85 . LA VISITA INESPERADA
GIAN:
Volvimos a besarnos apasionadamente, hasta que escuchamos que nos llamaban. Eran Bosco y Filomena, que nos buscaban, y fuimos a su encuentro. Salimos raudos hasta dar con ellos. Desde lo alto habían visto todo lo sucedido y estaban muy preocupados.
—Mejor vamos hacia la salida sur —dije al ver a lo lejos a los guardias de seguridad.
Ellos habían acudido cuando nos rodearon los maleantes y les hice señas de no intervenir en la pelea, cuando vi que Alessia sabía luchar muy bien.
Ya tenían el taxi listo, esperando por nosotros.
No podía dejar que la policía nos agarrara, porque se descubriría quién era yo, y eso sería lo peor que me podría pasar: fallarle al Capo di tutti i capi.
Después de dejar a los demás en su casa, entré en mi apartamento sonriendo muy feliz, pensando en que, ¿quién iba a decir que esa hermosa y delicada mujer era tan fiera luchando?
¡Ojalá me aceptara cuando se enterara de que era un mafioso!
Era mi mujer perfecta, me dije una vez más.
Pero era hija de un coronel, un hombre recto.
Tenía que pensar en cómo convencerlo de que me dejara ser la pareja de su hija.
Al entrar al salón de mi apartamento, ya se encontraba el jefe de mi seguridad, que nos cuidaba, sentado en el sofá.
—Buenas noches —los saludé sentándome frente a él.
—Hola, chico. ¿Están bien? ¿Les pasó algo? —preguntó mientras me revisó con la mirada.
—Estamos bien. ¿Vieron cómo Alexcía sabe luchar? ¿Lo sabían? —Ellos no dijeron nada, así que como yo debían haberse sorprendido—. Fue una tremenda sorpresa. Por eso les dije que no intervinieran. No es que sepa un truco o dos, es casi una experta del más alto nivel.
No me interrumpió, solo sonrió y me escuchó con paciencia.
Mi entusiasmo era tan grande que no podía callarme.
Estaba realmente conmocionado por Alessia.
Estábamos tan coordinados que con solo mirarla reaccionaba y sabía exactamente lo que deseaba.
Era como si supiera la manera de luchar de los dragones.
Me seguía coordinada conmigo como si fuéramos uno.
—¡Y me acabo de hacer novio de ella! Me parece que la conozco de toda mi vida.
¿Lo puedes creer? —seguí diciendo muy emocionado—.
¡Todavía no me lo puedo creer que la haya encontrado!
¡Es mi mujer perfecta! Es linda, sencilla, honesta, no sabe quién soy, así que le gusto como hombre, no por mi dinero y mi posición.
Y para completar, ¡soy su primer novio! ¿Te imaginas una mejor suerte que esa?
¿En serio no sabían nada de esta chica? Si es así, díganmelo.
No quiero caer en una trampa. Estoy realmente interesado y enamorado de ella.
El jefe de seguridad me miró con el ceño fruncido mientras soltó una bocanada de humo. Aseguró que no sabían nada de Alessia y estuvo de acuerdo conmigo en que era muy buena luchando. Por eso no intervinieron, vieron que los teníamos controlados. Aseguró que era la primera vez que la veían.
—Nos trajo Humberto solo para que cuidáramos a la familia completa y a ti. Te aseguro que no sabemos nada de quiénes son ellos —dijo con firmeza—. Pero Gian, están en gran peligro.
—¿Peligro? ¿Cuál? ¿Es ese chico que vi en el semáforo? ¿El que se hace llamar el dragón dorado? —pregunté de inmediato—. No se me escapó que estaba detrás del árbol en el parque. ¿Por qué no lo cogieron?
—Por eso mismo los mandamos a irse, porque él los estaba vigilando. Estábamos listos para atraparlo —contestó sin dejar de mirarme.
—¿Y por qué no lo atraparon? —El tipo estaba solo y ellos eran muchos.
Me contó que Humberto ordenó que vieran dónde vivía. Lo siguieron, pero volvieron a perderlo. Estaban interesados en saber a qué familia pertenecía. Era joven como nosotros, quizás uno o dos años mayor.
—Creo que te sigue a ti —dijo de pronto.
—¿A mí? ¿Por qué? Yo soy de Milán. Nunca antes había venido a quedarme en Roma —dije sin comprender—. Los conocidos que tengo son del área nuestra, así que no sé por qué dices que tiene que ver conmigo.
—Te estaba apuntando con la pistola. ¿Estás seguro de que no lo conoces? ¿Sabes por qué quería matarte? —preguntó intensamente—. ¿Te sigue un enemigo tuyo desde Milán?
—¡No! —Negué rotundamente—. Vine en el avión de papá en cuanto llamó el Capo di tutti i capi. ¡Ni mi hermano sabe que estoy en Roma, solo papá!
No dijo nada de inmediato. Siguió fumando su tabaco mientras cruzó las piernas y se recostó en el sillón. Vi que me estudiaba escrutadoramente. No podía creer que desconfiaran de mí. Aunque bueno, en nuestro mundo todos desconfiamos de todos.
—¿Seguro? —Volvió a preguntar—. Ese chico no dejaba de apuntarte a la cabeza.
—¡Te digo que no! Además, ¿no es el dragón dorado que andan buscando?
Su motocicleta tenía uno pintado con otros colores, pero predomina el dorado —me defendí con vehemencia—.
Y que yo sepa, a quien él persigue es a la hija del Capo di tutti i capi.
Y a esa chica yo nunca la he visto ni de lejos.
No sé cómo es, por lo que no veo por qué iba a querer matarme a mí.
—¿Y a Alexcía? —siguió con el mismo tono—. Quizás ella sí lo conoce, o fue su novio.
—¿Alexcía? ¿Por qué preguntan eso? —A mi mente vino la reacción de Alessia al verlo. Parecía que lo conocía.
—Vimos cómo se asustó cuando lo vio —dijo para mi desagrado—. ¿No crees que fuera un exnovio de ella y por eso quería matarte?
—¡No! Estoy seguro de eso. Yo soy el primer novio de ella —la defendí—. Saben muy bien que he estado con muchas mujeres. Les digo que Alexcía no ha estado con otro hombre antes.
Aunque ahora estaba comenzando a dudar. La reacción de ella y cómo quería darme una explicación. ¿Sería un enamorado de ella? Sin embargo, no dije nada. Quería que todos supieran que era el único hombre de su vida. ¡Nadie más! Le preguntaría cuando la viera.
—De acuerdo, no te pongas así. Ella se ve que es una buena e inocente chica, muy tímida.
Nada que ver con su hermana —rió divertido, haciendo que respirara aliviado—.
En serio, nunca habíamos visto a una chica tan feliz, despreocupada, inocente y honesta como Filomena.
Nos divertimos con ella. ¡Le canta las verdades sin miedo a cualquiera!
Me reí recordando en verdad que mi cuñada era única. Y era verdad eso que dijo. Filomena era una chica encantadora.
—Y su novio Bosco. Hace de él lo que quiere.
¡Y es tan linda la condenada, que se queda bobo mirándola!
—rió el jefe de la seguridad, y luego cambió a un tono más serio mirando la hora en su reloj—.
Pienso que muy pronto van a tener que mudarse.
Por ahora, eviten volver a estar solos en lugares oscuros como ese parque.
Y trata de terminar tu misión lo antes posible.
Corres un gran peligro y pones en peligro a tu novia.
Ahora me marcho. Cumple todo al pie de la letra, y cualquier cosa, nos llamas.
—Gracias. Cuiden más a las chicas que a mí. Me sé defender —le pedí con preocupación—. ¿De acuerdo?
—Lo haremos, y felicidades. Tú y tu novia hacen una pareja perfecta.
Ojalá te dure. Te lo digo de corazón —lo seguí mientras caminaba hacia la puerta—.
Nunca había visto a dos personas que se complementen tanto como ustedes dos desde el inicio.
Parece que nacieron el uno para el otro.
Lucha por eso, Gian, no dejes que te lo arrebaten.
—Gracias, lo haré. Pienso lo mismo —dije satisfecho al escucharlo—. Alexcía es mi pareja perfecta. Ahora lo que tengo que hacer es convertirme en el suyo.