¡Ups, me equivoqué papá, me equivoqué! (SERIE ¡UPS! nº 3) 44 . EL AVISO
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44 . EL AVISO

BOSCO:

Después de intimidar a Bernardino y de discutir con mi hermana al enterarme de lo que le hizo a mi cuñada Alessia, me fui a casa cuando vi que Franco lo había quitado bruscamente del medio.

Yo en verdad amaba a Filomena, y aunque presioné a mi padre para el compromiso, después me arrepentí al ver cómo ella comenzó a tratarme fríamente.

Antes, aunque me rechazaba, al menos se reía conmigo.

Incluso me dejaba que la fuera a ver y la ayudara en sus tareas de la finca, donde le robaba besos.

Después de que le impuse el compromiso, ella no volvió a tratarme bien.

Por eso estaba decidido a ganarme su afecto haciendo buenas cosas.

Desde hacía un tiempo, estaba planeando algo para nosotros dos.

Estaba consciente de por qué Filomena no quería casarse: era por su madre, su hermana y cómo la miraba su padre.

Discutieron mucho, y eso me llevó a tomar una decisión para proteger a la mujer que amaba.

No dejaría que mi familia la humillara, y solo había una manera de hacer eso. Tenía que ir a vivir con ella.

Al llegar a mi casa, me enteré de que Franco había roto el compromiso de matrimonio por lo que le había hecho Marena a Alessia. Me enfurecí y tuve una pelea seria con mi familia.

—No me importa papá. Me casaré con Filomena aunque me tenga que ir a vivir con ella —dije dando un portazo.

—Bosco, no seas estúpido. Eres mi heredero, nunca dejaré que te vayas a seguir a Franco —escuché a mi padre detrás de mí—. ¡No lo permitiré jamás!

—Filomena se cree igual que nosotras. Es una pobretona que se acostó contigo para subir de clase —dijo Marena y le propiné una bofetada.

—¡Si vuelves a hablar así de mi prometida no me culpes por ser cruel! —la amenacé furioso—. Filomena no necesita subir, ella está en la cima. Soy yo el afortunado de que me hubiera elegido. Y nunca la he tocado, es más pura que tú.

—¡Bosco! —Gritó mi madre, pero al ver la mirada que le dedicaba, bajó la cabeza y no dijo nada más.

Mi padre me miraba furioso, pero al ver que llegaban visitantes, me mandó a callar y a encerrarme en mi habitación.

Subí a bañarme, decidido a hablar con Filomena para disculparme.

Tenía que contarle mis planes y ver si estaba de acuerdo.

Si me decía que sí, no me importaría lo que dijeran los demás.

Lucharía por la mujer de mi vida. Sabía que había muchos que desde hacía tiempo querían apoderarse de ella, y ahora, con lo linda que la había puesto Alexcía, ambas estaban en gran peligro.

Conocía muy bien la mirada que le dedicó mi padre a las dos.

Decidí esperar un poco hasta que se le bajara la furia a mi suegro Franco, a quien temía, y me quedé dormido.

Cuando desperté, era de noche y escuché unas voces en el despacho de mi padre.

Bajé sin hacer ruido, conocía demasiado a mi padre.

Con lo que hizo Franco, de seguro estaba planeando algo en su contra.

Coloqué mi oído en la puerta para saber qué pasaba, y lo que oí no me gustó en absoluto.

Rápidamente fui a tomar algunas cosas en mi habitación y me escabullí sin que nadie me viera.

Corrí casi todo el trayecto, desesperado por llegar a casa de Filomena.

Conocía las cosas en las que estaba envuelto mi padre, y lo ayudaba en todo, menos cuando se trataba de Filomena.

No iba a permitir que mi novia fuera objeto de lascivia de todos ellos.

¡No señor! ¿Cómo podía mi padre prestarse a hacerle eso a la mujer que amaba?

Me prometí a mí mismo cuidarla de esos desalmados.

La otra vez, si no llega a ser por mí, la hubieran raptado y violado.

Me asusté tanto que me dediqué a escuchar detrás de la puerta del despacho de mi padre para avisarle a Franco de sus planes.

Y hasta entonces lo había hecho. No sentía que traicionaba al alcalde, sino que este estaba por mal camino y, con ello, mantenía a salvo a mi novia.

Me había criado admirando a Franco en lugar de a mi padre.

Quería ser quien lo relevara en el futuro.

Él conocía mi amor por su hija, y aunque era un poco petulante por ser hijo del alcalde, no me consideraba un mal chico.

Y como vivía metido en su finca detrás de Filomena, él había estado entrenándome y educándome para convertirme en el yerno que deseaba para ella.

Quería asegurarse de que la protegería por encima de todo.

Por eso aceptó el compromiso. Sabía que si me alejaba de mi padre, me haría un hombre de bien.

FRANCO:

Nos montamos en los caballos e hicimos un recorrido por la finca. Sabía que esos tipos iban a regresar. Lo vi en su mirada, y no solo por Ray. Lo harían por mis hijas. Pero no los vi, por eso regresamos a la casa. Sentí que se estaba cerrando una trampa sobre mí. Era mi instinto.

—Ray, vamos a ensillar a todos los caballos —le pedí porque tenía una mala corazonada—. Tenemos que estar listos.

—Mejor antes de acostarnos —sugirió Ray—. Estaré vigilando.

Me dirigí a la casa escuchando con claridad la conversación que mantenían. Sabía que Filomena amaba a Bosco, pero no podía arriesgarme. Él tenía que demostrarme que podía cuidarla. Empujé la puerta justo a tiempo para ver cómo Annette presionaba a Filo con el compromiso.

—Dejen eso —intervine de inmediato—. Annette, cuéntame lo que pasó con esos seguidores de Benedetto.

—Llegaron de improviso, me pidieron agua y preguntaron por Ray —contestó ella sin omitir detalle—. Después empezaron a preguntar sobre los viñedos y enseguida llegaron ustedes. Creo que están detrás de Ray, así que pienso que es mejor que duerma dentro de la casa.

—También lo pienso, Ray —dije viendo cómo entraba detrás de mí—. Las chicas que duerman juntas y tú toma la habitación de Alexcía. La cama de Filo es más amplia. Y duerman vestidas. Tengan en una bolsa todo lo necesario por si tenemos que escapar.

—Papá me estás asustando —dijo Filomena—. ¿En verdad crees que regresen?

—Sí, dejaremos a los caballos listos —seguí diciendo muy serio—. Cualquier cosa, corran hacia el cobertizo.

Seguí explicando y organizando todo con Annette.

No podía dejar ningún papel detrás. Podía que estuviera reaccionando demasiado, pero conocía muy bien al alcalde y no me gustó para nada la mirada con que miró a mis dos hijas.

Ellas hicieron todo lo que les indiqué. Me asombró ver cómo Alexcía ayudaba a Filomena a hacerlo.

Parecía que tenía experiencia en esas cosas.

Me quedé junto a Ray analizando todas las rutas de escape. Era una isla y no muy grande. De pronto escuchamos que venía alguien corriendo y tocó a la puerta desesperadamente. Abrí para encontrar a Bosco respirando agitado.

—¿Bosco? ¿Qué haces aquí a estas horas? —pregunté dejando que entrara.

—Señor Franco, tiene que escucharme —respondió sofocado, tomando grandes bocanadas de aire.

—Si es por el compromiso lo dije muy claro, tienes que demostrarme que vales la pena. ¡No voy a dejar que tu familia maltrate a mi hija! —Le dije de inmediato.

—No, no, señor Franco —negó con la cabeza, todavía tratando de tomar aire—. No es por eso que vine a esta hora. ¡Tienen que escapar ahora mismo!

—¿Por qué? —pregunté preocupado.

—Rápido señor, ya venían saliendo para acá —me puse de pie de un salto—. La gente de Benedetto y los dragones de Minetti.

—¿Los dragones de Minetti? ¿Cómo sabes eso? —pregunté ya recogiendo todo mientras Ray hacía lo mismo.