¡Ups, me equivoqué papá, me equivoqué! (SERIE ¡UPS! nº 3) 26 . LOS PROBLEMAS NO CESAN
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26 . LOS PROBLEMAS NO CESAN

LILIAN:

Estaba sentada en el hospital, afuera del salón de operaciones. Al ver a Rufo, le sonreí con pena. No sabía qué hacer para que Alessandro me dijera qué hizo con mi hija Alessia, o al menos que se acercara a mí.

—No te preocupes —me dijo Rufo pasándome un brazo por los hombros—. Ale, donde quiera que la haya metido, la está cuidando él personalmente.

—¿Lo crees? —pregunté con incredulidad.

—Sí. ¿No viste que estuvo fuera más de una semana cuando se la llevó?

Eso era porque se estaba asegurando de que estuviera bien donde quiera que estuviera.

Él no la dejaría sola nunca —aseguró y respiré aliviada—.

Solo le está dando una lección de vida y hace bien.

Hasta me llamó para que le dijera el nombre de la vacuna de la gripe.

—¿En serio? ¿Está enferma Alessia? —Mi corazón latió acelerado.

Rufo levantó los hombros y se apresuró a decir que a lo mejor era para dejarle la medicina como precaución. Se la había mandado junto con la de la alergia. Siempre que viajábamos a lugares húmedos, a ella le agarraba la gripe.

—Él la está cuidando muy bien, de eso no te quepa duda —siguió diciendo—. Alessia tiene que aprender o la perderemos. Ya viste lo que le pasó por ser tan caprichosa.

—¿Lo hice todo mal, verdad? —pregunté tristemente—. Lucy tiene razón, me lo vivía diciendo: que no le llenara la cabeza de mariposas a Alessia.

—¿Por qué lo hiciste, Lily? ¿Por qué le dijiste todas esas mentiras a la niña?

¿No pensaste nunca que ella podía reaccionar así?

—Me increpó Rufo—. Alessia es igualita a Alessandro, en todo.

Si fuera varón, no se le parecería tanto.

Hasta en ese carácter de los mil demonios que tiene cuando se molesta.

Sonreí tristemente, completamente de acuerdo con él. Alessia era la misma imagen de su padre. Tenía hasta la doble personalidad, una muy amable y otra rebelde e impulsiva. Era doctora, debí darme cuenta de eso.

—No lo sé, Rufo, no lo sé. Creo que añoro esa vida en la que no sentía miedo de nada.

Inicié a contarle de cuando vivía papá porque me preguntó por su abuelo materno.

Esa fue la época más hermosa de mi niñez y la recuerdo con cariño —suspiré sin poder apartar la culpa de mi pecho—.

De cómo me llevaba a pasear de la mano y a montar carreola sin preocupación, pensaba yo, y no era así.

Nos estábamos escondiendo. Pero se lo oculté a Alessia y luego, cuando vi cómo se emocionaba, seguí inventando una vida maravillosa.

—Hiciste muy mal, Lily, no debiste ilusionarla así —lo miré sintiendo impotencia.

—¡Pero Kenet también escuchaba todo y no se comporta como ella! ¿Por qué Alessia lo tomó de ese modo? —Hice la pregunta que me atormentaba.

Rufo se puso de pie mientras me observó con detenimiento. Era un gran doctor. Aunque era cirujano, casi se había especializado en todo. Aunque casi sabía lo que iba a decir, necesitaba escucharlo.

—Kenet es muy diferente, se parece al bisabuelo.

Es muy responsable y tiene la habilidad, como su padre, de tener los pies muy puestos en la tierra.

Además, confía ciegamente en Ale, lo admira y se siente orgulloso de ser quien es —supe que era verdad—.

También tiene más libertad que Alessia, sabe y ha visto cómo es el mundo real. Eso, sin contar que sabe cómo eres tú.

—¿Qué quieres decir? —Me puse en alerta.

Me pasó un brazo por los hombros mientras nos dirigíamos a cambiarnos de ropa. Y me dijo lo que mi hermana. Solo miraba lo que quería ver, y por lo general era lo hermoso de la vida.

—¿Cuánto tiempo pasó y cuántos hechos traumáticos tuvieron que sucederte para que al fin aceptaras que Andy no era bueno? ¿Lo recuerdas, Lily? —preguntó muy serio—. En eso no has cambiado nada.

—¿También me culpas? —pregunté tristemente.

—No, estoy de acuerdo con Lucy. ¡Todos somos culpables!

Tú por decirle mentiras, Ale por no detenerte y complacerla en todo.

Pero, sobre todo, por no dejarla salir al mundo cruel.

Y los demás, por no desmentirte y no enseñarle cómo es la vida —se detuvo un momento antes de continuar—.

Teníamos que haber dejado que ella viviera y supiera lo que realmente les pasa a las personas normales.

Ninguno de nosotros lo hicimos. Ale la metió en una caja de cristal y nosotros ayudamos.

Y ahora tenemos que vivir con las consecuencias.

Nos quedamos en silencio un rato mientras me limpié los ojos.

Estaba muy arrepentida de haberle mentido a mi hija.

Jamás imaginé que Alessia fuera a reaccionar de la manera en que lo hizo, y mucho menos que Alessandro la expulsaría de la familia.

Rufo solo me abrazó en silencio. Era consciente de que debió, como Consiglieri y hermano de Alessandro, advertirme del peligro de criar a mi hija de ese modo.

Supe que él muchas veces estuvo tentado a hablarle, a pedirle que dejara que Alessia viviera. Sin embargo, siempre lo dejaba para después. Suspiré, pensando que los padres cometemos muchos errores tratando de proteger a nuestros hijos, y el efecto era todo lo contrario.

Porque en el caso de Alessia, no la dejamos experimentar ni aprender lo que era en realidad la vida. A pesar de todos los entrenamientos a los que la sometía Alessandro, el mayor entrenamiento no la dejamos hacerlo: el de enfrentarse sola a la vida y reconocer los valores de la misma.

Alessia no sabía qué hacer en una situación en la que se encontrara sola.

No estaba preparada para eso. Sus guardias jamás dejaron que nadie se acercara a ella por mandato de su padre.

Nunca se había enfrentado al desprecio, la humillación o el rechazo porque todos a su alrededor la complacían y obedecían en todo.

Ni siquiera en la escuela, porque allí estaban su hermano y primos que no dejaban que nadie le hiciera nada, eso sin contar que todos tenían miedo al saber de quién era hija. Por lo que era como un niño recién nacido en un mundo del que no tenía ni idea de cómo funcionaba.

—¿Cuánto tiempo crees que le lleve a Ale perdonarla? —pregunté limpiando mis lágrimas.

—No lo sé, Lily, en verdad. Ni cuando perdió a Celia y a su hijo, lo vi como está ahora.

Ni siquiera me deja acercarme, desconfía ahora de todos —contestó con sinceridad—.

Alessia no solo lo lastimó con sus acciones, rompió algo sagrado en el corazón de Ale que él sentía hacia todos los que lo rodeamos.

La confianza. Ella rompió la confianza ciega que él tenía en todos, y eso es muy difícil de recuperar.

Porque, aunque él fue el mayor culpable, también fue el más perjudicado.

—¿Qué vamos a hacer, Rufo? —pregunté con impotencia.

—Esperar, Lily, esperar. Estoy convencido de que la está enseñando de la peor manera que puedas imaginar cómo es ser pobre.

Lo conozco, no se la pondrá fácil a Alessia —lo miré preocupada—.

Te aseguro que cuando la deje regresar, ella habrá vivido las peores experiencias que le puedan pasar a una persona que no tiene quien la proteja ni dinero.

—¡Rufo, me estás asustando más de lo que estoy! —exclamé aterrada.