¡Ups, me equivoqué papá, me equivoqué! (SERIE ¡UPS! nº 3) 48 . CONVERSACIÓN SINCERA
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48 . CONVERSACIÓN SINCERA

FILOMENA:

Desde que montamos en la barca, estuve observando a Bosco parado en la baranda, mirando cómo la isla de Sutera se alejaba cada vez más.

Me di cuenta del gran sacrificio que hizo por mí, lo que me dio la medida exacta de cuánto me amaba.

Siempre supe que me quería, pero ahora comprendí la magnitud de su amor.

Nunca imaginé que estuviera dispuesto a dejar a su familia por mí, como confesó.

Mucho menos que traicionaría a su padre, como acababa de hacer para salvarme por amor.

Me acerqué lentamente a él y, sin más, lo abracé por la espalda. Bosco saltó sorprendido, pero al darse cuenta de que era yo, giró dentro de mis brazos y me estrechó fuerte, feliz.

—Gracias, Bosco —le dije emocionada.

—¿Por qué me das las gracias? —preguntó sin soltarme.

—Por aguantar todos mis desplantes, maltratos, humillaciones, golpes y vergüenzas que te he hecho pasar durante tantos años —dije con sinceridad—. Pero sobre todo, gracias por amarme como lo haces y elegirme. Y muchísimas gracias por correr a avisarnos lo que nos iban a hacer y salvar a mi familia.

—No me las des. Solo cumplí mi promesa de amarte y cuidarte la vida entera, aunque no me ames como yo a ti —me respondió e intentó separarse de mi abrazo, pero lo retuve mirándolo a los ojos.

—¿De dónde sacaste que no te amo? —pregunté mirándolo fijamente.

—¿Eh? ¿Filo? —se asombró, y sus ojos brillaron llenos de esperanza—.

¿Qué quisiste decir con eso, Filo? No juegues conmigo, que te haya salvado no te obliga a nada.

Seguiré tratando de ganarme tu amor como hasta ahora.

¿De acuerdo? No tienes que hacer nada por esto que acabo de hacer por ti y tu familia.

Lo observé en silencio. Era la primera vez desde que me molesté porque me impusieron el compromiso con él, que teníamos una conversación seria. Me di cuenta de que nunca antes le había dicho cuánto lo había amado desde que éramos unos niños.

—Si serás tonto, ¡siempre te he amado! ¿Por qué crees que me aterré cuando escuché a papá despidiéndote?

¡Me quise morir de solo imaginarme que no te volvería a ver!

—Lo estreché fuerte de nuevo, y él me devolvió el abrazo lleno de felicidad—.

Yo te amo, Bosco. De toda la vida y lo seguiré haciendo.

Fuiste, eres y serás el único hombre de mi vida.

Te amo con todo mi corazón, tonto. ¿Cómo puedes dudar de eso?

¿Crees que me hubiera dejado besar de ti si no lo hiciera?

¿Por qué crees que te prohibí tener novia?

Porque eres mío, ¿me escuchas? Soy la única mujer que amarás en toda tu vida.

—Filo, ¿eso quiere decir…? —dijo Bosco sin dejar de mirarme.

—¡Que soy tu prometida y futura esposa! —le dije y lo abracé feliz, sintiendo cómo su corazón latía acelerado como si se le fuera a salir del pecho.

Por eso le dije suavemente—: Así que tienes que portarte muy bien y demostrarle a papá que elegí correctamente, ¿de acuerdo?

No hagas nada para que papá te rechace. No quiero separarme nunca de ellos por ti, como acabas de hacer por mí.

Sé que estoy siendo egoísta, pero ni tú ni yo sabemos nada de la vida.

Mis padres sí, sé que nos ayudarán y enseñarán. ¿Lo prometes?

Bosco se separó de mí para mirarme a los ojos y lo que vi me llenó de felicidad. En ese momento supe que temía que al llegar a donde íbamos, me enamorara de otro chico. Estaba tan emocionada por escuchar, por primera vez, de sus labios que me correspondía, que sin más lo atraje y lo besé.

Él me devolvió el beso, abrazándome por el cuello y haciendo que profundizara el contacto.

No era que no nos hubiéramos besado antes, pero eran besos robados.

Ese fue muy diferente, y los dos lo sentimos.

Era una entrega sincera, llena del gran amor que nos profesábamos y que, por primera vez, expresamos libremente.

Al separarnos, nos quedamos abrazados, mirándonos sonrientes.

—Me haces muy feliz, Filo. Te prometo que me convertiré en ese hombre que quieres.

Seguiré todas las enseñanzas de mi suegro, que sé que es un hombre digno —dijo con suma seriedad—.

No temas, no haré nada para que nos separen nunca.

Te amo tanto, Filo, no sabes cuánto me has hecho sufrir todo este tiempo. Temí que nunca me amaras como yo a ti.

—Eso te pasa por no decirme tus planes —le reproché con una sonrisa.

—¿De veras? —Sonrió complacido.

—Sí. No era que no quisiera casarme contigo, era que no quería vivir con tu familia.

Le había pedido a papá que te exigiera vivir con nosotros.

Cuando papá rompió el compromiso, me sentí morir —confesé la verdad—.

Estaba planeando decirte hoy en la escuela que te amaba, que si querías casarte así de rápido, aceptaba solo si vivías en mi casa.

Si estabas de acuerdo, iría contigo para que fueras a hablar con papá.

—¿Por qué no me lo pediste antes, Filo? —dijo enseguida—. ¡Yo también quería pedirle eso a mi suegro, pero me daba miedo!

—Fuimos unos tontos todos estos años por no hablar entre nosotros —nos reímos felices.

—Así es, tenemos los mismos objetivos: amarnos y ser felices juntos —dijo acercándose más.

Volvimos a abrazarnos y besarnos. Luego pasamos a conversar y reírnos, sintiendo por primera vez que éramos libres para dar rienda suelta a toda la pasión y el amor que nos profesábamos.

—Sabes, Filo, me encantaba cuando te ponías celosa y me besabas. Eran los momentos más felices de mi vida —confesó mientras me besó suavemente en los labios, sin dejar de tenerme abrazada por la cintura.

—Y a mí me gustaba mucho cuando me agarrabas y me besabas a la fuerza, ji, ji, ji… —le confesé, hundiendo apenada el rostro en su pecho. Él me besó la cabeza riendo también al recordar esos besos robados—. Bueno, me resistía un poco porque me encantaba.

—¿Y si te gustaba tanto, por qué me abofeteabas después? —preguntó separándose para poder ver mi rostro sonrojado.

—Para mantener mi orgullo —le dije sin dejar de reír nerviosa—. ¿Y tú, si sabías que te golpearía, por qué nunca te quitaste y dejabas que lo hiciera?

—¡Porque era mi excusa para volver a besarte! —confesó soltando la risa—. Te amo, Filo.

—También te amo, Bosco —lo estreché muy fuerte.

—Entonces…, ¿seguimos comprometidos? —preguntó temeroso—. Te lo pregunto para darte esto que nunca quisiste aceptar. Hace muchos años que lo tengo y siempre te has negado a tomarlo.

Y sin más, sacó la cajita del anillo de compromiso que compró y que llevaba consigo siempre en su bolsillo, en espera de escuchar ese sí que tanto anhelaba.

—No es muy valioso, pero lo compré yo. Trabajé mucho en los viñedos de los campesinos, a pesar de que papá peleaba y me daba dinero.

Creía que lo estaba reuniendo para una motocicleta.

Pero no cogí ese dinero para comprarlo, Filo.

Lo hice con lo que gané con mi arduo trabajo para poder reunir su valor —se apresuró a aclarar—.

Quería que fuera limpio y de mi trabajo honrado, como tú te mereces, amor.

Te prometo que te compraré uno mejor algún día.