¡Ups, me equivoqué papá, me equivoqué! (SERIE ¡UPS! nº 3) 45 . LA HUÍDA
18%

45 . LA HUÍDA

FRANCO:

Bosco tomó un poco de agua mientras seguía contando que los había escuchado hablando en el despacho de su papá. Él sabía muy bien que yo conocía que el alcalde estaba envuelto en ese lío con los dragones. Pero todavía no tenía las suficientes pruebas para denunciarlo.

—Pero hoy es distinto señor Franco, se estaban repartiendo todo, incluso a las chicas. Decían que Alexcía era hija de no sé qué dragón, no llegué a escuchar porque salí corriendo a avisar —mi corazón se detuvo al escucharlo—. ¡Por el amor de Dios señor Franco, créame, no quiero perder a Filomena!

—Yo creo que dice la verdad Franco —dijo Ray—. Mejor nos vamos antes de que suceda algo, solo tenemos unas pocas municiones.

—Eso no sirve de nada, van a prender candela a la casa para que salgan y son muchos los que llegaron de la capital —gritó desesperado Bosco—. ¡Filo…, Filo despierta y vamos rápido!

Aún dudaba un poco, pero al ver lo desesperado que estaba Bosco, me puse en acción de inmediato. Por suerte las tres mujeres salieron rápido, listas con todo lo que les hacía falta, y se despidieron de Bosco.

—Gracias chico, ojalá nos volvamos a encontrar —le dijo Annette con pesar.

—¡Yo me voy con ustedes! —Afirmó Bosco corriendo al lado de Filomena.

—¿Qué? —Me asombré al escucharlo—. No puedes hacer eso muchacho, tu familia está aquí.

—Por favor, dejen que vaya. Sé dónde está anclado el barco de papá, que se puede montar hasta los animales —me detuve al escucharlo—. Esto es una isla. Por mucho que se escondan, los van a encontrar. Ya saben que esos dragones están por todas partes.

—Deja que venga papá —dijo Filomena tomando de la mano a Bosco—. Le daré mi caballo y yo iré con mi hermana que pesa menos.

Y sin más le dio su caballo a Bosco y se montó con Alessia.

El caballo negro medio protestó, pero ella lo calmó y nos alejamos presurosos, subiendo una montaña desde la cual pude ver cómo se acercaban con antorchas a mi casa.

Suspiré al ver aquello, luego di la espalda y seguí avanzando.

Teníamos que escapar o estábamos muertos.

—Van a saber que nos fuimos a caballo —dije concentrándome en la huída—. ¿Es muy lejos donde tu padre tiene el barco, Bosco?

—Un poco, pero a caballo les llevamos una gran ventaja. Además, no saben que yo vine a avisarles ni a dónde nos dirigimos —contestó sin dejar de mirar a Filomena—. Van a pensar que se adentraron en el monte.

—Eso es verdad, entonces guíanos —estuve de acuerdo con él—. Después puedes volver si es así, nadie sabrá que nos ayudaste a escapar.

Bosco se quedó en silencio, pero pude ver cómo Filomena le decía que no con la cabeza, y él sonrió feliz.

Era la primera vez que le pedía que no se fuera.

Sabía que no era un mal chico, y que si me lo llevaba podía hacerlo un hombre de bien.

Si se quedaba, su destino estaba trazado ya. En verdad no quería eso para él.

—No señor, le dije que yo cuidaría de Filomena la vida entera —contestó firme mirándola sonriente—.

De todas maneras, yo estaba planeando llevarla fuera de este lugar.

No dejaría que mi familia la maltratara.

Traje todos mis ahorros para eso. Desde que salí de mi casa había tomado esa decisión.

Aunque no me deje vivir con ustedes, no me alejaré de ella.

Yo la amo desde niño y no quiero perderla.

Aunque era de noche, todos giraron la cabeza para ver a Bosco.

En verdad estaba enamorado de ella. Filomena sonrió y, si no los envolviera la oscuridad, todos hubiéramos visto cómo se había ruborizado emocionada ante lo que había dicho el joven.

Al verla así, suspiré resignado. Después de todo, Bosco era mayor de edad y podía tomar esa decisión.

—De acuerdo, pero tienes que respetarme —advertí con seriedad—. Si prometes hacerlo, puedes seguir con nosotros.

—Muchas gracias señor Franco, se lo prometo. Siempre que no me separe de Filo, estaré a su lado —contestó emocionado.

—Eso no depende de mí, sino de ella —dije espoleando a mi caballo—. Ahora apurémonos, antes de que amanezca tenemos que estar allá o descubrirán nuestro rumbo.

Bosco cogió la delantera y nos indicó un angosto camino que nos hizo atravesar más rápido la zona montañosa hasta salir al mar. Galopamos casi hasta el amanecer por toda la orilla, hasta que fuimos a dar a un pequeño embarcadero donde se encontraba, como dijera él, un barco.

ALESSIA:

Mientras galopábamos por la arena a la orilla del mar, mi mente no podía dejar de repetir: "Si fuera mi papá, ya habría helicópteros aquí llenos de dragones viniendo en mi ayuda."

Antes veía todo en mi vida de manera tan natural desde que nací, que ahora empecé a comprender lo que realmente valía mi familia Minetti y las grandes posibilidades que tenía.

Me di cuenta de que era demasiado tarde.

Aunque llamara, no vendría. Papá me había abandonado.

Bajamos hasta llegar al embarcadero. Bosco corrió y se subió al barco.

Al parecer lo había pensado todo, pues traía la llave del mismo.

Ayudado por Ray y Franco, bajaron la rampa que permitía subir a los caballos.

Nosotras los subimos sin dificultad, como si estuvieran acostumbrados a viajar, y emprendimos el viaje en medio de la bruma del amanecer.

Filomena y yo nos sentamos en una esquina del puente porque hacía mucho frío. Annette habló de lo que íbamos a hacer, mientras Ray vigilaba. No encendieron ninguna luz hasta que estuvimos mar adentro.

—Oye Filo, ¿a ti sí te gusta Bosco, verdad? —le pregunté en un susurro.

—Sussss, que no se entere. En realidad, me dio pavor cuando me di cuenta de que iba a dejar de verlo.

Desde niños éramos muy unidos, y siempre dijo que se casaría conmigo —me contó en voz baja—.

Pero he odiado a Marena y a su madre de toda la vida por cómo son.

Sin contar con su padre, que me mira como si quisiera comerme.

Me daba miedo vivir en su casa. Quería que él viviera con mis padres.

Y esta es mi oportunidad. Además, nos salvó.

Si no llega a ser por él, sabe Dios qué nos hubiera pasado.

—Eso es verdad —estuve de acuerdo—. Es apuesto y en sus ojos se ve que te ama. Me di cuenta desde la primera vez que lo vi. Aunque tienes que enseñarlo a no ser un petulante.

—Sí, ya verás cómo lo educo —dijo riendo—. Ahora va a estar bajo papá, lo va a entrar por el carril. ¿Y tu quemadura cómo está?

—Me arde un poco porque me rozaba con el caballo —le conté mirando la gasa manchada—. Cuando lleguemos, me la voy a curar. ¿Para dónde vamos?

—Creo que vamos a parar en Palmi, mamá es de allá —me contestó ilusionada.

—¿Pero eso no es peligroso? —pregunté mirando a lo lejos—. Seguro todos en la isla saben que es de allá.

—Eso es verdad —se puso de pie enseguida—. Papá, ¿para dónde vamos?

—Para San Ferdinando —contestó Franco—. El combustible que tiene el barco nos deja ir hasta allá. Con los caballos seguiremos avanzando hasta las montañas de Citanova.

Suspiré. Más monte, pensé. Tenía la esperanza de poder llamar a mi familia para pedir ayuda y avisar del nido de dragones en Sicilia. ¿Dejaría mi padre que hablara con él?