¡Ups, me equivoqué papá, me equivoqué! (SERIE ¡UPS! nº 3) 20 . LA PELEA
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20 . LA PELEA

ALESSIA:

Busqué alrededor esperanzada de que salieran mis guardias a salvarme, pero nada. Todo era silencio y ese bruto delante de mí. En fin, estaba sola. Si papá me estuviera cuidando, ya habrían aparecido sus hombres. Vamos Alessia, tú puedes con este bruto.

Seguimos haciendo un semicírculo enfrentados. No lo dejé que fuera hacia donde Ray luchaba por despertarse.

—¡Serás la perra con la que nos divirtamos todos! —Me amenazó de nuevo—. ¡Ni tu tío Franco va a poder impedir que te haga una!

—Debo parecerlo cuando me dicen eso. ¡No seré la perra de nadie! —respondí segura. Entre más se enfureciera, mejor para mí. Era algo que me enseñó papá. Si el oponente se desconcentra, tienes más ventajas—. En cambio, tú serás mi esclavo si sales vivo de aquí.

Volvió a atacarme furioso, logrando darme una bofetada, pero logré asestar una patada en su estómago y un gancho en su barbilla haciendo que retrocediera. La cara me ardía, tenía la mano pesada. Sacó su cuchillo que había guardado y me miró con odio.

—Ya ni de perra te quiero. Estás defendiendo a ese malnacido que tienes por novio, pues morirás con él —dijo moviendo el cuchillo con mucha agilidad—. Por ti fue que regresó, ¿eh? De nada le sirvió. Me vengaré de los dos. Tus trucos no me detendrán, mejor ríndete y te dejaré vivir.

Siguió moviendo su enorme cuchillo con mucha agilidad. Cuando vi eso, me estremecí, no lo negaba. Tenía un poco de miedo, pero si me tocaba morir, lo haría luchando. ¡Era Alessia Minetti, el dragón dorado, no me rendiría tan fácil!

Papá era mucho más fuerte que él y me golpeaba más duro. Y como si al pensar eso se me hubiera abierto una puerta en mi cabeza, recordé su voz de cuando me entrenaba.

"Cuando un oponente es más fuerte que tú, no utilices la fuerza, sino la rapidez e inmovilízalo. Tienes que atacar sus puntos débiles."

Me preparé como si estuviera luchando con papá.

Nunca me trató como una niña, me golpeaba duro, hasta me noqueaba en ocasiones.

Decía que un dragón tiene que ser hábil y fuerte.

Tampoco mi hermano Kenet me trataba con misericordia.

Mamá peleaba mucho por los moretones que me hacían, pero a papá no le importaba, quería hacerme fuerte.

Me entrenó como un hombre y ahora se lo agradecía.

Cuando el tipo volvió a atacar, di una rápida voltereta y atrapé un puñado de tierra que le lancé a gran velocidad a sus ojos, haciendo que los cerrara.

—¡Te mataré perra, te mataré! —Aulló.

No lo dejé descansar. Aproveché que estaba ciego, corrí y con mis dos manos le golpeé los oídos con todas mis fuerzas. Era un golpe que dolía mucho y aturdía al contrario. Seguí y le di una enorme patada en sus partes, haciendo que soltara un alarido.

—¡Maldita…! ¡Te mataré, juro que te mataré! —Siguió gritando.

No le contesté. Tomé impulso, di un salto golpeándolo en el pecho con ambos pies y lo hice caer sentado.

Traté de desarmarlo, pero se puso muy rápido de pie.

Aguantaba golpes ese tipo. Seguí dándole patadas y puñetazos con todas mis fuerzas, cuidando que las cuchilladas que tiraba a ciegas no me alcanzaran.

Había logrado golpearme con su otra mano y hasta rozado con su cuchillo.

Pero seguí atacando como una desquiciada.

"¡Vamos Alessia, tú puedes con él, tú puedes! Eres mi hija Alessia, la heredera del dragón negro, no lo olvides, no me hagas pasar vergüenza. ¡Acaba con él!"

Escuché en mi cabeza los gritos de papá, como si estuviera a mi lado guiándome todo el tiempo.

"¿Qué esperas? ¡Ve por donde más le duele! ¡No me hagas darte una lesión Alessia! ¡Mata al maldito bastardo que se atrevió a atacarte! ¡Ahora!"

Le golpeé sus pantorrillas. Era un golpe efectivo aunque sus gruesas botas lo protegían. Di un rodeo e hice que se arrodillara al golpearlo en ambas rodillas. Luego en su antebrazo haciendo que soltara el cuchillo, que cayó cerca de Ray. No me dio tiempo a agarrarlo.

"¡Ahora Alessia, no lo dejes que se recupere! ¡Mátalo! ¡Dale el golpe mortal que te enseñé! ¡No me hagas quedar mal Alessia o después seguiré yo!"

Seguí escuchando los gritos de mi padre en mi mente y estaba muy emocionada. Lo tenía conmigo aunque no lo viera. Las enseñanzas de mi padre eran realmente buenas.

"¡Deja de pensar en boberías y concéntrate! Se van a despejar sus ojos, ¡arremete ahora con todas tus fuerzas!"

Me percaté de que era verdad. El tipo había logrado ver mejor.

Fui por su cuello, como me había enseñado papá.

No podía dejar que se recuperara por completo.

Estaba cansada y mi velocidad había disminuido mucho.

Si no hubiera dado esa caminata con Filomena, estaría mejor.

Tampoco había comido nada en todo el día. Volví a escuchar la voz de mi padre.

"¡¡¡Alessia, ahora!!!"

Reaccioné. Era como si estuviera en un lugar cercano dirigiéndome.

¿Cómo podía saber lo que estaba pasando y dirigirme?

Volteé la cabeza buscándolo. Tenía que estar cerca, me dije, lo escuchaba muy claro.

No estaba en mi cabeza, papá debía estar ahí cuidando de mí. ¿Pero por qué no venía a defenderme?

"¡Cuidado Alessia! ¡Concéntrate, maldita sea!"

Giré rápido justo a tiempo para ver al tipo lanzarme un puñetazo que logré esquivar.

Lancé con todas mis fuerzas una patada a su garganta, pero me la atrapó, riéndose malévolamente.

Me impulsé con la otra pierna libre, di un salto y me subí en su hombro golpeando el centro de su cabeza con mi codo.

Era un golpe mortal porque hacía que el cerebro chocara con el hueso.

"¡No te dejes bajar de ahí Alessia, sigue golpeando su cabeza!"

Ahora estaba segura. Papá estaba ahí. Eso me llenó de valor y seguí golpeando al hombre con todas mis fuerzas.

Sin embargo, el tipo era fuerte. Logró desprenderme y tirarme al piso con todas sus fuerzas, aturdiéndome.

Tiempo que utilizó para subirse encima y sostenerme.

Me agarró por el cuello estrangulándome.

Por mucho que traté de escapar, me fue imposible.

—¡Papá ayúdame! —grité aterrada—. ¡No puedo más, papaaaa…!

Lo llamé con todas mis fuerzas, sin entender por qué no salía a ayudarme.

El tipo me estaba matando y no venía. Era enorme y no me quedaban fuerzas para resistir.

Cuando creí que iba a acabar conmigo, vi una sombra detrás de él que le cortó el cuello llenándome de sangre, y desapareció, dejando que el cuerpo del asesino me cubriera por completo.

—¡Papá no te vayas! ¡Papá…!