¡Ups, me equivoqué papá, me equivoqué! (SERIE ¡UPS! nº 3) 21 . ¿ILUSIÓN O REALIDAD?
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21 . ¿ILUSIÓN O REALIDAD?

ALESSIA:

Salí como pude de debajo de su cuerpo, tosiendo, y me desmayé.

Cuando recobré el conocimiento, abrí los ojos y vi a Ray arrodillado con el cuchillo ensangrentado en la mano.

¿Fue él quien me salvó? ¿No fue papá? Miré para todas partes buscando, pero no había un solo rastro de él.

¿Papá estaba conmigo o lo imaginé? Podía jurar que era su voz dirigiéndome. ¿O fui yo quien lo creé en mi mente?

—¡Papá…! —Lo llamé, pero solo me respondió el viento—. ¡Papá, perdóname y llévame contigo, no me dejes aquí por favor, corro mucho peligro!

Grité al viento mientras me levanté y giré a mi alrededor tratando de adivinar en la oscuridad tan grande que me rodeaba dónde estaba escondido.

Lo escuché muy claro, no podía haber sido mi imaginación.

Papá me estaba dirigiendo todo el tiempo y me salvó.

¿O fue Ray? Lo miré. Seguía arrodillado con la cabeza colgando y el cuchillo ensangrentado en su mano. Fui a llamarlo.

—Ray, Ray —abrió los ojos y me miró.

—¿Estás bien? —preguntó con voz ronca.

—Sí, sí, gracias por salvarme. ¿Fuiste tú? —pregunté con incredulidad.

—Disculpa por no despertar antes. Gracias a ti por luchar y no dejar que me asesinaran —me dijo.

¿En serio fue él quien me salvó y no papá?

¿Estaba sola en ese lugar sin nadie que me protegiera?

¿Papá en verdad me abandonó a mi suerte?

Lo escuchaba tan claramente dirigiéndome como si observara la pelea.

No podía estar equivocada, tenía que haber sido él, que seguía molesto y me dejó ahí.

¿O todo lo creé en mi imaginación para llenarme de valor?

—Papá…

En ese momento llegó el tío Franco y se quedó observándonos. No dijo nada. Con el pie volteó al tipo y abrió los ojos con una expresión de asombro.

—Vaya Ray, al fin lo mataste. ¿Y tú por qué estás llena de sangre? ¿Estás herida? ¿Dónde? —Me asombré de ver preocupación en su rostro mientras me ayudaba a ponerme de pie.

—Estoy bien tío —logré decir dejando que me revisara—. Esta no es mi sangre.

—Benedetto estaba queriendo abusar de ella y creo que le corté el cuello en ese momento porque tengo el cuchillo en mis manos —dijo con voz ronca Ray—. No me acuerdo bien, todo es muy confuso en mi mente. Me duele terriblemente.

—¿Si no fuiste tú quién más iba a hacerlo, Ray? —preguntó Franco—. Tú acabaste con este desgraciado. Cuando vine no vi a nadie más por los alrededores. Disculpa por tardarme tanto, no sabía que estaban en este peligro.

Al parecer fue él y no mi padre. Suspiré. Estaba alucinando de las ganas que tenía de verlo. Pero podría jurar que escuchaba su voz guiándome en cada momento. Me inundó la tristeza. Papá ni siquiera mandó un guardia a cuidarme.

¿No era eso lo que querías Alessia, que nadie te siguiera y vigilara? Pues ya ves, te concedió el deseo. Si no llega a ser porque me entrenó muy bien, ese día no sé qué hubiese pasado. Porque cuando Ray despertó, llevaba mucho tiempo luchando. Si hubiera tenido a mis chicos…

Un nudo en la garganta se me hizo, entendiendo lo valioso que eran.

Bueno Alessia, ni siquiera ese Benedetto hubiese tenido el chance de acercarse a ti.

Ellos te cuidaban y protegían muy bien. Ahora me di cuenta, no solo me vigilaban.

Volví a suspirar aguantando las ganas de llorar mientras los escuchaba hablar.

—¡Bravo! Me ahorraste mucho trabajo —lo elogió Franco—. ¡Ese desgraciado estaba muy bien escondido! ¿Cómo te hirieron?

—No lo sé. Estaba entretenido, alguien me golpeó en la cabeza por detrás y no recuerdo más —siguió contestando Ray—. Creo que desperté en el momento en que quería abusar de la señorita. Todo es muy confuso en mi mente ahora, ni siquiera me acuerdo de cuando lo maté.

—Deben ser los rufianes que lo seguían quienes te hicieron eso, les daremos caza.

Al parecer te dejaron para que él te asesinara —habló Franco mientras le apretaba la camisa en la cabeza—.

Menos mal que despertaste y luchaste con él.

Ella es Alessia, mi sobrina y prima tuya de Roma.

A lo mejor no la recuerdas, vino cuando tenía cinco años. Es la hija de mi hermano Ronaldo.

—Ah, ya…, la pequeña de Roma —dijo Ray mirándome—. Sí, me acuerdo de ella.

—Veo que lo golpeaste mucho, ¿eh? No sé cómo lograste derrotarlo con lo fuerte que era ese salvaje, herido de esa manera —siguió diciendo Franco mientras inspeccionaba a Benedetto y en algunas ocasiones me miraba—. Buen trabajo, de algo te sirvió recorrer el mundo.

—Yo no fui…

Ray comenzó a decir que no fue él quien luchó, pero le dije que no con la cabeza.

Papá siempre me dijo que no mencionara mis habilidades, que era mejor que me creyeran una mujer indefensa.

Así no se preparaban contra mí y tenía una ventaja.

Me pareció que iba a seguir al pie de la letra todo lo que me enseñó.

Era la única manera de sobrevivir. Si en verdad fue él quien estuvo ahí, no pensaba perdonarme todavía, me estaba dando una dura lección.

¿O fue una ilusión que me creé, Alessia?

Si hubiera estado ahí, no creo que dejaría que me golpearan como lo hizo ese tipo, lo mataría primero.

—Vamos, es muy tarde —dijo Franco después de mirarme siguiendo la mirada de Ray—. Mañana vendré a buscar su cuerpo, si no se lo han comido los animales.

Caminamos despacio. Estaba muy adolorida.

El tipo logró golpearme varias veces, mi cara se había hinchado y mis pies casi no los podía levantar.

Tropecé y me tambaleé a cada rato. El tío Franco soltó a Ray, vino y sin más me cargó.

Me eché a llorar. Extrañaba a papá, a mamá, a mi hermano y a mi familia en general.

Cuando desperté, estaba en mi pequeña habitación oscura.

Vi que me habían puesto un extraño vestido muy grande.

Me hice un ovillo y comencé a llorar. ¿En serio papá me dejaría ahí?

¡Nunca antes me había sentido como me sentía en ese momento!

Mi familia siempre estuvo ahí, dispuesta a complacerme o cuidarme en todo momento.

Ahora me di cuenta. Era su niña preciosa, su princesa como me decía papá, y ahora era una recogida en una familia extraña.

Había estado tan concentrada queriendo encontrar y vivir esa libertad de la que tanto hablaba mamá, que no me di cuenta de la hermosa familia que tenía.

Y ahora la perdí por arrogante y por creer en ella.

Pasé la noche llorando. Sabía que me iba a castigar, pero nunca esperé que me abandonara.

No mi padre. Aunque me merecía que me enseñara cómo era la vida que tanto quería vivir, ¿no pudo hacerlo de otra manera junto a él?

¿Tenía que dejarme en ese enorme peligro?

A las cinco de la mañana, entre sueños, escuché cómo se levantaban mis tíos y los oí hablar.

—¿Así que esos dos mataron a ese bandolero de Benedetto? —preguntó la tía Annette.

—Fue Ray, parece que aprendió algo de lucha por donde anduvo.

¡No sé ni cómo lo logró, porque estaba casi inconsciente cuando lo encontré!

—contó Franco sorprendido—. No despiertes a Alessia, deja que duerma un poco.

Ese maldito la maltrató mucho. Ya le pedí al doctor que viniera.

Parece que luchó como una fiera. ¿Qué era lo que le enseñaba mi hermano a esa chica?