¡Ups, me equivoqué papá, me equivoqué! (SERIE ¡UPS! nº 3) 35 . SON HERMANAS
14%

35 . SON HERMANAS

ALESSIA:

Tardé unos cuantos días más en ponerme bien.

Menos mal que la tía Annette se esmeró en hacer cremas y sopas muy ricas que me restablecieron.

También me hizo andar abrigada, decía que hasta que me acostumbrara al frío y la humedad de allí.

Me trataba como si fuera su hija. El primer día me asusté con lo que me dijo, pero ahora era diferente.

Ray tenía razón sobre ellos, eran muy buenas personas.

Franco, al verme tan enferma y que pretendía arreglar el extraño abrigo que le habían regalado a Filomena, que despedía un feo olor a húmedo, me lo quitó de las manos y me dijo:

—No te pondrás esa porquería —luego se giró hacia su esposa—. Annette, quema eso. Ya que no pudieron encontrar nada que valga la pena en el pueblo, iré a ver si consigo algo mejor. El doctor dice que Alessia tiene que abrigarse muy bien.

Y sin más, salió por unos días y cuando regresó nos trajo a Filomena y a mí unos abrigos muy buenos, medias, botas de mujer más ligeras bien protegidas con lana por dentro, pantalones, en fin, ropa de invierno de mejor calidad.

No de las que yo estaba acostumbrada, pero presentables y que me calentaron en cuanto me las puse.

Además, compró muchas medicinas y vitaminas que le recomendó el doctor que debía tener siempre a mano. También le compró a la tía y hasta a Ray abrigos de buena calidad, y uno de cuero para él. Ellos estaban muy asombrados. Según Filomena, era muy tacaño.

—¡Oye papá, sí que tenías dinero escondido! —exclamó Filomena ante la cantidad de cosas—. Si no llega a ser por ti mi prima, nunca hubiera comprado nada.

—No te vayas a poner celosa de tu hermana, Filomena —dijo Franco muy serio.

—¿Mi hermana? —preguntó ella enseguida.

—Sí, Alessia es tu verdadera hermana y debes cuidarla.

No quiero oír que le vuelvas a decir prima, porque no lo es.

Es hija mía que dejé por desconocimiento que viviera con Ronaldo.

¡Jamás la abandoné! —dijo firmemente mirándome y se acercó tomando mi mano—.

¡Nunca te hubiera dejado en sus manos si me llego a enterar antes de que eras mi hija!

—¿Qué quieres decir con eso papá? —preguntó Filomena.

—Filo, ella es hija de tu papá —intervino la tía Annette.

—¿Qué? ¿Y por qué vivía con mis tíos? No entiendo nada —se giró hacia mí para interrogarme—. ¿Tú lo sabías Alessia?

—Yo…

No me atreví a decir nada. Al parecer Franco escuchó cuando llamaba a papá el día de la pelea y sacó las mismas conclusiones de Ray. O tal vez este se lo dijo o escuchó la conversación que tuvimos en el cuarto. Por suerte Annette siguió explicándole a Filomena.

—Es una larga historia que no queremos revelar ahora. Solo confórmate con saber que ella es hija de tu papá. No es tu prima. Ya la inscribió, a partir de ahora es tu verdadera hermana —dijo mostrando unos papeles—. ¡Alexcía Moret!

—¿Alexcía? ¿No es Alessia? —preguntó Filomena tomando los documentos.

—No. Ella es mi hija y le acabo de poner el nombre de mi madre: Alexcía Moret —aclaró Franco mirándome en busca de mi aprobación—. Ese es su verdadero nombre. A partir de ahora la llamaremos así. ¿De acuerdo hija? ¿Te gusta llevar el nombre de tu abuela? Te aseguro que era una gran mujer.

Solo asentí. ¿Qué podía decir ante aquello? ¡Sí que el tío Franco se lo tomó en serio de que era su hija! Me cambió el nombre, me puso su apellido y me declaró la legítima hija de ellos. Al parecer era cierto que esa chica era suya. ¿Qué debía hacer ahora?

No podía decir quién era en verdad, capaz que me tiraban para la calle. De seguro algo pasaba con la verdadera hija de él, y por eso papá me colocó en su posición. ¿O pensaría dejarme de por vida allí? Por lo menos dejé de ser huérfana. Los gritos de Filo me regresaron a la realidad.

—¡Sí…! ¡Me gusta, me gusta! —exclamó y me abrazó, llenándome de besos feliz. ¿Qué pasaba con esta muchacha que todo la llenaba de felicidad?—. ¡Siempre quise tener una hermana y tengo una! ¡Sí…!

Me sentí bien de que no se pusiera celosa.

Creí que si hubiese estado en su lugar y papá me dijera eso, hubiera armado tremendo berrinche para no compartirlo con nadie.

De veras no tenía nada que ver con mi nueva hermana.

Me di cuenta de que yo era una malcriada de las peores.

Sonreí mientras miraba a Filo desempacar todo, analizándola.

Nunca había conocido a una persona tan sana y desinteresada como Filomena. Parecía de otro mundo. Todo la llenaba de felicidad y alegría, era como si no viera lo malo de la vida. Me recordaba a mamá.

Ahora que lo pensé bien, no se parecían en nada. Filomena era feliz porque sabía cuánto costaba y el esfuerzo que hacían sus padres para obtener cada cosa que le ofrecían. Mamá, a pesar de lo inteligente que era, solo veía lo que ella quería. Lo demás no le importaba e idealizaba la realidad.

No sabía que existieran personas como Filomena.

Porque no fingía, se podía notar que ella experimentaba esa alegría que demostraba.

Me recordaba a mi hermano Kenet, siempre diciéndome que debía estar agradecida por tener la familia que teníamos.

Sobre todo, al padre que nos dio la vida y que se esmeraba por mantenernos seguros y felices.

Nunca entendí por qué me repetía tanto eso hasta ese momento.

En verdad mi hermano era como Filomena, que veía la vida como es. Y en ese momento me tenía agarrada en sus brazos y me llenaba de besos. La abracé contenta de que fuera así. Su felicidad era contagiosa.

—Bienvenida hija mía —me dijo Franco, me abrazó y besó emocionado. Lo mismo hizo Annette—. Ya no eres huérfana, nunca lo fuiste. Así que alégrate, quita esa cara de tristeza. Nadie te va a rechazar a partir de ahora. ¡Eres mi legítima hija!

—¡Nuestra legítima hija! —rectificó Annette.

—Gracias —susurré bajando la mirada.

No supe qué más decir. Sentía que los estaba engañando pero no podía decirles la verdad. Solo pude seguir la corriente. De seguro papá lo arreglaría todo después. ¿O pensaría dejarme con ellos definitivamente? No creí que lo hiciera. Mamá o Kenet me encontrarían un día.

Todo era alboroto y regocijo en la casa.

Filomena me abrazaba a cada rato, era muy cariñosa.

Y no se cansaba de decirme mi hermana, era como si toda la vida hubiese querido hacerlo.

Por mi parte evitaba decirlo, aunque la trataba con cariño.

Hasta una buena comida hicieron para celebrar.

Tenía que regresar a mi verdadera familia lo antes posible.