77 . ENTRANDO SIN SABER DÓNDE
ALESSIA:
Mi corazón latió acelerado. Estaba petrificada ante la visión del chico que me había perseguido por cinco años. ¿Cómo pudo encontrarme? Vi cómo levantó el visor despacio. Me pareció que lo hacía en cámara lenta. Quería moverme, no sabía si para escapar o para ir a su encuentro.
Gian también se había dado cuenta de que me había quedado helada ante la visión del joven, por lo que lo inspeccionó, y lo que descubrió no lo podía creer.
Sin darle tiempo a que me observara bien, con un movimiento rápido me giró de espaldas a él y me abrazó muy fuerte, como si presintiera un peligro por la manera en que aquellos otros ojos verdes me miraban.
Al cambiar la luz, el motociclista se marchó, aunque giró varias veces la cabeza hacia atrás.
Gian ahora no sabía qué hacer, si avisar que vio al chico que perseguía a la hija del Capo di tutti i capi, o seguir con Alessia hacia su destino.
Sin embargo, tenía miedo de que si la dejaba sola ahora, se molestara con él.
Ella le gustaba de verdad y en esos momentos le agradaba mucho la sensación que sentía al tenerla en sus brazos.
No quería perderla, por eso, decidido, no la soltó.
—Vamos, ya cambió la luz —dijo Filomena, que al vernos abrazados sonrió.
Mis piernas no querían funcionar y por eso dejé que Gian siguiera abrazándome.
Estaba segura de que me reconoció. Pude notar que Gian también estaba muy nervioso.
Por algún motivo me percaté de que, como yo, no sabía si debía seguir o no.
En esos momentos me embargó un sinnúmero de emociones que no entendía.
Mi corazón saltó alborotado al ver al joven de la motocicleta. No sabía si era de alegría o de temor. Por un lado quería llamarlo ahora que no había nadie para que me lo impidiera y conocerlo al fin. Por el otro, tenía a Gian, del que creía estar enamorada por lo que me había hecho sentir.
—Gian, hay algo que debo confesarte… ese chico, este…, yo… —quise ser sincera con él.
—Espera Alexcía, necesito hacer una llamada primero, ¿sí? Espera aquí un momento —me interrumpió para mi sorpresa.
GIAN:
Por mucho que quisiera obviar la situación, no podía ser tan irresponsable.
Tenía, primero que todo, que avisar del dragón dorado, que era la orden emitida a todos los dragones.
Segundo, porque necesitaba saber cómo debía continuar, ya que no estaba seguro de la orden que me había dado el Capo di tutti i capi.
Aunque estaba decidido a luchar por ella sin importar quién fuera su familia, el deber era primero que todo lo demás. Tomé mi teléfono y le marqué a Humberto, que contestó al momento.
—Señor, acabo de ver aquí en el semáforo de la esquina al dragón dorado que andan buscando —le informé de inmediato—. Ese joven de la motocicleta que persigue a la hija de Minetti.
—¿Sí? ¿Andaba solo? ¿Viste para dónde se dirigía? —Me llenó de preguntas.
—Sí, andaba solo. Se dirigía hacia el centro de la ciudad —contesté mirando cómo Alexcía se abrazaba a ella misma.
Humberto me agradeció la información y me pidió que permaneciera en alerta.
Aseguró que los guardias que nos cuidaban de seguro lo vieron también y debían estarlo siguiendo ya.
No sé por qué, al ver cómo ese chico miró a Alexcía y el modo en que ella reaccionó, me entró una sospecha y decidí arriesgarme a preguntar para no cometer ningún error.
—Señor, no sé si debo preguntar esto. ¿La señorita Alexcía que cuido es la hija del Capo di tutti i capi? —Lo solté con el corazón en la mano.
—No, es la hija de Franco —contestó sin demora—. ¿Por qué lo preguntas?
—Es que señor, me gusta en verdad —confesé decidido—. ¿Puedo tener una relación con ella?
—Gian, sabes que estás trabajando —me recordó—. ¿Ya averiguaste lo que quiere el Capo?
—Sí. Franco solo está averiguando quiénes son los asesinos de su familia. Eso ya se lo dije. Ah…, hace un rato Bosco me dijo que salieron huyendo de los dragones de fuego de Sutera —informé de inmediato—. Que su papá era uno de ellos, y que dijeron que Franco era un dragón perdido de la décima.
—¿Dijo eso? ¡Bravo Gian, buen trabajo, lo lograste! —exclamó Humberto, entendiendo ahora mejor la situación—. En cuanto a lo que me preguntas, ¿crees que puedes confiar en ella?
—Parece buena chica, señor. Y me gusta de verdad.
Sé que estoy trabajando, pero nunca me había enamorado de una mujer —hablé con el corazón—.
Alexcía es todo lo que siempre quise. Estoy realmente enamorado de ella, pero si el Capo Mayor no me lo permite, no avanzaré por ahora hasta que termine de trabajar.
Se hizo un silencio en que solo escuchamos las respiraciones del otro.
Sabía que no debía enamorarme, pero en el corazón nadie manda.
Yo, que había tenido muchas mujeres locas por mí, nunca había entregado mi corazón.
Pero con Alexcía era diferente. No podía contenerme.
Era la mujer que me removía el alma. Aunque estaba consciente de que no debía fallar en mi misión.
—¿En serio te gusta tanto esa chica? —preguntó de nuevo Humberto.
—Sí, se lo juro. Me gusta, para tener todo con ella. ¿Se molestará el Capo di tutti i capi si lo hago ahora? —pregunté lleno de esperanza—. Es que me temo que la voy a perder si no aprovecho esta oportunidad.
—No creo que mi Capo se moleste. Por eso lo dejo a tu criterio, Gian. Pero… no juegues con ella ni la hagas sufrir. ¿Capisci? —me aclaró de inmediato—. Si no es para algo serio lo que la quieres, detente. No quieras saber lo que te puede pasar si la haces sufrir.
—Señor, le dije que es la primera vez que me vuelve loco una mujer sin hacerme caso —dije emocionado—. La respetaré y no dejaré de cumplir con mi trabajo. ¡Se lo aseguro!
—Entonces, buena suerte Gian. La vas a necesitar —se despidió de mí.
Guardé el teléfono y corrí al encuentro de Alexcía, que estaba conversando junto a Bosco y Filomena.
Al verme llegar, continuamos nuestro camino hacia el parque.
Podía ver cómo se estrujaba las manos nerviosamente.
También que había estado tratando de encontrar la manera de explicarme la reacción que tuvo al ver al chico en el semáforo.
—¿Estás bien, Alexcía? —pregunté tratando de comenzar a conversar—. ¿Conoces a ese chico?
Alexcía se quedó observándome con una mirada confundida. Le tomé las manos para que dejara de estrujarlas. ¿Por qué estaba tan nerviosa?