37 . EXTRAÑAS PREPARACIONES
ALESSIA:
Ya mañana iniciábamos la escuela, por eso trajeron los caballos ese día, nos contó Ray. Dijo que Franco le contó que se puso de suerte, pues se los compró a unos extranjeros desesperados por venderlos a muy bajo precio.
—¿Y por qué compró tantos? —preguntó Filomena—. Siempre se negó a comprar caballos desde que los bandoleros les mataron aquellos que teníamos.
—Los vendían todos juntos o ninguno —aclaró Ray—. Y ya te dije, tenían un buen precio y al ver que eran tan buenos aprovechó la oportunidad.
—Todavía estoy asombrada de que papá esté gastando tanto dinero —volvió a hablar Filomena—. Siempre se quejó de que no tenía y ahora de pronto parece un millonario comprando en exceso.
No pude dejar de soltar una carcajada al escucharla llamar a su padre millonario porque había gastado unos pocos cientos de liras.
—¿Millonario Filo? —pregunté burlonamente.
—¡No te rías Alexcía! Papá era lo más tacaño que puedas imaginar, ya viste que casi no tenía ropa —me contó con vehemencia—. Y ahora nos compró muchas, y hasta nos trajo todos los materiales que vamos a necesitar en la escuela de muy buena calidad. ¿De dónde sacó tanto dinero? Es muy misterioso.
—No hay misterio en eso, Filo —intervino Ray—.
Ronaldo le compró este viñedo con la casa.
A tu padre no le gusta deber nada. Todo lo que ganaba lo ahorraba para pagarle, pero nunca lo quiso coger.
Y ahora Franco cogió ese dinero para ustedes.
También se siente muy culpable con tu hermana, por no saber durante todos estos años que era suya.
La dejó sufriendo siendo maltratada por Eleonora.
Quiere darle todo lo que no le ha dado hasta ahora.
—¿Cómo es eso de que papá no sabía que Alexcía era suya? ¿Cómo no lo va a saber? —preguntó ingenuamente.
Ray se quedó en silencio ante la pregunta.
Luego levantó los hombros mientras aclaró que no sabía cómo pasaron los hechos.
Pero solo ahora se había enterado, porque cuando fue a recoger los papeles que le enviaron de Alexcía, entre ellos vino una prueba de paternidad que decía que era en verdad suya.
—No quieras saber cómo se puso, hasta lloró de impotencia por lo que le hicieron Ronaldo y Eleonora —dijo bajando la voz.
—¿De veras mi tío engañó a papá de esa manera? —Quiso saber Filomena, y yo también—. ¿De veras no sabes cómo fue que lo engañaron para que se acostara con esa mujer? A papá no le gustaba.
Ray negó con la cabeza. Era evidente que no sabía mucho de lo sucedido entre Franco y la esposa de su hermano Ronaldo. Se negó a seguir hablando porque no sabía si hacía lo correcto. Eran secretos que le pertenecían a ellos.
—Así que no se den por enteradas. Y tú Filo, no te vayas a poner celosa de Alexcía, tienes que comprenderlo —le advirtió muy serio—. Franco las ama a las dos por igual. Ahora que ya no tiene que pagarle a nadie, alégrate. A partir de ahora de seguro lo invierte todo en ustedes.
—¿En serio? —A Filomena se le iluminaron los ojos—. Eso es muy bueno. Y tener una hermana también.
—Tampoco creas que gastó mucho. Ya te dije que los caballos los estaban vendiendo apurados, solo pagó doscientas liras —lo observé con incredulidad, sabía muy bien cuánto costaban esos animales—.
Y la ropa que trajo no llegó ni a eso. Estaban en rebaja por la misma causa.
Los dueños estaban prácticamente regalando todo.
Yo vi los recibos de pago, no gastó ni quinientas liras.
—¿De veras? —pregunté asombrada—. Sé algo del precio de los caballos y ese negro parece de pura raza. Si lo es, vale casi un millón él solo.
—¡Un millón! ¿Te volviste loca Alexcía? Aquí las cosas no valen tanto. Tampoco creo que sea de pura raza como dices —dijo Filo y se giró hacia Ray—. De todas maneras Ray, ¿para qué comprar tantos? Ahora tendremos más trabajo.
—Lo hizo por lo que te dije, que los vendían juntos.
También por si le pasa algo a uno, tenemos otro de repuesto —Ray habló con tranquilidad—.
Franco también va a ir a caballo al pueblo.
Quiso dejarle uno a la tía Annette por si necesitaba moverse.
Además, como están desarrollándose las cosas por aquí, es mejor estar preparados para cualquier cosa.
—¿Qué quieres decir Ray? —Intervine preocupada.
La manera en que insistía en que me aprendiera las rutas de escape me tenía preocupada. Mi instinto me decía que algo pasaba, pero no sabía qué era. Me concentré en lo que hablaban. Era la época de la cosecha y era el tiempo en que aparecían los maleantes a robar a los campesinos.
—¿No viste cómo Franco vendió todas las ovejas después de lo que pasó? No quiere arriesgarlas por tener que pastorearlas —eso me sonó a excusa, pero no dije nada.
—Eso lo entiendo. La otra vez, si no es por Bosco que me seguía a todas partes, me hubieran raptado y violado —contó Filomena.
La miré asustada. En verdad esa casa estaba muy lejos y sola. Ray aseguró que ese hecho fue uno de los motivos por los que Franco compró esos animales. Con caballos podía moverse más rápido, y nosotras también si nos atacaban, podíamos escapar en ellos.
—Por eso te enseñé todas las posibles rutas de escape —me dijo al fin directamente—. Por si te toca huir, Alexcía. No se asusten, yo siempre andaré con ustedes hasta que pase todo el lío. Franco pidió refuerzos, pero todavía no mandan a nadie.
Seguimos conversando mientras atendíamos a los animales.
Luego entramos y la tía nos había calentado agua para bañarnos.
Franco la cargó hasta mi cuarto para que me bañara dentro de una improvisada bañera.
Filo me ayudó, sin ponerse celosa. Era encantadora.
También me dijo que entendía que ahora todos me cuidaran con esmero como hacían con ella, pues yo había sufrido mucho lejos de la familia.
Me emocioné. Quería decirles la verdad, pero me callé. ¿Por qué papá me pondría en la situación de engañar a tan buenas personas? No era justo que se encariñaran conmigo pensando que era su hija y dejaran de buscar la suya. No era justo con ellos.
Guardé silencio después de bañarme y que me dejaran sola.
Al parecer la Alexcía verdadera sí era hija de Franco, por lo que contaba Ray.
¿Qué habría pasado con ella? ¿Moriría en el accidente con sus padres y papá aprovechó para hacerme pasar por ella?
¿Me parecería en su físico? ¿Qué iba a hacer cuando mi cabello rojo apareciera?
Ya se veían las raíces afuera y al parecer aquí no había tintes ni peluquería.
Jamás vendería papá a Azabache por esa miseria, era demasiado para él. Así que ese negro hermoso no podía ser su caballo, era solo una coincidencia bonita que me hacía sentir cerca de él cuando lo montaba.
Bueno, Filo dijo que recordaba mi cabello de otro color.
Le preguntaría mañana de qué color lo recordaba.
Lo del cabello rojo era algo que tendría que resolver pronto.
Ya veo que no es el caballo de papá. Jamás vendería a Azabache por esa miseria.
Es solo una coincidencia bonita, me hace sentir cerca de él cuando lo monto.
Lo extraño demasiado que lo veo en todas las cosas.