93 . UN RESULTADO IDEAL
ALESSIA:
Me desprendí de sus brazos tratando de pensar qué decir. No quería mentirle, pero tampoco podía decirle la verdad por ahora. Él me observó expectante, y reconocí que mi reacción cuando vi al chico en la motocicleta delante de mí a solo un metro me asustó. Era obvio que sospechaba de mí por eso.
—Gian, ¿puedo contestarte eso otro día, sobre todo esa parte de por qué reaccioné como lo hice?
—Me atreví a preguntar. En serio no quería mentirle más de lo necesario—.
Solo te diré que nunca he visto su rostro, tampoco sé quién puede ser y mucho menos he tenido algo que ver con él.
Tú eres el único hombre que me ha tocado, besado y acercado en todos mis años.
Solo confía en mí. Te doy mi palabra de que cuando llegue el momento, te diré toda la verdad.
—Está bien, lo mismo te pido. Confía en mí hasta ese día en que ninguno de los dos tengamos que ocultarnos cosas. ¿De acuerdo? —Asentí de inmediato—. Bueno, ahora dejemos eso. ¿Te molestó que hablara como lo hice con tu padre?
Me reí negando con la cabeza. Estaba muy satisfecha del modo en que enfrentó a Franco y se lo hice saber. Incluso le confesé mi miedo de que padre me prohibiera ser su novia o verlo.
—También temía que tú salieras huyendo —me reí burlonamente—. ¿Conoces a alguien que, a las horas de tener una novia, lo interrogue su suegro? Ja, ja, ja…
Gian no se molestó con mi burla y se rió divertido. Era la primera vez que estábamos solos y parecía que hacía mucho tiempo que nos conocíamos. Me sentía muy cómoda y segura a su lado.
—No conozco a nadie que le haya sucedido eso, pero me gustó —dijo siguiendo mi broma. Luego en seriedad agregó—. Ahora no tengo que esperar por su permiso. Ya lo adquirí.
—Te admiro —se me salió con honestidad—. Eres la primera persona que se ha mantenido firme en lo que me dijo. Gracias, Gian, por un momento temí que te retractaras por miedo a mi padre.
—¡Jamás, linda! —aseguró poniéndose de pie de un salto—. En serio siento todo eso que dije, Alexcía. Ahora quiero hablarte de otra cosa. Mañana tenemos el día libre. ¿Crees que podemos ir a ver las escuelas? ¿Qué vas a estudiar?
Me emocioné enseguida con la idea de que quizás pudiera ir conmigo a estudiar. De inmediato le dije mi especialidad. No iba a renunciar a mis sueños. Gian quería estudiar ingeniería en computación y administración de negocios, aunque todavía no se había decidido.
—¿Crees que en la universidad pública existan esas dos especialidades? —preguntó ansiosamente—. Soy capaz de cambiarme a otra solo para estar a tu lado.
—No lo sé. Está bien, mañana iremos —y en verdad no conocía las escuelas públicas, siempre había estudiado en escuelas privadas—. Ya mi padre lo había dicho, olvidé decirte. Ahora me voy, no quiero que se moleste. Me dio solo cinco minutos y es muy tarde.
—De acuerdo, te acompaño —dijo poniéndose de pie—. Antes, déjame que te bese, mi Alessia.
Me reí viendo cómo me atrapó en sus brazos antes de que pudiera escapar.
Buscó mi boca con la suya con una avidez y seguridad que me hacía sentir pequeña y protegida al mismo tiempo.
Cerré los ojos disfrutando de la dulzura de su beso.
Gian me hacía sentir muchas emociones que no podía explicar con palabras.
Cuando al fin nos separamos, sus ojos brillaban con una intensidad que me dejó inmóvil.
—Duerme bien, mi amor —susurró suavemente.
—Tú también, Gian. Nos vemos mañana —me giré rápidamente, no solo porque mi padre esperaba, sino también porque sentía mi rostro arder.
Gian me acompañó hasta mi casa. Fue cómico. Eran unos pocos pasos de una puerta a la otra. Volvió a besarme antes de dejarme entrar. Apenas crucé la puerta de casa, vi a todos esperando por mí. Mi corazón latió un poco más rápido.
—¿Por qué te demoraste tanto, mi hermana? —preguntó sin rodeos Filomena, sin dejar que terminara de llegar—. ¿No se molestó Gian con papá?
Me detuve en seco. La miré levantando las cejas para ver si se daba cuenta de que no estábamos solas. Bosco estaba sentado en el sillón, y la tía Annette, aunque se hacía la que no escuchaba, estaba pendiente de cada cosa que decíamos.
—¡Filo! Hablamos en la habitación —tiré de ella queriendo escapar del interrogatorio, pero la tía Annette me detuvo.
—Alexcía, hija, ven aquí —solté todo mi aire y caminé resignada hasta donde ella me hacía señas de que me sentara. Por un momento me recordó a mamá por su expresión seria, que me indicaba que venía un sermón.
Me senté donde me indicaba y ella apagó el televisor. Bosco resopló porque estaba viendo un juego de fútbol. Por lo tranquila que se quedó Filomena, supe que la cosa era seria. La tía Annette era aterradora en ocasiones.
—¿Ya decidieron? —preguntó de pronto, dejándome sin entender nada—. ¿Van a seguir estudiando diseño? ¿Ya sabes a qué escuelas debemos ir?
Respiré aliviada al ver de qué se trataba la conversación. Filomena y yo íbamos a estudiar diseño. Bosco todavía no se decidía y Gian me había dicho que quería ingeniería en computación.
—Tía, la verdad es que yo siempre estudié en escuelas privadas —comenté un poco apenada—. No creo que tengamos dinero para eso. Pero sé dónde queda la universidad del estado. Podemos iniciar por ahí. ¿Vamos a ir mañana? ¿Por casualidad sabes cuánto cuesta la matrícula?
Mi corazón dio un vuelco. No me lo esperaba.
En verdad no tenía idea de cuánto costaba nada.
Nunca antes había tenido la necesidad de saber esas cosas.
Todo lo arreglaban mis padres. Papá ayudaba a casi todas las escuelas, y estaba segura de que los precios que él manejaba estaban muy lejos de nuestra realidad ahora.
—Tía, no tengo idea —contesté con la verdad—. Eran mis padres quienes se encargaban de eso.
Annette suspiró, como si hubiera perdido una batalla. Bosco y Filomena también habían estado esperando mi respuesta y resoplaron desilusionados.
—Pero mañana lo averiguaremos —me apresuré a decir—. No quiere decir que tengamos que pagar nada. No olviden que solo vamos a visitar las escuelas para luego decidir cuál escoger.
—¡Eso es bueno! Ahora, a dormir. ¿Es que acaso no se dan cuenta de la hora que es? —Dijo poniéndose de pie—. Mañana iremos a realizar ese recorrido. Así que se levantan temprano. Buenas noches, chicos.
—Uff, mamá, me asustaste. Bueno, ya que el drama terminó, ¿puedes por favor contarme cómo fue el beso de despedida? ¡Las cosas importantes, Alexcía! —dijo Filo, rompiendo el silencio con una sonrisa traviesa.
La tía Annette negó con la cabeza, pero una ligera sonrisa se asomó. Bosco resopló y volvió al televisor, ignorándonos por completo.
—Dije que se fueran a dormir —dijo la tía Annette.
—No hay nada que contar, Filo —mentí, intentando mantener la compostura mientras me dirigía a mi habitación—. Buenas noches a todos.
El teléfono en mi cama vibró y mi corazón saltó con fuerza. Tomé el aparato y vi su nombre en la pantalla. "Buenas noches, amor. Mañana será un día increíble, ya verás. Te amo."
Sonreí, aunque la inseguridad volvió a deslizarse por mi mente como una sombra. No podía negar lo que sentía por él, pero la intriga de todo lo que envolvía su vida, su mundo, me atormentaba en silencio.