73 . CONFESIÓN INESPERADA
ALESSIA:
Filomena le explicó que todos queríamos trabajar. Teníamos que reunir dinero para ir a la escuela, igual que él. Enseguida Gian se interesó por saber a qué escuela íbamos. Él todavía no sabía en qué universidad estudiaría.
—¿Puedo ir con ustedes a ver las escuelas? No conozco Roma —dijo mientras avanzábamos hacia la caja.
—Alexcía sí la conoce. Ella nos va a llevar, ¿verdad, mi hermana? —dijo Filomena empujándome hasta colocarme frente a Gian.
Nunca en mi vida me había sentido como lo estaba haciendo en ese momento. Por mucho que trataba de parecer normal, la cercanía de Gian me hacía ponerme roja. Desde que Filomena me dijo que yo le gustaba, no sabía cómo comportarme. Lo veía mirándome fijo, en espera de que yo respondiera.
—Sí, sí, seguro, puedes venir con nosotras —contesté tímidamente, bajando la mirada ruborizada. Gian solo sonrió complacido.
—Perfecto —dijo sin dejar de mirarme.
Me quedé mirando a Gian con el corazón latiendo tan acelerado que creí que se me iba a salir del pecho. Sin poder evitarlo, bajé la mirada, toda ruborizada. Él parecía muy complacido. Era la primera vez que podía conversar conmigo, si a eso se le podía llamar conversación.
Estábamos por salir del trabajo cuando vimos a Bosco, que vino a buscar a Filo porque no tenía que hacer guardia. Caminamos felices, ellos delante de la mano y yo al lado de Gian, detrás.
—¿Puedo preguntar algo personal, Alexcía? —habló Gian, deteniéndose un momento para verme de frente.
Llevaba días esperando una oportunidad como esa para hacerle la pregunta, aunque ya sabía la respuesta porque Bosco se la dijo. Quería asegurarse. Podía ser que ellos no estuvieran enterados de nada.
—Sí, sí, claro. ¿Qué es? —pregunté sin mirarlo.
—¿Tienes novio? —preguntó, y me quedé paralizada.
No respondí de inmediato. Echamos a andar uno al lado del otro, no como otras veces que yo hacía todo lo posible por poner distancia entre los dos.
Gian se detuvo una vez más para hablar, pero miró hacia atrás y volvió a echar a andar.
Estaba muy nerviosa y no sabía qué pensar, porque Gian no decía nada más.
—¿Tienes? —repitió.
—No, no tengo novio —respondí bajando la voz.
—Perfecto —lo escuché decir.
Reiniciamos la marcha uno al lado del otro hasta que llegamos a la casa.
Filomena y Bosco entraron. Yo me quedé un momento sin saber qué decir, frente a la puerta, con mi mano colocada en el picaporte, sin decidirme a entrar, como si esperara algo más, mirando a intervalos a Gian.
Quería seguir el consejo de Filomena de invitarlo a ver una película, pero no me atreví.
Gian, al darse cuenta de lo que estaba pasando, se me acercó y, sin más, para mi desconcierto, se inclinó y me dio un beso en la mejilla, muy cerca de la comisura de los labios.
Retrocedí asustada, estremecida completamente.
Mis rodillas temblaron y mi estómago se llenó de mariposas.
Era tanta mi sorpresa ante lo que me hizo sentir ese pequeño beso, que levanté mis ojos verdes llenos de emoción para mirarlo interrogativamente.
—¿Gian…? —pronuncié su nombre con miedo, de una manera llena de interrogantes, como si quisiera saber qué significaba lo que acababa de hacer.
Al notar la curiosidad en mi mirada, Gian tragó en seco y se me acercó aún más. Casi estábamos pegados, sin que yo retrocediera ni dejara de mirarlo a los ojos. Gian sintió que esa era su gran oportunidad. Era ahora o nunca. Tomó aire y comenzó a hablar rápido sin dejar de mirarme.
—Me gustas, Alexcía, no soy alguien que se anda con rodeos.
Me gustas mucho como mujer. Desde el primer día que te vi, quedé prendado de tus lindos ojos verdes y de toda tú.
Todo este tiempo que llevamos conociéndonos, cada día me enamoro más, aunque no sé si compartes mis mismos sentimientos —tragó en seco y siguió hablando muy rápido—.
Sé que para una chica puede ser muy pronto, apenas llevamos un mes conociéndonos.
Pero temo tanto que te enamores de otro, o me malinterpretes con tantas chicas arriba de mí en el trabajo.
¡Te juro que solo tengo ojos para ti! A ellas las trato por cortesía y educación.
No quiero que pienses que me he fijado en alguien más que no seas tú, y a lo mejor no debiera hacer esto, pero no quiero perderte…
—Gian, yo…
No supe qué decir. Era la primera vez que me acercaba tanto a un chico, y mucho menos me había dejado besar ni enamorar.
Mi mente se quedó en blanco. Miles de emociones me embargaron.
Había imaginado esa escena millones de veces y hasta tenía planificado cómo debía responder, pero en ese momento nada venía a mi mente y no sabía cómo reaccionar.
—No te estoy pidiendo que me respondas nada ahora mismo, solo te dejo saber que me gustas mucho como mujer —habló de nuevo con seriedad—. Si sucede algo más entre nosotros, todo va a depender de ti. Yo estoy a tu entera disposición. Me harías muy feliz si correspondieras a mis sentimientos.
—Yo... yo... yo no sé qué decirte, Gian —al fin logré decir.
En ese momento sentí que en cualquier momento me iba a desmayar.
Llevaba tanto tiempo añorando que un chico se fijara de verdad en mí y me enamorara, que ahora que estaba sucediendo no sabía cómo debía responder.
Era mi primera vez en todo. No solo en que me enamoraran, sino en estar tan cerca y sola con un chico.
¡Jamás en toda mi existencia había logrado estar así!
Y eso me daba un poco de miedo, también porque en ese momento no sabía cómo contestar.
Quería decirle que también me gustaba, pero…
¿sería apropiado confesarle eso a un chico que me enamoraba por primera vez, a un mes de conocernos?
No tenía ni idea. Lo miré sin poder desprender mi mirada de la ansiosa, interrogante y suplicante de Gian.
¿Estaría bien decirle que quería tener algo con él? ¿Sería correcto?
Gian, al ver que me había quedado en silencio mirando fijo a sus ojos sin pronunciar palabras, suspiró, creyendo que no le gustaba. Por lo que decidió no seguir insistiendo esa noche. Se acercó de nuevo a mí.
—Buenas noches, Alexcía, te veo mañana —dijo con un tono muy bajo.
—Buenas noches, Gian —murmuré viendo cómo se alejaba.
Apenas logré decirlo emocionada, aunque no se me escapó cómo el rostro de Gian se llenó de decepción.
Y ahora era yo la que lo detuvo por el brazo.
En un impulso me levanté de puntillas y lo besé en la mejilla, para luego entrar corriendo a mi casa y cerrar la puerta, recostándome de ella emocionada, apretando mi pecho tratando de controlar los latidos de mi corazón.
—¿Y? —Me preguntó emocionada Filomena—. ¿Se hicieron novios? ¿Te dijo algo?
—¡Filo! —grité toda colorada ante su mirada y la de Bosco.