¡Ups, me equivoqué papá, me equivoqué! (SERIE ¡UPS! nº 3) 24 . TE NECESITO
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24 . TE NECESITO

KENET:

Miré a mamá que dijo que sí con la cabeza. Parecía que en verdad creía que era lo que necesitaba papá en ese momento. Perdió a su hija, pero me tenía a mí, su hijo. Pensaba que al verme lo herido que estaba reaccionaría.

—Funcionará, le va a entrar el pánico a perderte a ti también —al ver la duda en mi mirada agregó—. Nada se pierde con probar. Hazlo sentir el gran amor que le tienes, lo necesita mucho en estos momentos.

—¿Sabes si ya llegó? Parece una buena idea esa —me puse de pie emocionado—. Iré ahora mismo. No pude ver quién me atacó, lo hicieron cuando fui a montar el auto. A mi seguridad no le dio tiempo a nada. Y ya es el segundo ataque que sufro.

Se asustó al escucharme. Era una seria amenaza y debía ser alguien a quien le mató un familiar papá. Tenía que funcionar. Papá no podía seguir haciendo lo que hacía o no iba a terminar bien. Ya me estaban atacando.

—Ve, está en el sótano, lo vi llegar. No le preguntes por tu hermana, habla de ti nada más —me dijo mamá—. Hazte el asustado, que sienta que lo necesitas como padre y abrázalo de mi parte. Ale está sufriendo mucho.

—De acuerdo, iré ahora mismo —dije mientras la abracé—. Traeré a mi padre bueno de vuelta, ya verás.

—Sí, créeme, solo tú puedes hacer que se calme —dijo llena de esperanza.

Me puse la camisa, la abracé y la besé saliendo corriendo. Bajé las escaleras y escuché a mi padre golpeando con furia algo. Tomé aire y toqué la puerta. Al ver que no me respondía, le hablé.

—Papá soy yo, Kenet, necesito hablar contigo —por un momento escuché que se detuvo, pero luego reanudó los golpes—. Papá, me atacaron y me hirieron, te necesito. ¿Es que ya no te preocupas por mí?

Al momento lo escuché correr y quitar todos los cerrojos de la puerta. Al abrir, tenía una expresión de espanto en su rostro.

—¿Qué dijiste? —preguntó de inmediato mientras me revisaba—. ¿Quién demonios te atacó? ¿Y dónde estaban tus guardias? Vamos para que te revise Rufo.

—No hace falta, mamá ya me atendió, pero esto es serio —dije y me emocioné al ver cómo me miraba—.

Papá, aunque soy hombre te necesito. Mira, mamá me acaba de curar, no es nada serio —dije quitando mi camisa para mostrarle—.

Alguien hace un rato en el parqueo me atacó por la espalda y me hirió.

Mis guardias no pudieron hacer nada. Cuando reaccionamos el tipo se había esfumado, parecía un ninja.

—¿En qué parqueo fue? —preguntó levantando la venda para mirar mi herida con preocupación.

—En el de nuestro club —respondí aliviado de que hablara conmigo—. Creo que alguien me quiere asesinar. ¿Puedo andar contigo?

—¿Tienes miedo? —preguntó de pronto.

—Sí, te necesito papá —dije sin avergonzarme—. Deja de estar aquí abajo o desaparecer y contesta mis llamadas de auxilio. ¿Es que acaso yo no te importo, solo te importa mi hermana?

—¿Qué quieres decir con que no contesto? Siempre te respondo —dijo de inmediato.

—¿Estás seguro? —lo increpé molesto—. Te he llamado esta semana dos veces y no me has contestado. El otro día me encerraron, eran muchos y nos tenían rodeados, mataron a tres de mis guardias de seguridad. Tuve que llamar al tío Rufo. ¿Es que ya no puedo llamarte cuando estoy en peligro?

Papá se quedó mirándome fijamente como si me estudiara.

Puse una mirada de súplica y no escondí mi miedo.

De pronto me abrazó con fuerza. Supe que no podía creer que no hubiera acudido a mi llamada de auxilio.

¿En qué había estado pensando? Debió prever eso.

Había eliminado a tantos en esos días que era seguro que vinieran por mí.

—Nunca más vuelvas a pensar eso, eres mi preciado hijo.

Los amo a los dos por igual —aseguró sin soltarme—.

Vamos, eso que me cuentas es una amenaza muy seria contra ti.

Tenemos que encontrar quién se ha atrevido a atacarte.

Al parecer, como no reaccioné la primera vez, creen que te tengo abandonado, o que estoy concentrado en otra cosa y es su oportunidad de eliminarte.

Luego tomó su camisa, se la puso y me hizo subir con él. Todos nos miraron asombrados mientras nos dirigíamos al despacho.

—Rufo, te necesito —solo dijo eso al pasar por el lado de mi tío.

—Funcionó —escuché a mamá decir emocionada—. Ojalá lo haga calmarse.

—Lo hará, es mi hijo —dijo mi abuela—. Aunque no lo crié, se parece mucho a mí en su carácter. Nada es más importante para Ale que sus hijos.

—Eso es verdad —dijo mamá—. ¿Crees que Kenet logre hacer que perdone a Alessia?

Nos alejamos hacia el despacho. Estaba muy feliz al ver que el plan de mamá dio resultado. Papá me abrazó muy fuerte y juré que hasta sentí que soltó un sollozo. Ese día le rogué porque no se encerrara. Le tomé una mano y tiré de él. Para mi alegría me siguió.

—Si no quieres dormir con mamá, hazlo conmigo —susurré mientras nos alejábamos.

Esa noche durmió conmigo. Podía ver que tenía pesadillas y varias veces tuve que abrazarlo. Mi padre estaba vulnerable. Por eso decidí portarme como un niño. Desde ese día, papá no me soltó y me llevó con él a todas partes. Dejó de desaparecer y comenzó a trabajar en la empresa de nuevo.

Investigó en solo un día quiénes me atacaron y los atrapó.

Yo lo llamé a cada rato como me aconsejó la abuela Camil.

Lo llené de preguntas, incluso de cosas que sabía a la perfección.

Le hice sentir que lo necesitaba más que a nada en el mundo.

Aunque no le habló más de lo necesario a los demás, y nada de mencionar a mi hermana.

—Papá, ¿puedo enseñarte algo? —Le pregunté entrando en la oficina.

Justo cuando abrí, lo agarré mirando con tristeza la foto mía y de mi hermana que tenía en el buró.

Tuve que aprovechar para ver si lo retenía.

Sabía que quería desaparecer de nuevo, lo veía en su mirada.

La soltó enseguida poniéndose de pie y vino a mi encuentro sonriendo.

Supe que hacía un gran esfuerzo por mostrarse alegre a mi lado, pero su mirada era triste.

—¿Qué es hijo? —Vino a mi encuentro.

—Ven conmigo al baño, me da pena mostrarle a mamá esto —dije bajando la voz.

Y es que me había vuelto a salir la erupción que me salía a cada rato por el calor. Mamá me dio una crema, pero no me importaba. Aproveché lo más mínimo para estar con él. Se lo enseñé y se quedó mirándome por un tiempo con cara de preocupación.

—Vamos ahora mismo a ver a tu tío Rufo —me dijo tomando su saco.

—El tío está operando junto a mamá —le conté—. Tenemos que esperar que terminen. No le digas nada a ella, me da pena. ¿Crees que alguna chica me pegó algo malo?

—¿Te proteges hijo? —preguntó preocupado—. Acuérdate que te dije que no quiero que vayas a dejar hijos regados. Si embarazas a una chica te casarás con ella. Los Minetti no dejamos nuestra familia tirada.