¡Ups, me equivoqué papá, me equivoqué! (SERIE ¡UPS! nº 3) 16 . INCREÍBLE REALIDAD
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16 . INCREÍBLE REALIDAD

ALESSIA:

Seguí mirando a mi alrededor viendo cómo todos nos miraban con curiosidad.

Estaba ahora asustada, no podía creer que mi padre me hubiera mandado a un lugar lleno de enemigos.

Filomena se quedó observándome, sin dejar de mirar asustada para todas partes mientras volvía a tomarme de la mano como si temiera que me perdiera, alejándonos más de todo.

Al detenerse, vi cómo soltó todo el aire.

—Alessia, por el amor de Dios. Escúchame muy claro, porque de esto que te voy a decir depende no solo tu vida, sino la de todos —dijo muy seria—.

Ese mafioso que mencionaste no es tu papá.

Tú eres hija del tío Ronaldo, que era doctor igual que tu mamá.

No lo repitas mi prima, por favor. Quiero andar contigo siempre, tenemos la misma edad.

No supe qué decir. Al parecer mi padre me dio la vida de su prima de verdad. No sabía cómo lo había hecho, pero pude percatarme de que ella no sabía que era una impostora. La escuché, porque si en verdad había enemigos de mi padre allí, estaba en verdadero peligro y debía ser muy cuidadosa.

—Si mamá o papá te oyen diciendo eso, te encerrarán en la casa y no te van a volver a dejar salir, ni a mí tampoco.

Prométeme que no lo volverás a decir pase lo que pase —me pidió asustada tomando mis manos—.

Si lo dices, te matarán o te harán algo peor, por ejemplo, darte a los rufianes del burdel.

Papá solo te recogió porque fue el tío quien le compró esta tierra.

Solo por eso y porque hizo la promesa de cuidarte si les pasaba algo a tus padres.

Él siempre cumple lo que promete. Pórtate bien, evita hablar ni llevarle la contraria a nadie, sobre todo a mamá que tiene muy mal carácter.

Ella odiaba a tu mamá porque cuando venía se hacía la fina y la despreciaba.

Me quedé observándola. Filomena estaba realmente asustada.

¿En verdad papá me pondría en ese peligro?

No creía que lo hubiera hecho. Miré a mi alrededor tratando de ver si por casualidad había mandado a mis guardaespaldas, pero nada.

No había un alma en todo eso y un estremecimiento me recorrió todo el cuerpo.

Era un sentimiento de abandono que jamás había experimentado y se me hizo un nudo en la garganta.

Por primera vez me di cuenta de que quizás me había abandonado de verdad. No debí decirle aquello, no debí. Nunca imaginé que mi padre, que me adoraba, me hiciera una cosa como esa. No era que renunciara a ser libre. Pero, ¿por qué mandarme a un territorio enemigo sola?

—Perdóname mi prima, no volveré a decirlo —me apresuré a decir al ver lo asustada que estaba, y porque tampoco quería ponernos en peligro—. Te lo prometo, solo que pensé que si lo decía… ¡no me hagas caso! Me portaré bien, vamos que es tarde y todavía estamos lejos.

—De acuerdo —cambió de nuevo a su actitud jovial—. Estoy muy feliz de que papá me dejara ir a la universidad y no me casara con mi novio todavía.

—¿Tienes novio? —pregunté interesada.

—Sí, es el hermano de Marena. El imbécil engreído de Bosco, se encaprichó conmigo porque lo he rechazado siempre desde que éramos niños —me contó mientras avanzábamos hacia la salida del pueblo—.

Antes me gustaba su compañía, fuimos muy buenos amigos y me ayudaba a hacer trabajos en la finca después que mi primo se fue.

Ahora lo odio porque hizo que su papá el alcalde le pidiera la mano al mío.

Y no puedo hacer nada, mis padres aceptaron esa unión.

—¿De veras? —Sonreí pensando en lo afortunada que era—. Ahora entiendo por qué Marena te saludó así. Es tu cuñada, aunque a mí me despreció.

—A mí también me hacía esas cosas que te hizo, lo que Bosco me defendía y todavía lo hace —contó con un suspiro—. Además, me tiene que respetar, porque su papá será el alcalde pero el mío no se queda atrás.

—¿Qué quieres decir con eso? —Me interesé enseguida.

Me contó que ese señor tosco que vi en la casa era el responsable de la seguridad. Tenía un alto puesto en la sociedad de allí. Era el que dirigía todo después del alcalde. Todos le tenían mucho miedo. Agregó que era terrible cuando se molestaba.

—Así que no lo hagas enojar Alessia, di siempre que sí con la cabeza cuando te mande a hacer algo —me aconsejó—. Porque si no, no solo te castigará a ti, lo hará con las dos.

—De acuerdo —acepté mi nueva realidad—. ¿Y por qué viven en el campo si es así?

—Porque le encanta hacer vinos y la propiedad es de él, aunque es muy tacaño.

Podemos vivir en una casa que hay en el pueblo, suya por el cargo que ocupa al lado del alcalde.

Son las dos mejores que existen, pero no quiere —siguió explicando mientras avanzábamos por el camino—.

Sé que no es la vida a la que estás acostumbrada, pero ya lo harás, y ojalá encuentres a un hombre que quiera casarse con una huérfana cuando terminemos de estudiar.

Eres linda, de seguro que papá te busca a alguien que no le importe que lo seas.

—¿Qué quieres decir? —Me detuve.

Quería tener novio, pero no un bruto de ese lugar. Miré a Filomena, que jugaba con una flor que recogió del camino mientras seguía diciendo que su padre solo nos dejaría estudiar esos dos años. Luego, antes de que cumpliéramos los veinticinco, nos casaría a las dos.

—Así que pórtate bien para que no nos saque de la escuela —dijo con expresión preocupada—.

No hables sin pensar primero. Sé que perdiste la memoria con el accidente de tus padres, pero quédate callada cuando no te acuerdes de algo.

Yo permaneceré a tu lado para apoyarte en todo, mi prima.

A lo mejor te pones de suerte y tu novio es tan apuesto como el mío.

—Yo no…

Me detuve. Iba a decir que no podía casarme sin permiso de papá, pero me mordí la lengua, recordando lo que ella me había pedido.

Tenía que estar muy alerta a partir de entonces.

Eso no era un juego, estaba en serio peligro.

Si al menos mi hermano Kenet hubiera venido conmigo sería más soportable.

Lo extrañaba mucho, nunca me había separado de él.

A su lado jamás corrí peligro. Papá incluso me hizo entrar tarde a la escuela para que estuviera con él.

Me protegió siempre, se enredaba a golpes con cualquiera por mí.

¿Por qué tuviste que hacerle eso? ¿Lo habría castigado papá por mi culpa?