82 . ENCONTRÉ A ALESSIA MINETTI
EL MOTOCICLISTA:
Nunca imaginé que al tomar esa calle pudiera dar con Alessia Minetti, o eso creí.
Debía ser mi imaginación, me dije mientras giraba la cabeza una y otra vez.
Me detuve después de cruzar el semáforo y vi a las parejas cruzar la calle.
Giré despacio y me desmonté, decidiendo continuar a pie, en la oscuridad, hacia donde los vi dirigirse.
¡Hubiera jurado que era Alessia Minetti la que acababa de ver!
Llevaba muchos años detrás de ella. Conocía cada gesto, cada expresión, cada movimiento.
Además, la manera en que reaccionaron cuando me vieron era muy sospechosa, como si ese chico la escondiera de mí.
¿Sería realmente ella? ¿Habría regresado a Roma y se escondería en ese barrio?
¿O volvería a escaparse para verse con ese joven?
Sería demasiada casualidad o suerte. Además, ¿qué iba a hacer en ese lugar tan pobre?
La duda me carcomía. Llevaba días tratando de saber dónde se metió.
No la encontraba. Parecía como si la tierra se la hubiera tragado.
Moví cielo y tierra para conocer todos los movimientos del Capo di tutti i capi después de que raptaron a Alessia.
Hasta que, al fin, alguien me avisó que habían visto su helicóptero cerca de un poblado en Sicilia, donde la gente salía a comprar cosas de diferentes pueblos de la montaña.
Fui expresamente allí y, con buena suerte, vi a Franco recibiendo los caballos que bajaban del helicóptero del dragón negro.
Lo mandé a seguir y me llevó a Sutera. Cuando me enviaron las fotos de toda su familia, encontré con gran alegría lo que buscaba: ¡a Alessia!
¡Tenía que ser ella! Aunque tuviera el pelo negro, su parecido era demasiado.
Estaba seguro de que la disfrazaron y la enviaron allá.
Sin embargo, lograron escaparse cuando fui a atraparla. Nadie sabía hacia dónde se habían ido. No estaban en Sicilia. Había puesto a todos mis hombres a peinar la isla entera, sin ningún resultado. ¡La familia había desaparecido!
¿Sería que era aquí donde se escondían? ¿Regresaría a Roma? ¿Por qué el Capo di tutti i capi dejaría ir a Alessia a Sutera? ¿Solo la escondía de mí o alguien más la perseguía? ¿Pero quién?
Tenía que asegurarme de que no vi mal, de que realmente era Alessia Minetti.
Hice un rodeo al ver que estaban en el parque, y me enfureció ver cómo ese joven la enamoraba.
Era muy claro, por la forma en que la miraba, que eso era lo que estaba haciendo.
Desde donde estaba, no podía distinguirla bien, pero casi tenía la certeza.
Avancé agazapado, escondiéndome hasta estar detrás de un árbol, donde en un banco debajo de este se encontraban ellos.
Podía escuchar claramente todo lo que hablaban, y aunque nunca la había oído hablar, creí que era ella.
¡Era ella! ¡El dragón dorado había regresado a Roma y estaba siendo enamorado por un apuesto joven que no conocía! ¡Eso no lo podía permitir!
Me alejé a una distancia prudencial donde podía hablar sin que me escucharan. Saqué mi teléfono y marqué un número. Mi furia era tanta que no pensaba con claridad. No podía dejar que otro hombre se apoderara de lo que era mío.
—¡La encontré! —dije con voz firme.
—¿A quién encontraste? —se oyó del otro lado.
—Al dragón dorado —respondí de inmediato sin dejar de observar a la pareja de lejos, que seguían enamorándose.
—¿Estás seguro de que es ella? —Insistió el hombre del otro lado con incredulidad.
—Muy seguro. La conozco con los ojos cerrados.
Vengan en este instante y atrápanla. ¡No le vayan a hacer nada!
—Ordené de inmediato—. Si quieren divertirse, agarren la otra.
Es muy hermosa y anda con ella. Maten a los otros tipos.
Luego agarramos al padre y, si es quien sospecho, lo obligamos a que nos traspase todo a cambio de su hija.
—¿Estás seguro de que no es la hija del hermano? —preguntó de nuevo—. Todavía no damos con esa chica. Ella quedó viva del accidente.
—¡¿Estás dudando de mi palabra, imbécil?
! ¡Te digo que es Alessia Minetti! ¡Dejaste que se te escapara en Sutera, y ahora la encontré!
¡No quiero errores esta vez! —Grité sin poder aguantar mi furia ante su incompetencia—.
El Capo di tutti i capi no sabe dónde se metieron, porque no veo a ninguno del cuerpo élite de ella ni a sus guardias por aquí.
Se debe haber escapado de nuevo. Está sola en un parque, disfrazada.
Te mando la dirección. Tienen diez minutos para estar aquí y atraparlos.
—¡Sí, jefe! —al fin hizo lo que debía hacer—. Por favor, asegúrese de que es ella. Recuerde que la otra casi es su copia.
Por un momento me quedé en silencio pensando en lo que me dijo mi hombre.
Lo había olvidado. La hija de Ronaldo era casi una copia de Alessia Minetti.
¿Me habría equivocado? Tendría más lógica si fuera ella, porque no creía que el Capo di tutti i capi mandara a su hija a pasar tanto trabajo en Sutera.
Mucho menos que la dejara andar con esos tipos sin escolta.
Sin embargo, esa reacción de la chica en el semáforo no se me salía de la cabeza.
—¿Jefe, está ahí? ¿Qué ordena? —preguntó mi hombre al no escucharme.
—Atrapen a las dos chicas. Si no es Alessia, no importa. Esas nos sirven para doblegar al coronel Franco —ordené, decidido a seguir con mi plan—. No le digan nada a mi madre. Nadie puede saber que yo la tengo. Mucho menos a mi hermana si es ella, ¿capisci?
—De acuerdo, jefe —colgué y regresé hacia el parque.
Me escondí en la oscuridad, donde no perdía detalle de lo que estaba haciendo la pareja. Hasta saqué mi arma cuando vi que el joven la besó y le apunté a la cabeza. No disparé, porque justo en ese momento fueron interrumpidos por el ruido de motocicletas.
—¡Demonios! ¿Y ahora qué sucede? ¿Me encontraron los sabuesos de Minetti? No puedo dejar que me agarren —retrocedí al tiempo que vi cómo las dos parejas conversaban entre sí—. Mejor me escapo y los sigo para ver dónde viven. No puedo dejar que se pierdan de nuevo.
El grupo de motociclistas se puso a recorrer toda el área.
Ahora estaba seguro. Era a mí a quien buscaban.
No podía dejar que me atraparan o todo por lo que había trabajado se iría al traste.
Desde mi escondite, seguí observando cómo las calles se inundaban de los hombres de Minetti, que no les prestaban atención a las parejas en el parque. ¿Sería o no sería Alessia Minetti?