¡Ups, me equivoqué papá, me equivoqué! (SERIE ¡UPS! nº 3) 56 . LA FIESTA DE KENET
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56 . LA FIESTA DE KENET

LILIAN:

Me tomó entonces nuevamente de las caderas y me giró sin dejarme terminar.

No me quejaba. Estaba tan desesperada que disfrutaba en extremo lo que me hacía.

Hasta que sentí cómo me penetró de un golpe para iniciar a bombear con todas sus fuerzas, demostrando su poderío.

Debido a mi problema, era muy activa. Por eso también sentí una enorme liberación y regocijo que me ayudó a relajarme.

Me hizo disfrutar hasta hacerme terminar incontables veces, mientras se aguantaba.

Me conocía muy bien. Debía hacer que toda esa necesidad y hormonas alborotadas mías se liberaran.

Por eso, a pesar de querer salir corriendo a ver qué pasaba con nuestra hija, me embestía furioso.

Aguantaba las ganas de echarme a llorar ante el miedo de haberla perdido, o de pensar que en esos momentos estuviera siendo torturada por nuestros enemigos.

Sin embargo, a pesar de que me hizo el amor salvajemente, como si quisiera castigarme por todo hasta el cansancio, no me habló, no me dijo dónde estaba Alessia ni lo que creía que había pasado con ella, por mucho que le rogué.

—Está bien cuidada —fue lo único que me dijo antes de salir y dejarme en el baño.

Suspiré y terminé de bañarme. Me vestí aliviada y bajé a la fiesta que le habíamos preparado a nuestro hijo Kenet. Me llamó la atención una chica que parecía haberla visto antes.

—¿Quién es ella, Kenet? —le pregunté, al ver cómo la rehuía cada vez que la chica se le echaba encima.

—No lo sé, es la primera vez que la veo. ¡Es un fastidio! —Contestó molesto.

—¿No es de tu escuela? —Insistí.

—No, creo que vino con mi primo Laurent —contestó mientras saludaba a sus amigos.

—No me gusta. Mira cómo te observa, como si estuviera buscando a alguien. No te fijes en ella —le advertí de inmediato—. Se ve que quiere algo contigo por la forma en que te mira, te persigue y sonríe. ¡No vayas a perder la cabeza con ella!

Mi hijo se quedó por unos momentos en silencio observando. Me contraí al percatarme de que sonaba como una madre celosa, ¡otra vez! Pareció darse cuenta y me abrazó con cariño.

—Está bien, mamá, no te pongas celosa. No la miraré, tampoco me gusta.

Sabes que estoy enamorado de mi novia. No la voy a engañar con alguien como ella ni con nadie —me contó con su brazo sobre mis hombros—.

Me costó mucho trabajo que me aceptara para echarlo a perder ahora.

Quiero formalizar nuestra relación en cuanto regrese de su viaje.

Estás avisada para que no me hagas un teatro, mamá.

—No lo haré —me apresuré a decir—. Si es la mujer que escogiste y es una buena chica, te apoyaré. ¿No vino?

—No. Hace tiempo que no sé de ella. Nadie la ha visto.

Me había dicho que se irían de viaje, pero me canso de llamarla y no me responde —me contó mirando su teléfono, y eso me extrañó, ese día era su cumpleaños—.

Se fue con sus padres, la casa también está cerrada y nadie sabe a dónde se dirigieron. Ella no me dijo porque no sabía.

—¿Ni siquiera hoy que es tu cumpleaños te llamó? —Lo interrogué intrigada.

Negó con la cabeza. Pude ver la tristeza reflejada en su rostro. El día que debía ser muy feliz no tenía a las dos mujeres que más deseaba ver: su novia y su hermana.

—¡Es el peor cumpleaños de mi vida! —exclamó de pronto.

—Paciencia, hijo, y discúlpame. Sé que me equivoqué con tu hermana —le pedí mientras le acaricié el rostro—. Ve a divertirte un poco. Es la primera vez que tu padre deja que hagas una fiesta en la casa con todos tus conocidos. Aprovecha.

Ahora que estaba más calmada y podía pensar con claridad, fui a donde estaba mi hermana Lucy, que me llamó y me llevó a su oficina de vigilancia.

—Lily, quería pedirte disculpas —dijo en cuanto cerró la puerta—. No debí decirte aquello delante de todo el mundo. Aunque es verdad lo que te dije.

—¿Qué disculpa es esa? —Me reí mientras la abracé—.

Está bien, mi hermana, te perdono. Tienes razón.

Siempre me advertiste y yo no te hice caso.

Es que me gustaba ver cómo le brillaban los ojos a Alessia cuando le hacía esas historias.

Yo sabía que no hacía bien, pero es como que me dio por competir con Ale.

Él tiene tantas historias que contar que ella no se cansaba.

Entonces inventé esas bonitas para atraerla para mí también. Fui una estúpida.

—Ya veo. No puedo creer que te pusieras celosa de tu esposo. ¿Te ayudó con tu problema? —preguntó al verme más tranquila.

—Sí, hace un rato. Estuve a punto de ir con Rufo, no te lo niego —le confesé—. ¡Uf! Estaba a punto de explotar como un volcán.

—¡Lily! ¡No te atrevas a engañar a Ale y menos con Rufo! —Dijo alarmada de inmediato—. ¡Perderías no solo a tu esposo sino a tu mejor amigo!

—¿Y qué querías que hiciera? ¡Para ir con cualquiera, voy con Rufo!

—dije como siempre sin pensar—. Ya no sabía qué hacer.

Hoy, en el trabajo, cuando salimos de operar, no sabes cómo me tuve que aguantar para no saltarle encima cuando se quitó la camisa.

Por primera vez en mi vida vi lo hermoso y varonil que era, y lo que se gastaba era tremendo.

—¡Lily! —Me regañó dándome una plomada—. ¿Qué es esa locura que estás diciendo? ¿Cómo pudiste ponerte a mirar a Rufo como hombre?

Me reí al ver lo nerviosa y asustada que se había puesto con mis locuras.

Aunque era todo verdad lo que le decía. Ese día quería que Rufo lo hiciera conmigo.

Parecía que habló con Alessandro como mi doctor que era, y lo hizo regresar a la habitación.

Abracé a Lucy, que estaba toda colorada como siempre que hablábamos de cosas íntimas.

—No te pongas así. Lo hice sin darme cuenta, es mi problema.

Fíjate si lo estaba mirando como hombre, que hasta se dio cuenta.

Me inyectó y me dio un consolador —me reí al ver su expresión—.

¡Me obligó a hacerlo en el baño porque tenía miedo de que le saltara a cualquier hombre arriba!

No te lo niego, ¡todos los hombres en el trabajo me volvían loca!

Por eso no me separo de mi cuñado. Si le voy a saltar a alguien encima, será él, que me comprende.

—¿En serio te vuelves tan loca, Lily? —preguntó preocupada ahora.

Asentí. Era algo que no podía controlar. Mi cabeza se volvía más loca de lo normal. ¡Todo me excitaba, hasta mi ropa! Ya estaba que lo único que veía eran miembros de hombres.

—¡Te lo juro, Lucy! Si Ale no llega a subir hace un rato y complacerme, hubiera ido a pedirle a Migue y a Rufo que me lo hicieran hasta el cansancio —confesé la verdad.

—Eso es muy serio —se quedó pensativa antes de decir—. Podemos aprender cosas juntas, te ayudaría mi hermana, pero no cometas esa locura. Mejor enciérrate en la casa cuando te sientas así. Hazme caso una vez en tu vida, Lily. ¡No cometas esa locura o ese dragón tuyo te va a matar!