet Minetti, pues era el heredero del trono del UNO.
Alexander era el nombre que le puse a mi hijo.
Era rubio de ojos verdes, alto y muy bien parecido.
Desde que regresamos a Roma, se había dedicado a perseguir a Alessia Minetti, pues para él, ella era quien usurpaba su puesto de primogénito.
Había sido criado por Sergei Dimitrov en Rusia y adquirió grandes habilidades en todas las facetas.
Según se estaba preparando para ocupar su verdadero lugar junto a su padre Alessandro Minetti, al cual odiaba y había jurado vengarse de la peor manera.
Supo que Minetti me había obligado a servir en un club de sexo a todos los dragones, que no había querido reconocerlo.
Hacía seis años que habíamos regresado. Habían logrado infiltrarse dentro de la décima de dragones, así que Alexander trazó un plan para penetrar sin sospecha las defensas de la principal organización.
Yo me había negado a regresar hasta el último momento.
Solo cuando mi hermana avisó que había vuelto a vivir a Roma, casada de América, lo hicimos.
También porque decía que había encontrado la manera de recuperar la fortuna de la familia.
Nunca dijo cómo, por lo que con su muerte nos quedamos sin saber qué hacer.
Regresé porque estaba cansada del crudo frío de Rusia, pero permanecía encerrada en la casa. Tenía un terrible miedo de que Minetti me descubriera y me volviera a meter en el club de satisfacción de los dragones.
No quería regresar porque mi esposo había estado siempre muy celoso de Minetti. Me aterrorizaba que se molestara. Mientras fue mi guardaespaldas, me obedeció en todo. Pero cuando supo quién era y lo que hacía a su lado, cambió completamente. Y mucho más cuando me llevó con él y Alexander a su país.
Cuando estaba embarazada de Olenska, me trató con consideración, pero al ver que era hembra, por poco me abandona.
Para mi desgracia, había sido herida mucho mientras trabajaba en el club y no volví a salir embarazada.
Vivía en completa agonía, porque le temía a mi esposo, a mi padre, hasta a mis hijos.
Pero sobre todo, me aterraba la idea de caer de nuevo en las manos de Alessandro Minetti y que él descubriera toda la verdad de lo que había pasado aquella noche.
Fin de la retrospectiva.