¡Ups, me equivoqué papá, me equivoqué! (SERIE ¡UPS! nº 3) 38 . NIDO DE DRAGONES
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38 . NIDO DE DRAGONES

ALESSIA:

En la noche, desde mi pequeña habitación, volví a escuchar a la tía, Ray y a mi ahora padre Franco conversando.

No sabía si sería capaz de llamarlo como me pidió.

Bueno, a lo mejor lograba decirle padre, no papá.

Tenía que seguir con esa aventura hasta que se resolviera todo.

Le diría padre, sí, eso haría. No era tan personal de esa manera.

Papá era papá. Solo a él lo llamaría de ese modo, jamás le había dicho padre.

Estaba decidido. Franco sería padre, no papá.

—Ray tienes que estar muy alerta —escuché a Franco y me concentré—. Esos rufianes no sé dónde se esconden, que no los he podido encontrar. Al parecer son dragones por lo que vi. Benedetto tenía un dragón tatuado oculto en su mano.

—¿Crees que sean los hombres de Minetti de nuevo? —Me puse en alerta al escuchar el nombre de mi padre.

—No lo sé. Pero son dragones. No sé si están debajo de la familia Minetti como dicen, pero están merodeando.

Y si están aquí, es porque vinieron a robarle a los campesinos ahora que están por vender las uvas y el vino —siguió diciendo Franco con suma seriedad—.

Tienes que estar muy alerta. Me temo que irán por las chicas para obligarme a hacer algo, como aquella vez que por poco atrapan a Filo.

No me gusta nada que vieran a esos extraños por los viñedos hace un rato.

Me levanté despacio. Sabía que no debería meterme, pero eso me interesaba. A mi papá no le hacía falta robar a nadie, se le sobraba el dinero. Por lo que me imaginé que alguien había estado haciéndose pasar por él. Llegué a la cocina donde estaban sentados con un dibujo del dragón de Benedetto.

—Perdón tío, digo…, pa…, padre —rectifiqué al ver la cara que puso por llamarlo así, que cambió enseguida por una sonrisa al escuchar lo último—. Disculpe por intervenir, pero ese dragón no pertenece a la gran organización de los dragones.

—¿Qué? —preguntaron ambos—. ¿Cómo lo sabes?

—En Roma hubo una moda de hacernos pasar por ellos y estudié la jerarquía de esa organización secreta. Sé los colores de ellos —aclaré. Era algo que papá nos hizo aprender de memoria para que nadie nos engañara.

—¿De veras? —preguntó Franco—. Mira este, ¿estás segura de que no es de los Minetti?

Lo tomé en mis manos. Era un extraño dragón que echaba fuego y que tenía uno negro debajo de su pata derecha. A mi mente vinieron los seguidores del dragón de fuego.

—Estoy muy segura. Esos son seguidores del antiguo dragón de fuego que quieren aplastar al dragón negro, el Uno —dije con seguridad—. Y él lo eliminó hace años.

Estaba muy preocupada. ¿Sería que se estaban organizando contra papá y por eso robaban para tener dinero con qué reclutar hombres bien lejos, donde las noticias no llegaban a Roma?

Por eso decían que eran de Minetti, para ir socavando su poder.

¿Cómo sabían que papá era el que dirigía a los dragones? Tenía que avisarle. ¿Pero cómo?

—¿Sabes algo más de la organización de Roma, los colores de los dragones, para que no me engañen? —preguntó muy interesado Franco.

Me quedé mirándolo fijo, queriendo saber si debía o no confiarle esas cosas. Entonces recordé que Filomena me dijo que era como el jefe de la policía allí, así que era verdad. Tenía que conocer de eso para que no se confundiera. Por lo que decidida comencé a hablar.

—Sí, me los sé todos —me senté frente a él—. El dragón negro es el máximo líder, el superior, es el Uno. Es el Capo di tutti i capi, es el que dirige el mundo de la mafia. Nadie posee más poder que él. Como les dije, es el Uno.

Y era mi querido papá, pensé. Lo extrañaba muchísimo y tenía que callarme, porque se me hizo un nudo en la garganta queriendo llorar. ¡Extrañaba tanto a papá, a todos! Sentía que no podía vivir. Estaba empezando a odiar esa libertad sin ellos. La voz de Franco me sacó de mis pensamientos.

—¿El uno? ¿Por qué el uno? ¿Qué significa? —Me miró muy interesado.

—Solamente existe un dragón completamente negro y es el de él.

Por eso es el UNO. Nadie más tiene permitido tener un dragón sin otro color —aclaré a continuación—.

Debajo del uno está el dragón blanco, el rojo, y ahora el negro, blanco y rojo de su Consiglieri principal, que es una mezcla de los otros.

Todos con el signo del UNO en ellos en negro. Le sigue la décima.

—¿La décima? —Franco me observó con el ceño fruncido.

Por suerte esa información era de dominio público y por eso podía decirle todo lo que estaba permitido. Me temía que alguien quería incriminar a papá y eso no podía permitirlo. En ese lugar, Franco era la máxima autoridad. Además, no quería que fuera enemigo de mi papá.

—La décima son diez dragones que están capacitados para conocer quién es y ver al Uno.

Son los más poderosos jefes de la mafia por región de todo el mundo —seguí diciendo con seguridad—.

Por debajo de ellos hay cincuenta que tienen derecho a saber quién es el Consigliere y reunirse con él.

Son los mafiosos que dirigen cierta región.

A este grupo les siguen cien que pueden hablar con el Consiglieri por teléfono, compuesto por mafiosos más pequeños.

—Entonces, ¿cómo saben los colores de cada dragón? —preguntó Ray.

Sonreí y seguí contestando, pensando que papá estaría orgulloso si me oyera explicar con claridad lo que tanto me negué a memorizar y que él insistía en que debía aprenderlo.

—Cada dragón de la décima tiene un color completo, con el negro agregado como un símbolo de poder del UNO, que solo ellos saben que significa.

Los cincuenta que le siguen, cinco están subordinados a cada dragón de la décima.

Por lo que heredan el color de ese dragón en combinación con el que ellos elijan que los represente, más el símbolo negro de pa…

, digo del Uno —me detuve al ver cómo me observaba con una mezcla de miedo y admiración—.

Y lo mismo pasa con los cien. Se subordinan a cada dragón de los cincuenta y así sucesivamente.

Son fáciles de reconocer si logras ver su dragón.

—¿Por qué si logras verlo? —preguntó Annette.

Les aclaré que los dragones del Uno no se lo enseñaban a nadie. Era su mayor secreto. Solo a aquellos que podían verlo lo hacían. Su organización era secreta, muy, muy secreta.

—Les digo que todo el que tenga un dragón negro debajo de su pata y lo enseña, es enemigo de la gran organización principal —aseguré con firmeza.

—¿Y todos están bajo los Minetti? —preguntó Ray.