¡Ups, me equivoqué papá, me equivoqué! (SERIE ¡UPS! nº 3) 46 . REFLEXIONANDO SOBRE LA VERDAD
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46 . REFLEXIONANDO SOBRE LA VERDAD

ALESSIA:

Pasamos todo el día viajando. El mar estaba algo furioso.

Estaba acostumbrada a viajar por el océano, pero nada se comparaba con eso.

Era como una barca plana de carga que chocaba violentamente contra las olas, nada como los yates de mi familia.

En verdad mi papá me estaba dando una buena lección.

Comencé a agradecerle eso. Si lo hubiera hecho antes, no le hubiese creído las mentiras a mamá.

La vida no tenía nada de color de rosa. Ahora le creía a la tía Lucy, que me decía que cuando mamá estudiaba en el hospital, todos abusaban de ella.

Al igual que el tío Migue, siempre me dijo que no le creyera, que era mentira lo que me decía, que la vida de los pobres y los que no tenían poder era fea.

Ellos dos me lo dijeron algunas veces. Otras solo se quedaban negando con la cabeza cuando mamá me decía las cosas.

No querían desmentirla por lo emocionada que me ponía.

También ahora entendía por qué papá se enfurecía con ella cada vez que nos agarraba en su cama haciéndonos esas historias.

¡Debió decirme que era mentira, que era todo sacado de la imaginación de mamá!

Papá tenía que haberme mostrado ese otro lado miserable de los que no tenían poder. Debió hacerlo como un entrenamiento. Bueno, para ser honesta lo hizo a su manera cuando me entrenaba. Me decía que si un día me quedaba sin nada, debía estar preparada. ¡Nunca le creía lo que me decía! ¡Jamás!

Me pintaba la vida tan fea y miserable que no le creía que hubiera personas que pudieran vivir del modo que me decía.

Siempre lo miré, a pesar de que lo adoraba, como el culpable mafioso que había provocado la desgracia de mamá.

Y por tal motivo me decía aquello para mantenerme debajo de su control, con miedo de salir a la vida.

¡Todo era verdad, verdad! ¡Papá no me dijo una sola mentira!

Entonces lo que me contó el bisabuelo debía ser cierto.

Papá fue el que salvó a mamá de todos sus enemigos.

Mi buen padre se enamoró de ella y la iba a dejar libre, como decía el bisabuelo.

Dijo que solo asumió el cargo del Uno por salvar a mamá, no por ansias de poder como yo creía.

Que viajó por Francia entera cuando la raptaron para salvarla, y que si no llega a ser porque el tío Rufo era un mafioso poderoso, no hubiese sobrevivido.

¡Mamá me había estado engañando todo el tiempo! ¿Por qué?

Ahora lo comprendía. Ella fue la que dejó de amar a ese Andrea, que decía el tío Migue que no servía y la maltrataba.

Eso debía ser verdad también, porque mamá nunca me respondió cuando le pregunté que si lo amaba tanto, ¿por qué lo abandonó por papá?

No fue porque la obligó como yo supuse. Ella no debió haber amado a su novio y se enamoró de papá. ¡Esa debía ser la verdad!

—Alexcía, ¿en qué piensas? —me preguntó Ray, que se acercó con un té caliente que hizo Annette—. Toma, bebe algo para que se te pase el frío.

—Pienso en las cosas de mi vida —respondí tomando la jarra—. Oye Ray, ¿sabes si para ese lugar al que vamos hay teléfono?

—¿Teléfono? No sé, nunca he ido a esas montañas —respondió sentándose a mi lado—. Cuando viajaba, lo hacía por las ciudades, no por las montañas. Si por mí fuera, en vez de adentrarnos en el monte lo haríamos en una gran ciudad. Es más difícil que te reconozcan y te encuentren en ella.

—También lo creo —dije enseguida—. Si fuéramos para Roma, conozco a mucha gente que nos ayudaría. ¿Por qué no lo convences?

—Es difícil. Franco fue hace mucho tiempo un militar muy bueno, era Coronel de las fuerzas especiales, hasta que pasó la desgracia —me contó mientras tomaba de su té.

—¿Qué desgracia? —pregunté enseguida.

No respondió enseguida. Miró a lo lejos en el mar.

Cuando volvió a hablar, lo hizo mirando a su primo con tristeza.

Una noche aparecieron hombres vestidos de negro en su casa y mataron a casi toda su familia.

Solo quedaron Ronaldo y él. Y eso fue porque Franco y Annette los salvaron y los escondieron en la isla de Sutera.

—A Ronaldo lo mandó Franco a estudiar y no regresó —siguió diciendo visiblemente apenado—. Yo era un niño muy pequeño, él me crió. Luego tuve una pelea con Benedetto porque quería atrapar a Filo, lo corté en la cara, por eso me fui huyendo.

—¿Y por qué regresaste? —pregunté entendiendo su historia.

—Quería ayudar a mi primo. Me había enterado de lo que estaba pasando y me dio miedo perder a las únicas familias que tengo —confesó mirando hacia la cabina donde Franco hablaba con Annette—. Cuando mataron a tus padres en Roma, sabía que el próximo era Franco.

—¿Sabes quiénes mataron a tu familia y por qué? —Seguí averiguando interesada.

Negó con la cabeza. Franco estaba investigando. Él no se acordaba de nada. Lo único que tenía en su memoria era la de ser escondido por su papá junto a Ronaldo en un closet. Luego recordó el tiroteo y los gritos, hasta que Franco abrió la puerta.

—No recuerdo ni dónde vivíamos. Él nunca me ha querido decir, dice que entre menos sepa, mejor —dijo Ray con incomodidad—. Pero no ha podido averiguar nada y, como nos perseguían todavía, nos fuimos a Sutera. Ahora parece que nos encontraron.

—¿Qué quieres decir? —Esa historia me parecía muy complicada.

Era evidente para mí que a ellos los perseguían unos enemigos. Ray era solo un niño y no podía decir nada más. El que sabía todos los detalles era Franco y nunca se lo había dicho. Tampoco sabían en qué estaba metido Ronaldo en la ciudad.

—Según lo que escuchó Bosco, al parecer descubrieron quién era Franco. Los enemigos de nuestra familia deben haberse enterado de que te inscribió y por eso nos descubrieron —aseguró mirándome antes de decir—. ¡Alguien tuvo que estar vigilando!

—¡¿Qué?! —Me asusté. No creí que fuera por eso, sino porque descubrieron quién era yo en realidad—. Si es así, hicimos bien en escapar y estamos en serio peligro. Mi papá...

Me callé. Estuve a punto otra vez de decir lo que no debía. Agarré la jarra con ambas manos sintiendo el calor que emanaba de ella mientras seguí escuchando a Ray. Franco y él tenían la teoría de que descubrieron quién era en realidad Ronaldo y por eso lo eliminaron.

—No sabemos bien qué pasó. Ahora debemos encontrar un buen escondite, pues nunca más vamos a regresar a Sutera, que era muy seguro —lo miré respirando aliviada.

Ese lugar no era nada seguro—. La única manera de volver es si el dragón número UNO que mencionas es como dices, se entera de lo que está pasando y va a limpiar aquello.

—Si vamos a Roma, podemos hacer que el UNO se entere —dije enseguida.

—¿Lo crees? —preguntó con duda y esperanza en su mirada.

—Estoy segura —dije con firmeza—. Y hasta quizás podamos averiguar quiénes mataron a la familia y por qué los persiguen. Las amistades de mi papá son muy poderosas. Disculpa…, estaba hablando de Ronaldo.