¡Ups, me equivoqué papá, me equivoqué! (SERIE ¡UPS! nº 3) 42 . MI NUEVO PADRE
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42 . MI NUEVO PADRE

ALESSIA:

Al ver su expresión, estaba segura. Él sería un petulante, pero amaba a Filomena. Se le salía hasta por los poros. Cualquiera podía darse cuenta de ello. Para mi sorpresa ella se detuvo delante de Bosco y señaló hacia atrás.

—Sí. El sinvergüenza de Bernardino quiere obligar a mi hermana a ser su novia. ¡A ver si sirves para algo e impides que se nos acerque! —Le gritó furiosa Filomena. Iba a alejarse, pero se detuvo y le espetó—. Y controla a tu hermana Marena, si no quieres que le parta la cara.

Bosco se quedó observándola muy serio. Al parecer era la primera vez que ella le pedía algo desde que se comprometieron. Sonrió mirándola embobado.

—¿Qué me miras? ¿Tengo un bicho en la cara? —preguntó Filomena, pero pude ver que se sonrojó bajo su mirada de admiración.

—No, no Filo. Es que estás muy hermosa —reaccionó Bosco—. No te preocupes, yo me encargo de Bernardino y de mi hermana. No dejaré que nadie te trate mal Filo, te lo prometí. Confía en mí, las cuidaré a las dos. Y gracias por ser la primera vez que pides mi ayuda. Gracias Filo.

En verdad parecía estar enamorado de Filomena, que lo miró furiosa.

Nos alejamos rumbo a Ray, que nos observaba desde lejos.

Al llegar, mi ahora hermana estaba realmente furiosa y le contó todo lo que me pasó desde que entramos.

No lo iba a negar, me gustaba mucho que ella me quisiera así.

Sobre todo, porque sabía que sería alocada pero sincera.

No me defendía por mi fortuna ni por congraciarse con mi padre, sino porque éramos familia.

Al escuchar que me tiraron un chocolate caliente en la pierna, Ray se asustó.

—Deja ver, mi prima —me pidió enseguida—. A lo mejor te quemó y como hace tanto frío, no lo sentiste.

Lo miré por un momento. Era verdad que había estado sintiendo un ardor en la pierna. Me levanté el pantalón y tenía una enorme mancha roja. ¡Sí que me quemó! Y por no haber quitado el pantalón, siguió quemándome. Los tres miramos mi pierna asombrados.

—Vamos a ver al doctor ahora mismo —dijo Ray—. Esa Marena parece que quiere que le den un escarmiento. Se lo enseñarás a Franco para que se queje con el alcalde.

—No hace falta, sé defenderme —no quise buscar problemas—. No es para tanto.

Al escucharme, Ray se detuvo y se puso frente a mí con sus dos manos en mis hombros. Vi que al parecer se me escapaba algo. Tenía la misma mirada de mi jefe de seguridad.

—Alexcía, tienes que aprender algo de esta comunidad —habló muy serio Ray—. Si dejas que desde el primer día ellos sientan que pueden hacer lo que les dé la gana contigo sin reprimendas, estás acabada. Aquí se usa la ley del más fuerte, así que no te reprimas. Si te atacan, defiéndete.

Me quedé sin saber qué hacer o decir. Miré a Filomena que seguía insultando a todos con furia en voz alta, llamando la atención de todos, mientras escuchábamos voces dentro de la escuela.

—No quiero buscarle problemas a padre —dije tratando de justificar mi actitud.

—Vamos a ver al doctor y a Franco. Esto no se va a quedar así.

Marena tiene que sentir que tienes quien saque la cara por ti —dijo volviendo a caminar molesto, llevándome con él—.

Serás de Roma, pero no estás sola. Tienes una familia y un padre.

Mi primo te reconoció como tal, no va a dejar que te maltraten.

¡Imagínate que te lo tirara en el rostro!

No dije nada porque sentí que tenía razón en lo que decía.

Papá decía esas mismas palabras. Al parecer todo lo que me enseñaba mi padre era lo que en verdad pasaba en la vida real, y no le creía.

Pensé que lo hacía para asustarme. Nunca me pasó nada de eso.

Mis guardias de seguridad me protegían todo el tiempo, o mi hermano.

Además, ¿quién se iba a atrever a ir en contra de la hija del hombre más poderoso de Italia?

Alessia, en serio, tienes el mejor padre del mundo y mira lo que hiciste por estar soñando.

Me temí que todo lo que me decía mamá era mentira.

No era tan linda esa vida donde todos creían que podían hacer contigo lo que quisieran solo por ser huérfana.

Me imaginé lo que me harían si no los tuviera a ellos.

Por lo menos papá se aseguró de ponerme en una buena y honesta familia.

El doctor me untó una crema y hasta me vendó, porque dijo que se iba a ampollar.

Ojalá no me quedara una marca fea. Franco vino cuando estaban terminando porque Ray le avisó.

Hizo que el doctor le enseñara todo y se puso furioso.

Sin hablar, me tomó por una mano y nos fuimos a una casa en el centro del poblado.

Era un poco mejor que las demás. Ni siquiera tocó, abrió y fue directo al despacho.

—¡Franco! —se puso de pie un hombre gordo—. ¿Qué pasó?

—Alexcía, enséñale lo que te hizo Marena —me ordenó.

Hice lo que me pidió. Me asombré de mí misma. Me había convertido en una chica obediente. Tenía que hacerlo para poder aprender cómo era esa vida, como me aconsejaba papá. El alcalde miró mi pierna y abrió los ojos.

—Seguro que no lo hizo a propósito Franco —dijo en un tono meloso—. Marena no es de ese tipo de chicas.

—¡Oye lo que te voy a decir Agostino, no sé si lo hizo a propósito o no!

—Gritó amenazante Franco—. Pero si una cosa como esta vuelve a pasar, atente a las consecuencias.

Los lazos de amistad que tenemos se van a romper.

¡Alexcía es mi hija! ¡No dejaré que nadie la maltrate y abuse de ella por muy hija tuya que sea!

—Franco, no te pongas así, son cosas de muchachos —trató de calmarlo el alcalde—. Hablaré con ella cuando venga hoy. Ya casi somos familia. Es que hasta iba a ir a visitarte porque Bosco quiere adelantar la boda.

Franco se quedó mirando al alcalde, que no apartaba los ojos de Filomena entusiasmado.

En verdad ella se veía muy linda con la nueva ropa y el leve maquillaje que le hice.

Era una joven muy bella y la ropa lo acentuaba aún más.

El viejo nos miraba con lascivia, mirada que no se le escapó a padre.

Luego miró la cara de terror que tenía su hija y, para asombro de todos, dijo:

—¡No! ¡Nada de adelantar la boda! —se negó—. Todavía está por ver si la dejo pertenecer a esta familia.

—¿Qué? Franco, no te puedes echar para atrás ahora —se apresuró a decir el alcalde—. Bosco en verdad la quiere desde niño. La cuidaremos muy bien, ya verás. Está desesperado por casarse con ella.

Trató de convencerlo el alcalde, que no me gustaba para nada. Me dio la sensación de que algo le quería hacer a Filomena. Tenía tremenda cara de pervertido por la forma en que me miraba también y sonreía.

—¡Dije que no! Filomena va a terminar los estudios y si durante esos dos años Bosco me demuestra que puede cuidar de ella, lo volveré a pensar —estaba realmente furioso Franco, me recordó a papá—.

A partir de ahora rompo el compromiso por lo que le hizo Marena a su hermana.

Eso no se le hace a la familia. Vamos chicas.

Estábamos de lo más asombradas. Sobre todo Filomena, que al salir le preguntó muy seria:

—¿Qué pasó, papá? —preguntó asustada—. ¿No dijiste que ibas a hacer que Bosco viviera con nosotros?

—Aquí no, tenemos que regresar a la casa urgente —dijo muy serio Franco.

¿Qué era lo que sucedía?