75 . VIVIENDO EL AMOR
ALESSIA:
Salí corriendo y me encerré en mi habitación emocionada. ¡Nunca, pero nunca, había experimentado lo que me hizo sentir Gian! Estaba tratando de comprender qué era, cuando vi que Filomena entró y se acostó conmigo en la cama, sonriendo.
—No seas mala, mi hermana. Dime qué pasó —insistió emocionada—. ¡Estoy muriendo de la agonía! Dale, dime.
Juntó sus manos como si me estuviera rogando.
Me senté en la cama al verla y me tapé la cara, emocionada.
¡No podía creer que al fin un chico me hubiera enamorado y besado!
Y no uno cualquiera, sino el más guapo de todos, por el que todas las chicas se desvivían.
¡Me prefirió a mí a pesar de mis ropas baratas y de mal gusto!
Eso quería decir que al parecer le gustaba de verdad a Gian.
—¿Qué pasó? —insistió Filomena.
—Nada, chica, me preguntó si tenía novio y le dije que no —conté apenada y entusiasmada al mismo tiempo—. Luego, aquí en la puerta, me dijo que le gustaba como mujer. Que estaba enamorado de mí.
—¿Y? —preguntó con ansiedad.
—¿Qué más quieres? ¡Solo pasó eso! —respondí confundida.
Filomena soltó la carcajada al ver lo apenada que estaba. Mis orejas estaban calientes, lo que significaba que debía estar toda ruborizada.
—No me lo creo —insistió Filomena. Al ver mi nerviosismo y lo roja que estaba, supo bien que debían haber sido provocados por otra cosa—. Pasé por lo mismo, ¿te besó? ¿Es eso?
—¡Filo!... —escondí el rostro con mis manos—. Ji, ji, ji… sí, me dio un besito en la mejilla, muy cerca de la boca. Ji, ji, ji…
—¿Solo eso? —preguntó decepcionada.
—¿Y qué más quieres? —pregunté riendo ahora, disfrutando de poder conversar de esas cosas que solo las chicas hablamos.
La abracé feliz. Ya la quería como a una hermana de verdad. Solo me apenaba tener que mentirles a todos. Me había encariñado tanto que no quería perderlos, y a cada rato rogaba en mi mente para que mi papá lo arreglara todo y no permitiera que los perdiera. La voz de Filo me hizo prestar atención.
—Ay, mi hermana, tienes que reaccionar —me dijo mientras nos volvimos a sentar en la cama, una frente a otra.
—¡Filo! ¿Qué querías que hiciera? —me detuve y me armé de valor para confesar la verdad—.
Era la primera vez que me encontraba en una situación como esa.
No sabía qué hacer. ¿Qué hubieras hecho tú en mi lugar?
Desde que lo conozco lo he rechazado. Apenas si le hablaba, y ahora voy a decirle así no más que me gusta. Creo que no me iba a creer.
—¡Claro que te iba a creer! —Dijo con seguridad—. Gian está muerto contigo, Alexcía. Todos nos hemos dado cuenta, solo tú eres la que no lo entiendes.
Era verdad que no tenía ni idea de las relaciones amorosas. Era mi primera vez. Y a pesar de haber leído muchas novelas románticas y visto a mis compañeras, no era lo mismo experimentarlo uno mismo. Porque las emociones se descontrolaban y no te dejaban pensar bien.
—No lo creo. Vive hablando con Noelia —le dije pensativa—. Hoy mismo ella hasta quería venir a su apartamento.
—¿Qué? ¿Esa quiere arrebatarte a tu novio? —Dijo con vehemencia Filomena.
—¡No es mi novio! —protesté, pero mi corazón saltaba desbocado.
—¿Por qué no quieres? —espetó Filomena—. Ya él se confesó y hasta te besó. Si Gian hubiera querido estar con Noelia, Clara, Mirta o Elena, ya lo hubiese hecho. Despierta, Alexcía, es guapo y vive solo. ¡Tienes que hacer algo ya!
—¿Cómo qué? —pregunté, realmente queriendo saber, porque también sabía que lo que me decía era cierto.
Todas esas chicas que trabajaban con nosotras eran muy bellas, vestían mejor que yo y sabían cómo coquetear con los hombres. Le vivían cayendo atrás y tirándose arriba de Gian, cosa que me enfurecía mucho. Antes no sabía el motivo, pero ahora sí. ¡Me gustaba, me gustaba mucho y lo quería para mí!
—Dime tú, que tienes más experiencia, ¿qué debo hacer, Filo? —pregunté ilusionada.
—Tienes que besarlo —sentenció Filo.
—Ji, ji, ji… bueno… ji, ji, ji…
—¡¿Dime que lo hiciste?! —Me miró como si fuera una jueza—. ¡No puedes dejar que te lo quiten, mi hermana! ¿Lo besaste?
—¡Sí…! Ji, ji, ji… —volví a esconder mi rostro con mis manos.
Me sentí en verdad avergonzada, y al mismo tiempo muy emocionada por haber besado a un chico que no fuera mi hermano o primos, por primera vez.
—¡¿Qué?! ¡Alexcía, entonces ya son novios, tonta! Cuando uno besa a un chico que te enamora, eso significa que lo aceptas. ¡Son novios! ¡Sí…! —gritó alborotada Filomena y me abrazó feliz, haciéndome reír ante su entusiasmo.
La miré con incredulidad y al mismo tiempo feliz de ver cómo se alegraba por mí. ¡Cómo me hubiera gustado tener una hermana desde pequeña como Filo! Pero qué alboroto era tanto que me acordé de ese detalle que ella acababa de mencionar y la detuve.
—Espera, Filo —dije desprendiéndome de su abrazo—. ¿El beso tiene que ser en la boca?
—¿Qué quieres decir? ¿No fue en la boca? —preguntó enseguida.
—No, lo besé igual que él me besó, en la mejilla, cerca de su boca. ¿Eso no es lo mismo? ¡Lo besé! —dije sin entender.
—¡Alexcía! —gritó Filomena, haciéndome saltar asustada—. ¡Tienes que besarlo en la boca para que se hagan novios!
—¿En serio? —nos separamos poniéndonos serias—. Pero Gian no me besó en la boca.
—No es lo mismo. Te estaba enamorando —aclaró ella—. Tiene que esperar a que le digas que sí. Tenías que besarlo en la boca en respuesta.
—No sabía. Pensé que si lo besaba iba a entender que también me gustaba. No es tonto. Uno no anda besando a los chicos que no le gustan, ¿o sí? —la miré llena de curiosidad—. ¿Tú besaste a Bosco la primera vez que te dijo que le gustabas?
Ella se detuvo y me miró mientras me contó que no era que supiera mucho, pero que si se juntaba con las chicas que hablaban de eso, sabía un poco más.
Había visto los enamoramientos de otros y tenía una mejor idea de cómo iba la cosa.
Contrario a mí, que estaba en blanco. Lo que sabía era porque lo había visto en las películas o leído en libros, pero no era lo mismo.
Por mucho que me lo hubiera imaginado, cuando sentí todo lo que me provocó el beso de Gian, no supe cómo comportarme ni lo que debía hacer.
Por eso ahora estaba interesada en la historia de Filomena y Bosco.
—Dale, cuéntame cómo fue lo tuyo y de Bosco. ¿Lo besaste enseguida? —Insistí llena de curiosidad.
—Lo de nosotros es diferente. Siempre andábamos juntos desde niños —contestó volviéndose a sentar a mi lado en la cama—. Sí lo besé. Éramos unos niños cuando eso pasó. Los dos queríamos saber qué se sentía besarse como los adultos.
—¿De veras? ¿Y cómo fue? —pregunté de nuevo. Ahora quería saber todo con detalles para aprender—. ¿Qué se siente cuando se besa en la boca?