¡Ups, me equivoqué papá, me equivoqué! (SERIE ¡UPS! nº 3) 79 . BUSCANDO UNA SOLUCIÓN
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79 . BUSCANDO UNA SOLUCIÓN

LILIAN:

Migueliño nos miró soltando un gran suspiro. Luego, con suma seriedad, comenzó a explicar que sabía que estábamos cerradas a la idea que propuso, pero que creía que era una buena solución.

—O, Lily, tendrás que hacerlo conmigo, y no sé si nuestros dragones no se van a poner celosos —dijo, muy serio—. Recuerda que a mí no me gustan las mujeres. Pero eso no quiere decir que no funcione con ellas. Aunque no sé si lograré excitarme contigo. Estoy cansado de verte desnuda y no me da nada.

—Eso es verdad —estuve de acuerdo con él—. ¿Y qué sugieres?

—Yo creo que, si no te funciona, al menos puedes ponerte una cosa de estas y darle duro a Lilian —sugirió Lucy, enseñando un cinturón con un enorme miembro.

Otra vez soltamos una carcajada, ambos. Por suerte, nosotros tres, desde que nos conocimos, nos queríamos como hermanos. Miguel era el hermano que nosotras amábamos con todo nuestro corazón. Confiábamos en él ciegamente.

—Eso sí estaría bueno, si mi Rufo me ve —rió, divertido, Migue mientras se ponía el cinturón—. Chicas, esto no va a funcionar, se los digo.

No dije nada. Seguí mirando todos los aparatos que proporcionaban placer.

Tenía la misma opinión de Miguel. Al ver que no le contestamos, sugirió que viéramos qué hacían todos los aparatos según las instrucciones.

Pero en cuanto llegaran nuestros hombres, los probáramos con ellos primero.

Si ellos aceptaban, trataríamos de al menos hacer el amor todos juntos en una misma cama.

—¿Qué opinan? Este es un problema de todos, no solo de Lily —me emocionó escucharlo decir eso—. No me quiero imaginar si descubren esa debilidad tuya los enemigos. De seguro la raptan y la obligan a estar con cualquiera para avergonzar a Ale, ¿se imaginan?

—¡Migue, no me asustes! —grité, asustada.

En todos los años que habían pasado desde mi intento de suicidio por no dejar que el mafioso me hiciera su mujer, jamás imaginé ese escenario, y realmente me aterró.

Por eso supe que Migue tenía razón. Tenía que aprender a acostarme con todos ellos.

Era mejor ir con Damián, que era el que más permanecía allí, o con Renart, que pasar por esa situación que describió.

—Lo hablaré con Ale en cuanto llegue para ver qué opina —dije de inmediato—. Ahora, con lo que pasó, pienso que debo tomar medidas para que nadie me descubra y utilice eso contra mí.

—No te dejaré que hagas esa locura. Déjame que te ponga otros aparatos de localización y no te los quites. Te los pondré en los pies, Lily. Así, cuando operes, no te estorban —dijo Lucy también, asustada ante esa posibilidad.

Migue no dejó de estar igualmente preocupado.

En verdad creyó que, después de todos los años desde mi intento de suicidio, nunca me descontrolé y que lo había superado.

Rufo le había explicado en aquella época mi problema, y sabía que era verdad.

Yo no me podía controlar y necesitaba que me hicieran el amor regularmente. Se acercó y me abrazó muy fuerte.

—No te preocupes, Lily. Si quieres, ando contigo a partir de ahora.

Estoy listo por si necesitas algo cuando Ale no esté.

Te complaceré y te ayudaré a aguantar hasta que él llegue.

¿De acuerdo? —propuso Migue—. No temas, te amo demasiado para dejar que alguien se aproveche de ti por eso.

Serás la única mujer por la que romperé mi regla de no estar con el sexo femenino.

Aunque no funcione el mío contigo, me pondré esa cosa que dice Lucy, nos encerramos aquí y utilizaremos todos esos aparatos en ti, ya verás.

Me emocioné al escucharlo. ¿Quién podía tener un mejor amigo como el mío? Lo abracé, agradecida por su disposición a ayudarme en todo. En ese momento estaba muy preocupada. Nunca antes había experimentado la agonía de desear tener sexo y no tener con quién.

—Lily, que no te entre el pánico ahora. Podemos solucionarlo juntos —dijo Lucy también, al ver la cara de terror que tenía—.

Al final, el hospital es de ustedes. No estás obligada a ir al trabajo cuando tengas una semana sin Alessandro.

Esa es la primera medida que debes tomar: permanecer en la casa cuando tu esposo no esté.

Así que comienza a delegar pacientes en otros doctores. Que te conozco, nunca quieres hacerlo.

—¡Lo haré, lo haré! Hasta puede que deje de trabajar y solo lo haga cuando esté Rufo aquí —dije, realmente asustada.

Todo se quedó en silencio por unos instantes. Lucy y Migue intercambiaron miradas, ambos con un aire de preocupación profunda. Ese tipo de tema, tan íntimo y tan peligroso, parecía comenzar a desbordarnos a todos. Pero yo no quería que me vieran como una mujer rota. No podía permitírmelo.

—Esto no es solo un tema de juego o placer, es supervivencia —dije de repente, rompiendo el silencio—. No quiero terminar siendo utilizada como un punto débil para Alessandro. No lo soportaría.

Lucy asintió lentamente. Supe que estaba de acuerdo conmigo. Se acercó para colocar sus manos sobre mis hombros. Ese mundo de la mafia nos había hecho hacer cosas que nunca ni en nuestras más locas fantasías habíamos imaginado. Pero lo habíamos hecho y lo seguiríamos haciendo.

—Lo que sea necesario, lo haremos juntas, ¿de acuerdo?

Pero sí, es un momento de ser inteligentes, no de dejarnos llevar por emociones —me dijo, con una fuerza que siempre me resultó tranquilizadora—.

Lo que tengas que hablar con Ale, hazlo cuanto antes.

Y no te preocupes, Migue y yo jamás permitiremos que te hundas como la última vez.

También hablaremos con nuestros respectivos esposos.

Por un instante, me sentí envuelta en su calidez, en la seguridad que me transmitían.

Eran mi verdadera familia. Lucy, mi prima, pero que se crió conmigo como mi hermana menor, siempre estaba ahí para ayudarme en todo.

Y Miguel, el joven que salvé cuando éramos adolescentes, se convirtió en el hermano que necesitaba.

—Gracias —susurré, realmente agradecida con los dos.

La puerta se abrió de repente, y ahí estaba Ellie, con ese aire despreocupado y alocado que siempre traía. Era la hermana gemela de Lucy, pero en carácter se parecía más a mí. Su prima.

—¿Interrumpo? —preguntó, mirando de reojo a Migue con el cinturón todavía puesto.

—Tú nunca interrumpes, ven aquí. Necesitamos tu ayuda —contestó Lucy alzando las cejas, y yo no pude evitar sonreír un poco, a pesar de todo—. Pero no puedes hacer locuras, Ellie. Esto es un asunto serio.

—Uy, esto va a ser interesante —dijo revolviendo todos los aparatos—. ¿Cómo funciona esta cosa? Que alguien me explique, esto no me lo pierdo.