10 . SOY LA DEBILIDAD DE PAPÁ
ALESSIA:
Tragué saliva al ver cómo venían todos con expresiones de terror todavía en sus rostros.
Me enderecé en la silla, aunque mi corazón se contrajo al verlos.
Miré el miedo en mi madre sintiéndome culpable, pero aparté la mirada enseguida.
No vi rastro del alivio que esperaba encontrar en su rostro, solo rigidez y una gran decepción.
—¿Estás bien, estás bien? —preguntó mamá, mientras me revisaba toda llorosa y me llenaba de besos. Pero yo solo tenía ojos para observar la expresión que tenía mi padre—. Estoy bien mamá.
—¡¿Cómo diablos te tomas la bebida de un desconocido?! ¡Casi te perdimos! —Vociferó mi hermano Kenet, al tiempo que me abrazó muy fuerte con expresión de espanto y miedo en su mirada—. Perdóname mi hermana por no acompañarte, perdóname. ¡No debiste escapar de los guardias, te lo tengo dicho!
Era la primera vez en mi vida que lo vi perder sus emociones. Me regañaba y me pedía perdón al mismo tiempo. Lo empujé con todas mis fuerzas tratando de restar importancia a la situación. Aunque mi cuerpo se estremeció al ver la frialdad de papá.
—¡Suéltame, no seas tan dramático! No fue tan serio, ese tipo parecía inofensivo. Si no llega a drogarme, lo hubiera derribado de un puñetazo —traté de quitar importancia al hecho.
—¡¿Inofensivo?! ¡Es un asesino en serie que la policía llevaba muchos años buscando! ¡Ha raptado y asesinado a muchas mujeres! —Siguió gritando mi hermano Kenet, mis primos también me abrazaron.
Los tíos Rufino y Miguel me revisaron y me abrazaron asustados. De a poco me di cuenta de que asusté a todos porque en verdad estaba en serio peligro, por ser tan irresponsable. Aunque para ser honesta, me aterraba más la reacción de papá que la de ese asesino.
Giré mi cabeza buscándolo al ver que no decía nada, lo vi observando todo junto a mis guardias. Sin mirarme una sola vez, como si evitara hacerlo. Cuando al fin me miró directo, me asombré.
¡Sus ojos estaban rojos como si hubiese llorado! Mi padre, el Capo di tutti i capi, el dragón negro número uno, que no se ablanda ante el peor de los enemigos, ¡había llorado por mi culpa! Fue tanta la impresión que me causó, que me quedé sin saber qué hacer. Él nunca enseñaba debilidad alguna.
Me quedé quieta sintiendo cómo mi corazón latía apresurado por el miedo que sentía ahora, y aunque no me había regañado, estaba consciente de que me castigaría muy fuerte. Lo vi en su mirada. Creí que iba a dejar de ser la niña mimada de papá, esta vez sí la hice en grande.
Bajé mi cabeza arrepentida, sin darle a entender que me di cuenta de que lloró. No quería que sintiera vergüenza ante mí en el futuro. ¡Juré que no volvería a hacerle esto a mi padre!
Todo el mundo sabía que él me adoraba y me complacía.
Pero si llegaban a enterarse de que era hasta ese extremo su debilidad, estaba muerta y mi familia entera conmigo, sobre todo papá.
No podía imaginarme que le pudieran hacer si me agarraban sus enemigos para destruirlo.
Porque ahora me daba cuenta de que no vacilaría un ápice si le pedían rendirse por mí.
Eso era algo que me aterraba, hacer a mi padre débil.
Cuando estaba lista para recibir cualquier castigo, levanté mi cabeza para volver a mirarlo, y lo que sucedió me sorprendió.
Papá me miró por un instante y sin más me abrazó muy fuerte contra su pecho, tanto que casi no pude respirar.
No le dije nada, le devolví el abrazo de la misma manera sintiendo que era el lugar más seguro del mundo para mí.
Siempre lo había sido. Podía estar lo más asustada del mundo que cuando papá me abrazaba, todo el miedo desaparecía en un segundo.
¡Soy la mayor debilidad de papá!
Y por primera vez en mi vida me arrepentí de lo que hice desde lo más profundo de mi corazón.
Sentí cómo su respiración se aceleró como si estuviera aguantando las ganas de llorar, su cuerpo completo se estremeció como si liberara en ese abrazo todo el terror que experimentó por mi desaparición.
La dura realidad me chocó en ese instante.
Yo, Alessia Minetti, hacía llorar al Capo di tutti i capi, el dragón negro, el uno.
Al Capo Mayor que hacía temblar a los peores criminales del mundo.
Suspiré mientras papá me tomó la mano y salió a caminar conmigo como cuando era pequeña. No dijo nada, no emitió una sola palabra, y ese silencio suyo me estaba matando. Preferiría que estallara, que me gritara, hasta que me golpeara, pero ese silencio era peor que la misma muerte.
¿Qué iba a hacer? Quería ser libre, pero al mismo tiempo no quería hacerlos sufrir.
Eso era algo que jamás podría olvidar, me dije cerrando los ojos con la imagen de los ojos rojos de papá.
Era la misma mirada de terror que vi cuando tenía diez años y tuve un accidente en el que me partí la cabeza.
Papá corrió conmigo en sus brazos por el medio del bosque en que estábamos, bosque en el que me había perdido por correr detrás de una mariposa, con esa misma mirada de terror que estaba observando ahora.
Él me encontró tirada en una trampa en la que caí y me lesioné.
Sabía que me amaba. Mi padre me amaba más que a nada en el mundo.
Aunque su manera de demostrarlo no fuera lo que yo deseaba, pues me sentía prisionera.
Estaba consciente de que su amor era sincero y que si me protegía era por cosas como estas.
¡Nuestros enemigos eran demasiados! Lo sabía, pero yo…
, yo…, necesitaba libertad, y mientras estuviera a su lado, jamás la tendría.
Hubiera querido nacer en otra familia que no fuera de mafiosos y llevar una vida normal.
Quería vivir esa vida despreocupada de la que tanto hablaba mamá, antes de que mi padre la obligara a casarse con él.
Saber cómo era no ser nadie, no deber preocuparte y estar mirando todo el tiempo por encima de tu hombro para ver si alguien te iba a atacar.
Sabía que era una ilusión. Soy la hija del dragón negro, el uno.
Tendría que volver a nacer para realizar mi sueño, pero no dejaría de intentarlo jamás.
No sabía cuándo, pero un día lograría desprenderme de la mafia y vivirla.