¡Ups, me equivoqué papá, me equivoqué! (SERIE ¡UPS! nº 3) 15 . NO ERES LA PRINCESA MINETTI
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15 . NO ERES LA PRINCESA MINETTI

ALESSIA:

Seguí a Filomena todavía anonadada con lo sucedido.

Nos introdujimos en la estancia donde tres señores estaban sentados en una mesa mirando diferentes expedientes.

Me percaté de que no le había preguntado a mi prima qué íbamos a estudiar en esa escuela.

A mí ya me tocaba entrar en la mejor universidad de diseño en París, que era mi sueño.

—Buenos días, Filomena Moret —saludó el que parecía ser el director sonriéndole, luego me miró con desprecio—. Esta debe ser tu prima huérfana, Alessia Moret di Roma.

—Sí, señor. Es mi prima, que le mataron a sus padres.

Mi papá la recogió porque no tenía más familia —se apresuró a contestar Filomena—.

Por eso si puede ayudarnos con una rebaja con el dinero de la matrícula, dice papá que le estará muy agradecido.

También dijo que será el primero en recibir sus vinos la próxima cosecha, además de que se asegurará de la seguridad de su familia.

—Ya veo —dijo el hombre, y murmuraron entre ellos—. ¿Y quiere estudiar diseño?

—Sí, señor —respondí yo antes de que Filomena pudiera hacerlo—. Y soy muy buena en ello. Ya me habían aceptado en una universidad en París, en Francia.

Todos levantaron la mirada y me observaron. Filomena me apretó la mano como si hubiese hecho algo malo. No entendí nada, siempre fui de hablar recto y a nadie le molestaba.

—Baja tus humos, princesa, eres una huérfana. No tienes derecho a hablar aquí, y mucho menos a hacer alarde de lo buena que dices ser —me susurró—. Tenemos que rogarle a ver si te aceptan.

—Ya veo —dijo el que parecía ser el jefe mirándome con desprecio.

Los tres que estaban en la mesa volvieron a murmurar entre ellos. Luego asintieron y pusieron un cuño en los papeles que le extendieron a Filomena. El que parecía ser el presidente dijo:

—Tú estás matriculada, Filomena —se detuvo para mirarme antes de agregar—. Tu prima asistirá de auxiliar tuya, y si en verdad demuestra lo que dice, veremos. Dile a tu padre que es lo más que puedo hacer. La matrícula subió este año y los cupos ya están completos en todas las especialidades.

—¿Yo, auxiliar de ella? —pregunté sin poder contenerme.

¿Cómo iba a ser auxiliar de Filomena? Eso debía ser una broma de mal gusto. Yo era Alessia Minetti, la primera de su clase en todo. Abrí la boca para protestar, pero me detuve al ver la mirada reprobatoria de todos y cómo movían la cabeza como si estuvieran arrepentidos de concederme eso.

Filomena sonrió agradeciendo a todos mientras me apretó la mano y tiró de mí para que me inclinara. En ese momento me di cuenta de que ya no era Alessia Minetti, que obtenía con solo mencionar mi nombre todo lo que quería. Era la huérfana Alessia Moret, una recogida de caridad.

—De acuerdo, no hay problemas. Muchas gracias, muchas gracias por esta oportunidad —dije mientras me incliné como hacían todos los sirvientes de mi casa ante mí.

Estaba segura de que muy pronto se darían cuenta de mi valía y obtendría ese puesto por méritos propios y no por ser la hija de papá.

Y respiré creyendo eso firmemente. ¿Cómo estarían todos?

Mamá de seguro debía estar muy triste. Aunque algún día iba a suceder, me iría lejos, no pensé que fuera de esa manera.

Ya habíamos salido de la escuela, luego de que Filomena pagara la matrícula de ella y la pasantía de auxiliar mía. Ya íbamos de regreso a la casa. Antes de irnos del pueblo, le pregunté:

—Filomena, ¿crees que pueda llamar por teléfono a Roma?

—¿Llamar por teléfono a Roma? ¿A quién? ¿Tienes novio? —Me llenó de preguntas.

—No, no tengo novio —respondí enseguida—. Quiero llamar a unos amigos.

—Lo siento mi prima, yo no tengo teléfono y una llamada de aquí a Roma vale un dineral que tampoco tenemos —explicó apenada—. Además, el único teléfono que existe está en la casa del alcalde para emergencias, no sé si te dejan llamar por esa bobería.

—¿No hay teléfonos móviles aquí? —La miré con incredulidad.

—¿Qué? —Se rió a todo dar de mí—. Alessia despierta, esto está en el fin del mundo.

No hay empresas telefónicas ni nada de eso a lo que estás acostumbrada.

Ni siquiera tenemos electricidad. El único que tiene electricidad con una plantita, y no todo el día sino solo tres horas en las noches, es el alcalde.

—¿En serio? ¿No me estás tomando el pelo? —En verdad no lo podía creer, era demasiado—. ¿Cómo no van a tener electricidad?

Me quedé mirándola sin saber qué decir. Ella se rió con los chicos de antes mientras avanzábamos por una calle llena de pequeñas tiendas oscuras. Parecía que era verdad, no vi una sola bombilla. ¿A qué lugar tan remoto me había enviado papá?

Me entretuve en ver las ropas. Estaban pasadas de moda, pero de seguro me quedarían mejor que las que llevaba. Iba a preguntarle a Filomena si podíamos comprar alguna, pero recordé lo que me acababa de decir del dinero. Por lo que cambié la pregunta.

—Filomena, ¿sabes si podré encontrar algún trabajo aquí para ganar el dinero de la matrícula y demás?

—¿Trabajo? —Me miró como si tuviera dos cabezas—. Con la cantidad que vas a tener en mi casa, ¿para qué quieres otro trabajo?

—Necesito comprarme cosas y pagar mis estudios —contesté con seriedad.

—Aquí aunque hay muchos lugares, la mayoría son llevados por los dueños y sus familias. Raramente contratan a extraños, menos a ti que eres de Roma y encima de eso huérfana —repitió esa palabra como si fuera una maldición—. Son muy desconfiados y creen que las personas como tú son ladrones.

—¿Por qué hablan así de los huérfanos? —pregunté sin poder contenerme.

Ella se detuvo y me observó con lástima. Luego siguió caminando mientras me contó que se habían dado muchos casos en el pasado en el pueblo, en que habían cogido robando a los huérfanos, que eran el escalón más bajo de ese pueblo.

—Tú te pusiste de suerte que papá te recogió y muchos le temen. Sino, estarías en graves problemas, mi prima —dijo con orgullo—. Solo acostúmbrate a ser lo que eres, una huérfana recogida.

—¡No lo soy, mis padres están vivos, solo me castigaron!

—Grité ya sin poder contenerme con todas mis fuerzas—.

¡Soy el dragón dorado, la hija de Alessandro y Lilian Minetti!

¡Mi padre es el Capo di tutti i capi! ¡El UNO!

¡Mis padres están vivos! ¡Vivos! ¡Y no soy pobre, tengo todo el dinero que quiero! ¡Solo me castigó por portarme mal papá!

—Sussss… ¿Te volviste loca mi prima? —Dijo con expresión aterrada tapándome la boca—. ¿Por qué estás diciendo que eres hija de ese mafioso? ¡Eres la hija del tío Ronaldo! Sé que estás traumatizada, pero si no quieres morir y hacer que nos maten a todos, no vuelvas a repetir eso.

Me pidió asustada Filomena mirando para todas partes. Me tomó de la mano y tiró de mí caminando lejos de todas las tiendas, bajo la mirada curiosa de muchos. Cuando creyó que no nos iban a escuchar se detuvo.

—Alessia, mejor deja tu locura —dijo muy seria bajando la voz—. Aquí todo el mundo odia a los Minetti. ¡Así que no lo vuelvas a mencionar!

—¿Odian a papá? ¿Por qué? —pregunté asustada.