¡Ups, me equivoqué papá, me equivoqué! (SERIE ¡UPS! nº 3) 43 . UN ENFRENTAMIENTO
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43 . UN ENFRENTAMIENTO

ALESSIA:

Al parecer Filomena no quería que rompieran el compromiso a pesar de todo lo que decía. Ray nos esperaba afuera ya con los caballos. Nos montamos y nos fuimos ante las miradas de todos, que vieron cómo el alcalde le gritaba que no podía hacer eso.

Nos detuvimos por un momento en la escuela.

Entramos en la dirección donde Franco volvió a insultar al director, que temblaba de miedo ante sus voces.

Ese hombre se me estaba pareciendo cada vez más a papá.

Al salir, nadie entendía nada. Bosco corrió a nuestro encuentro, pero Franco lo empujó y nos fuimos.

Hicimos el recorrido en silencio. Filomena estaba muy pensativa, aunque alegre de que su padre pusiera en su lugar a todos. Decía que de ahora en adelante se medirían para gastarnos bromas.

Por mi parte, empecé a ver la situación muy favorable y a agradecer lo que me hizo Marena.

Al menos se medirían un poco para atacarnos y podía investigar tranquila.

También porque mi ahora hermana se había librado de ese compromiso que decía que no quería, aunque realmente creí que él la quería de verdad.

Se le veía en su mirada. Y ella también lo hacía.

Pensé que iba a estar más feliz por librarse de él.

Al llegar a la casa, nos asombramos de ver unos tipos intimidando a la tía Annette. Cuando nos vieron guardaron silencio, no nos esperaban. El tío Franco le hizo una seña a Ray de que nos llevara de allí, pero no lo hicimos. Eran cinco tipos forzudos, solo no podía con ellos, creí yo.

—Franco —se adelantó uno—. No vayas a malinterpretar las cosas, solo le ofrecemos un precio justo por el viñedo.

—¿Y quién les dijo que estaba en venta? —preguntó Franco.

—El alcalde dice que de seguro cuando se casaran sus hijos, lo ibas a vender todo e irte a vivir a la casa del pueblo —respondió el que parecía ser el dueño.

—No sé de dónde sacó esa información, porque yo no pienso vender nada. Así que retírense de mi propiedad, y si los vuelvo a ver intimidando a mi esposa, les meteré un tiro en la frente —y con la misma sacó un arma.

Cada vez me convencía más de que Franco era un dragón de papá.

Si no lo era, se merecía serlo. Después que me trató tan bruscamente la primera vez, desde que me hizo su hija me cuidaba como si fuera Filomena, y se lo agradecía mucho.

Ahora, después de ver que papá no pensaba perdonarme, tenía mucho miedo.

De a poco entendía las palabras del bisabuelo.

—Cuida tus espaldas Franco —dijo el que parecía ser el jefe, amenazante—. Y la de tus hijas, son muy hermosas. A mis hombres les vendrían bien.

—¡Fuera de aquí! —Gritó colocándose delante de nosotras, al igual que Ray, que también extrajo un arma y les apuntó.

—No hiciste bien en recoger de nuevo este perro, Franco.

Lo primero que hizo al volver fue morder la mano de quien le dio comida por muchos años —habló señalando a Ray—.

Nos pagarás con creces lo que hiciste. Benedetto era un buen hombre, y también sus hombres que están desaparecidos.

Un día vamos a saber qué les hicieron y se la cobraremos todas juntas.

—¿Desaparecidos? ¡Eso no tiene nada que ver conmigo! —Respondió Ray—. No me metí con nadie. Benedetto me atacó por la espalda y me defendí. No tengo la culpa de que fuera un bueno para nada.

—¡Mide tus palabras Ray, somos más que ustedes! —Se enfureció el hombre y todos los demás.

—¡Fuera de mi propiedad! —Gritó Franco y sacó otra pistola.

También la tía Annette rastrilló una escopeta.

¡Vaya! Eso era peor que ser mafioso. Al parecer esos hombres eran la banda de Benedetto y éramos pocos.

Si regresaban, no podríamos hacer nada. No teníamos a quién pedir ayuda.

Y por instinto le di tres toques al dispositivo en mi muela llamando a papá.

El corazón me latió con fuerza al hacerlo.

Era la primera vez desde que llegué que sentía que de verdad lo necesitaba. Papá, por favor, ven.

—Entren a la casa —ordenó Franco—. Y no salgan. Ray, vamos a ver a los animales. Ustedes no salgan de la casa y cierren bien todo.

—Franco, estás asustando a las chicas —dijo Annette, pero pude ver cómo miraba alrededor con el arma en sus manos—. Vayan y vengan rápido. Ya iniciaron los maleantes a querer robar. Vamos chicas.

Miré alrededor. Por instinto llevé la mano a mi cintura, allí donde toda mi vida había llevado un pequeño revólver de oro que mi padre mandó a hacer para mí.

Pero no estaba, y mi corazón se llenó de dolor.

Cada vez estaba más arrepentida de lo que le dije.

El mundo era de los más fuertes, no de los débiles, como me hizo creer mamá.

Y mi nueva familia lo era. ¿Por qué no me diría la verdad de cómo eran las cosas y me hizo soñar con una vida que no existía?

Ser pobre y libre no era nada lindo. Eras muy vulnerable ante las amenazas de todos esos grupos de maleantes.

¿Por qué no le creí a la tía Lucy, que vivía diciéndome que no le creyera a mamá, que la vida no era así?

Debí escucharla más. Ya veía que como siempre, mamá idealizó las cosas y solo me contaba lo que para ella era bueno.

Ahora era que comprendía lo que me dijo la última vez, que era mentira todo lo que me había contado. Mamá me engañó toda la vida.

¡Era papá quien me dijo siempre la verdad y me preparó para ello!

—¿Qué hacen aquí tan temprano? ¿Pasó algo? —preguntó Annette.

—Sí, la odiosa de Marena quemó con un chocolate la pierna de Alexcía, y papá nos sacó de la escuela y nos trajo —respondió Filomena.

—¿Hizo eso esa malcriada? —preguntó ella molesta. Luego se giró hacia mí con preocupación—. A ver hija, enséñame, ¿te duele mucho?

—No es nada tía. El doctor me echó una crema y lo vendó —pero levanté el pantalón y le mostré.

—Estoy muy arrepentida de haber estado de acuerdo con el compromiso de Filo con Bosco.

Esa muchacha es terrible, ni hablar de la madre —escuché de pronto decir a Annette—.

Vas a pasar trabajo si no lo convences de que venga a vivir aquí contigo.

También me preocupa cómo te mira el alcalde, todos sabemos de qué pata cojea.

—Papá rompió el compromiso —dijo Filomena bajando la voz.

—¿En serio? —Se asombró Annette—. Me alegro mucho.

Aunque ese muchacho te quiere de verdad desde que era un niño, no me gusta ni su hermana ni su madre, se creen la reina y la princesa.

Además, dudo mucho que su padre lo deje venir a vivir con nosotros.

Vive alardeando de su hijo, que será el nuevo alcalde. Debes olvidarte de él Filo.

—Mamá… —murmuró Filomena bajando la cabeza.

—¿No quieres romper con Bosco? —preguntó Annette—. ¿No decías que no querías ese compromiso?