¡Ups, me equivoqué papá, me equivoqué! (SERIE ¡UPS! nº 3) 50 . ACLARANDO TODO
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50 . ACLARANDO TODO

FILOMENA:

Bosco bajó la cabeza. Era un gesto que hacía cuando estaba abochornado.

Lo conocía demasiado bien. Crecimos juntos desde que tuve uso de razón.

Sabía exactamente lo que no me decía. Ambos sabíamos de qué pata cojeaba su papá.

Era una de las cosas que me aterraba y por la que no aceptaba casarme con él.

Temía que me fuera a hacer algo cuando no estuviera él, como le hizo a aquella sirvienta y a todas las demás mujeres que sabíamos.

—¿Por eso te fajaste con él? —pregunté queriendo asegurarme.

—Sí, fue por eso. Eso me llena de vergüenza.

Por eso siempre admiré a Franco y quiero seguir su ejemplo.

Creo que por pasarme todo el tiempo en tu casa desde niños, aprendí a ver cómo era mi familia y a admirar a mi suegro.

Quiero ser como él, un hombre recto y digno —dijo firme, mientras me tomó las manos—.

Por eso había hecho ese plan de casarnos y escaparnos juntos.

Quiero ser un buen hombre, un buen esposo y un mejor padre para mis hijos.

—Y lo serás, Bosco. Aunque a veces te comportas de manera muy petulante, eres un buen hombre —bromeé con él—. Por eso te amo, porque puedo ver que eres diferente a todos ellos.

—¿Crees que le pasará algo a mi familia cuando se enteren de que les avisé a ustedes? —preguntó algo preocupado.

Lo entendí. Aunque nos salvó, era cierto que traicionó a los suyos. Levanté los hombros diciendo que no lo sabía. Aunque creí que no debía preocuparse mucho. El alcalde, hasta entonces, había sabido lidiar con todos esos maleantes. ¡Él era el peor de todos!

—No creo que le hagan nada —lo abracé fuerte, sabiendo que tenía miedo de que su traición le costara su familia, pero estaba convencida de que no les pasaría nada—. ¿Y qué más escuchaste? ¿Qué fue eso que dijiste de Alexcía?

—No lo entendí bien, porque cuando mi papá aceptó darte a esa gente, me entró el pánico de perderte —contestó pensativo—. Pero había un hombre de la capital que decía que Alexcía era hija de un dragón negro. Creo que mencionó algo de un dragón número UNO.

Solté una carcajada al escuchar todo lo que se inventaron para atraparnos. Esos desalmados eran lo peor de lo peor.

—¿Le dicen a papá un dragón? —pregunté riendo.

—¿Qué quieres decir? —Me miró fijamente—. ¿Tu papá pertenece a la organización secreta de los dragones, como sospechan todos?

—¡No, no, qué va! —respondí enseguida—. ¿Dónde escuchaste eso?

—Uno de los hombres que vino de Roma dijo que Franco era el integrante perdido de la décima —siguió diciendo.

No dije nada. Giré mi cabeza para ver a mi padre.

Siempre mamá y él habían sido misteriosos, pero no creí que fuera nada de eso.

Le aseguré que papá no era nada de eso. No tenía un solo tatuaje en su cuerpo, solo unos números de cuando estuvo en el ejército en el brazo.

Todo el lío era porque querían adueñarse de sus propiedades, que eran muy buenas, y de nosotras.

—Había unos hombres de Benedetto cuando regresamos de la escuela, amenazando a mamá —le conté a continuación—.

Debe ser ese que escuchaste exigiendo que me dieran a él.

Amenazó a papá con cogernos para sus hombres.

En cuanto a ese tipo que vino de la capital, debe ser por los líos en que estaba metido el tío Ronaldo y la arpía de su mujer que los asesinaron.

Papá ahora fue que descubrió la verdad sobre mi hermana, por unos papeles que llegaron.

A lo mejor eso que escuchaste se trataba de los enemigos de mi tío Ronaldo y ahora nos persiguen.

—¿A qué te refieres? ¿Alexcía de verdad es hija de tu papá y no de tu tío? —Me percaté de que no había hablado con él antes.

Pasé a contarle que no me sabía la historia de por qué Alexcía era hija de papá, ni tampoco por qué decían que era hija de un dragón. Papá no lo era. A lo mejor el tío Ronaldo lo era.

—Vaya, así que es mi cuñada de verdad. Sí, debe ser eso, porque decían que tenían que darle a ese dragón donde más le dolía, atrapando a su hija para ponerlo de rodillas —dijo pensativo—.

Entonces hicimos muy bien en escapar todos.

Trabajaré muy duro, Filo, para que termines de estudiar.

Aunque nos casemos, no tendremos hijos por ahora.

Negué con la cabeza. No quería casarme todavía. Ambos podíamos estudiar. De seguro mi papá no dejaría que se quedara sin terminar la escuela.

—Lo haremos juntos, amor. Trabajaremos y estudiaremos, y cuando estemos listos, nos casaremos. ¿De acuerdo? —propuse una solución.

—¿Crees que tu papá me deje vivir en tu misma casa? —preguntó de nuevo.

—¡Por supuesto! —Me reí al ver cómo sonreía—. No te hagas ilusiones. No te va a dejar dormir conmigo, te toca hacerlo con Ray.

Ambos reímos mientras hablamos de nuestro futuro. Bosco estaba decidido a tratar a mi papá como si fuera el suyo.

—¿Cómo fue que te enamoraste de mí, Bosco? Te tengo en todas mis memorias desde niña, siempre a mi lado —cambié de tema.

—Lo primero que recuerdo fue verte con tu papá en el pueblo.

Eras la niña más linda que había visto. Acababan de llegar y vestías muy bien —me contó con los ojos entrecerrados—.

Eras diferente a todos los del pueblo. Pero lo que más me gustó fue que aquel odioso de Benedetto me estaba insultando. ¿Lo recuerdas?

Negué con la cabeza. Guardaba muy pocos recuerdos de mi llegada a Sutera. Siguió contando que lo había defendido, que había insultado a Benedetto y luego lo había tomado de una mano y llevado con mi papá. Fue la primera vez que lo vio con su traje de general y desde ese momento quiso ser como él.

—Yo era un niño mimado y cobarde por ser el hijo del alcalde.

Siempre daba perretas y quería que papá me complaciera en todo.

Mi suegro fue el que me hizo lo que soy ahora —reconoció con sinceridad—.

Después de ese día, me juré cuidarte y comencé a seguirte a todas partes.

Luego me enamoré de ti perdidamente. La historia que sigue, la conoces.

Ambos sonreímos y volvimos a abrazarnos, olvidados de todo lo demás. Nuestro amor era tan grande, sincero y real que sentíamos que podíamos enfrentar el mundo, siempre que permanecieramos juntos.

—Mi papá es un hombre recto —dije con orgullo—. Si te portas bien, te respaldará siempre. Serás el hijo varón que nunca tuvo. ¿Estás seguro de que no te vas a arrepentir de esta decisión, Bosco?