¡Ups, me equivoqué papá, me equivoqué! (SERIE ¡UPS! nº 3) 76 . UNA HERMANA ADORABLE
30%

76 . UNA HERMANA ADORABLE

ALESSIA:

Filomena se acostó en la cama mientras me contó que Bosco y ella se criaron juntos.

Desde niña fue así, como la veía. Es decir, bonita como yo, y los chicos le caían atrás.

Él se podía ir a su casa. Los demás no, porque le temían a su papá.

Entonces se fueron haciendo más cercanos.

Él no dejaba que nadie se acercara a ella en la escuela y eso le gustaba. Siempre le gustó.

—Cuando crecimos, nos dimos cuenta de que nos gustábamos como hombre y mujer —continuó con una gran sonrisa—. Y un buen día, cuando tenía creo que dieciséis, me besó de pronto en los labios en medio del campo.

—¿De veras? ¿Tan joven? —pregunté asombrada.

—Sí, yo me molesté. Pero me había gustado mucho. Se me llenó el estómago de mariposas, ji, ji, ji… —se ruborizó en ese momento.

—Yo también sentí mariposas en mi estómago —dije acostándome a su lado.

—¿De veras? Entonces eso quiere decir que Gian te gusta de verdad —aseguró con firmeza—.

También cuando Bosco me besó se me aflojaron las rodillas y quería besarlo a él también.

Y lo hice, lo besé en la boca. Ji, ji, ji…

¿Si llegaras a ver la cara de asombro que puso Bosco?

Ja, ja, ja… fue muy cómico. Luego me agarró y me besó a la fuerza.

—¿A la fuerza? ¿Por qué? ¿No querías? —pregunté de nuevo.

Parecía que Filomena, como yo, estaba disfrutando de poder contar todas esas cosas a una chica como ella.

Cuando el beso terminó, su mente empezó a funcionar.

Si se hacía novia de Bosco tendría que casarse con él.

Luego ir a vivir en la casa del alcalde con su madre y su hermana Marena, que eran unas diablas.

Y se arrepintió y se negó hasta entonces a ser su novia.

—Pero Bosco sí me ha gustado toda la vida y le prohibí hacerse novio de otra.

Ja, ja, ja… Luego él me obligó a ser su prometida, por eso estaba furiosa —siguió contando divertida—.

Si me llega a decir antes que tenía un plan para irnos lejos de Sutera, no lo habría maltratado, aunque lo besaba cada vez que quería, ji, ji, ji…

—¡Qué mala! Ja, ja, ja…, entiendo ahora por qué le pediste que viniera contigo. ¿Qué crees que debo hacer? —Regresé a mí queriendo aprender más.

—Bueno, ya Gian te dijo que le gustas, que está enamorado de ti. Creo que debes decirle que a ti también te gusta él —sugirió muy seria.

—¿Tú estás loca? Me da pena —y otra vez me sentía avergonzada.

Filomena se sentó en la cama para mirarme al rostro. No me creía que no hubiera tenido una relación con un joven antes.

—Mi hermana, en serio, ¿nunca antes tuviste un enamorado? —preguntó directamente.

—Sí, tuve. Pero nunca me dejaron acercarme a ellos —contesté sinceramente—. Era la primera vez que un chico me enamoraba y me besaba y…, y…, y me gustó mucho. ¡Me gusta Gian! Ji, ji, ji…

—No entiendo, Alexcía. ¿En verdad los tíos Ronaldo y esa diabla de Eleonora te trataban mal como dice Ray y te dejaban sola todo el tiempo? —preguntó, y me puse seria—. ¿Por qué no hablas nada de la vida con ellos?

Se me cortó la risa enseguida. Observé a Filomena, que esperaba que le respondiera.

¿Qué podía decirle? No quería perderla, que era lo que pasaría si le contaba la verdad.

Que no era su hermana y que no tenía ni idea de quiénes eran sus tíos, y que los había estado engañando todo ese tiempo.

La abracé muy fuerte, temiendo perder esa hermosa amistad que al fin había logrado tener.

—Filo, no es que no quiera contarte, es que no sé si me atrevo. ¿Puedes darme un tiempo para decirte toda la verdad? —pregunté, no queriendo engañarla más—. Te prometo que lo haré. Te juro que te voy a seguir queriendo como lo hago ahora y espero que tú también.

—¿Qué locuras dices? ¡Eres mi hermana y no importa si me dices o no, yo te amaré la vida entera! —Dijo con firmeza—. Disculpa por preguntar. Cuando quieras me cuentas, o no. Ahora sigamos en lo que estábamos. ¡Tienes que decirle a Gian que te gusta!

—¡No! Voy a esperar que me pregunte de nuevo —dije agradecida de que no insistiera.

—No funciona así. Ahora mismo debe estar pensando que no te gusta —dijo, y la miré asustada.

Gian había puesto una cara muy extraña cuando no hablé. Le dije que ya era muy tarde, que mejor se lo decía mañana.

—¿Mañana? No, ya viste que Noelia quería meterse en su casa hoy —pensé que tenía razón—. Debes decírselo ahora que todo está en caliente para que no le entren ideas. Dale, llámalo.

—¡No! Dame el teléfono, Filo. ¡No te atrevas a llamarlo! —Pero ya Filomena le había marcado y Gian había respondido—. Gian, espera, mi hermana quiere decirte algo. No vayas a colgar.

Giró hacia mí, que no sabía qué hacer con el teléfono tapado para que no escuchara, mientras me susurraba que le dijera que a mí también me gustaba. Negué repetidamente, sin querer tomar el aparato y pidiendo que hablara ella. A mí me daba pena.

—Habla, que te está esperando —dijo Filomena, y me dio el teléfono.

—¡Filo! —Pero coloqué el aparato en mi oído al escuchar a Gian llamándome, ante la mirada ansiosa de Filomena.

—¿Alexcía?

—Disculpa Gian, es que mi hermana…

—¿Qué es eso que me quieres decir? —preguntó ansiosamente.

Sabía que comprendió que Filomena lo estaba ayudando, por lo que no quería perder la oportunidad de presionarme a contestar. Había perdido casi las esperanzas mientras pasaba con desgana los canales de televisión en su casa, cuando entró la llamada.

—Alexcía, ¿es lo que tanto ansío? —preguntó de nuevo.

—Gian, yo…, yo…, yo también… —tartamudeé mientras veía a Filo haciéndome señas de que hablara.

—¿Tú también qué, Alexcía? ¿Por qué no voy y me lo dices en persona? —sugirió Gian.

—¿Venir? Este…, yo…, no sé si debiera… es tarde.

—Espérame, que ya voy…

Y sin más, colgó sin darme tiempo a nada más. Al momento sentimos cómo tocó la puerta. Se la abrió Bosco y se sentó a esperar por mí mientras hablaban de fútbol. Yo me había quedado mirando el teléfono sin saber qué hacer. Filomena me miró queriendo saber qué había pasado.

—Dijo que venía para que se lo dijera en persona y ya llegó —me puse nerviosa—. ¿Y ahora qué tengo que hacer?

—Corre a bañarte y cambiarte de ropa, yo lo entretengo —contestó Filomena entusiasmada.

Y salió para pedirle a Bosco que entretuviera a Gian. Al verlo sentado, regresó a la habitación donde estaba tratando de escoger qué ponerme y todo me parecía feo. Al final me puse un pantalón y una blusa ajustada.

—¿Y si me invita a salir? —susurré.

—Vas —fue su escueta respuesta.

—¿Tú también vendrás con Bosco? —pregunté asustada.

Aceptó enseguida y salimos. Gian estaba conversando con Bosco. La tía Annette no se había dado cuenta de nada por estar en la cocina aprendiendo cómo se usaba todo. Al verme, se puso de pie.

—Hola —saludé tímidamente.

—Chicos —Gian se dirigió a los demás—. ¿Podemos ir un rato al parque del frente?

—Sí, vamos —asintieron los dos rápidamente.

Tomamos el elevador. Al llegar afuera nos dirigimos al parque que había cerca. Cuando estábamos detenidos para cruzar la calle en un semáforo, una motocicleta que conocía muy bien se detuvo justo frente a mí. ¡No lo podía creer! ¿Cómo me encontró?