Upír: Sombras sobre Praga Capítulo 12 #2
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Capítulo 12 #2

—Jaroslav… —⁠La voz llegó desde fuera. No rugía: era la voz de Ludmila, clara, dulce, familiar hasta doler⁠—. Hace frío, mi amor. ¿Por qué me has cerrado la ventana?

El carpintero sollozó, dando un paso hacia adelante. —⁠Ludmila…

—¡Quieto! —⁠susurró Gabriel, agarrándolo del brazo⁠—. No es ella. Recuerda. No le respondas.

—Tengo hambre, Jaroslav —⁠continuó la voz, ahora con un tinte de reproche infantil⁠—. No he comido en días. Y estoy tan fría… Déjame entrar. Solo quiero acurrucarme contigo.

—Déjame verla, padre —⁠suplicó Jaroslav, temblando⁠—. Quizás ha vuelto en sí.

—¡Nadie vuelve de la muerte! —⁠siseó Gabriel.

Fuera, la voz cambió. Perdió la dulzura y adquirió un tono de impaciencia áspera. —⁠Huelo al cura. Está ahí contigo, ¿verdad? El que me quemó.

Un golpe seco sacudió los tablones. Más que fuerte, fue una advertencia. —⁠Dile que salga, Jaroslav. Dile que salga y te dejaré en paz. Solo quiero probar su fe.

Gabriel retrocedió un paso, horrorizado. La criatura no solo tenía hambre; tenía inteligencia.

—¡Vete! —⁠gritó Gabriel, su voz temblando más de lo que hubiera deseado⁠—. ¡En el nombre de Dios, vete de esta casa!

Hubo un silencio al otro lado. Y luego, una risa. Baja, seca, como hojas muertas arrastradas por el viento. —⁠Tu Dios tiene las puertas cerradas, padre. Pero yo tengo toda la noche.

Se oyó el sonido de uñas rascando la madera, buscando una grieta, un nudo suelto. Ras, ras, ras. No intentaba entrar por la fuerza. Estaba jugando con ellos. Estaba erosionando la voluntad de Jaroslav.

Cayó de rodillas, tapándose los oídos. Gabriel se quedó de pie, mirando los tablones. Apretó el crucifijo de hierro hasta que le dolió la mano. No podía atacarla. No sabía cómo. Solo podía esperar.

El rascado continuó durante horas. Cuando el primer gris del amanecer tiñó el cielo, el sonido cesó.

Gabriel se dejó caer en una silla, agotado. Habían sobrevivido. Pero mientras miraba la luz crecer, supo con una certeza helada que la fe no bastaría otra noche. Tendría que volver al libro. Tendría que leer las páginas que le habían dado náuseas. Las que hablaban de madera afilada y fuego.

Jaroslav se había dormido al fin, con la cabeza apoyada contra la pared y el martillo todavía en la mano. Gabriel lo miró durante un momento. Luego desenvolvió el paño y abrió el De Daemonibus . Lo había llevado consigo toda la noche sin abrirlo, sin decidirse a abrirlo.

Lo abrió en la sección de Remedios. Leyó.

No con la repulsión de la primera vez, esta vez con la atención del que necesita entender algo que no puede permitirse ignorar.

Cortar la cabeza. La estaca de fresno. El fuego.

Cada instrucción era una carnicería, pero debajo de la carnicería había una lógica: destruir el segundo corazón, el que no se detiene.

El mismo corazón que había sentido pulsar bajo sus manos cuando intentó sujetar a Ludmila.

Cuando la luz del amanecer tocó los postigos y los perros del barrio volvieron a ladrar, Gabriel tenía el libro abierto sobre las rodillas y su letra pequeña llenaba tres páginas del cuaderno de notas que guardaba en el abrigo. Ya habían dejado de ser oraciones para volverse instrucciones.

[Documento hallado entre los archivos internos de la Karpatia Speditionsgesellschaft, sucursal de Viena, e incorporado años después a un sumario policial ajeno a estos hechos.

Corresponde al traslado del lote C-7 —⁠cincuenta cajas, contenido declarado «tierra de cultivo seleccionada»— desde Bistritz hasta Praga (el arcón mayor del mismo cliente se reexpidió por separado y no figura en esta hoja), en el otoño de 1880.

Se conserva la hoja de relevos del expedidor y las notas que fue añadiendo al margen. ]

KARPATIA SPEDITIONSGESELLSCHAFT⁠ — Hoja de relevos. Confidencial.

Lote C-7. Origen: Bistritz. Destino: Praga, almacén ribereño de Malá Strana, junto al Puente de Carlos.

Cláusula del cliente: el lote viaja solo de noche. No se abre. No se pesa. Sobre lacrado adjunto, a entregar sin abrir.

Primer relevo⁠ — De Bistritz al pie de la sierra. Carreta de bueyes. 3 de octubre.

Cuatro hombres. Sin incidencias en la carga. El carretero Pavel anota que la caja mayor «suda con el frío de la mañana» y que de noche se la oye «asentarse, como si dentro hubiera agua». Se le indica que la tierra húmeda hace esos ruidos, y que cobre y calle.

Segundo relevo⁠ — De la sierra a Klausenburg. 5 de octubre.

Pavel no se presenta al relevo. Lo encuentran dos días después junto al camino, sin que falte nada: la bolsa con la paga, intacta.

El médico de Klausenburg consigna dos punciones limpias en el cuello y lo atribuye a alimaña o a zarza.

Se contrata un sustituto. El lote llega completo. Cincuenta cajas. Ninguna abierta.

Tercer relevo⁠ — Klausenburg a Budapest. Ferrocarril, vagón cerrado. 9 de octubre.

El pesador de la estación exige verificar el peso declarado, contra la cláusula. Insiste. Se accede para no demorar el convoy. El registro de báscula de esa noche no aparece en el archivo. El pesador no figura en las nóminas del mes siguiente.

Cuarto relevo⁠ — Budapest a Viena. 14 de octubre.

Dos mozos piden rescindir el contrato antes de llegar. Se les paga el doble por continuar. Uno de ellos, de apellido Roth, no se apea en Viena. No consta que se apeara en ninguna parte. La compañía lo da de baja por abandono de puesto.

Quinto relevo⁠ — Viena a Praga. Solo de noche. Del 19 de octubre al 10 de noviembre.

Las notas del expedidor se acortan a partir de aquí.

«28 oct. Lote a bordo. Un hombre.» «4 nov.

Sin novedad. El hombre no habla.» «10 nov.

Entregado en Malá Strana. Cincuenta cajas.

Ninguna abierta. El sobre lacrado, entregado.

» Bajo esa última línea, con otra letra, alguien añadió más tarde: «¿Y el hombre? » . No hay respuesta anotada.

Memorando interno de la sucursal de Viena. 4 de noviembre.

A las familias del carretero Pavel, del pesador de Klausenburg y del mozo Roth se les abona la indemnización ordinaria por accidente de tránsito, cerrada y sin reclamación ulterior.

Los tres decesos se reclasifican como percances de ruta.

Se recuerda a los jefes de relevo la norma permanente para el lote C-7 y los de su clase: se mueven después del anochecer, no se abren, no se pesan; y a todo porteador que declare haber oído respirar dentro de una caja se le paga el jornal íntegro y se le borra de los libros el mismo día.

La nota termina con una observación administrativa, en el tono de quien apunta una virtud del servicio: el lote C-7 no se ha retrasado nunca, ni ha llegado jamás incompleto.

Las cajas siempre llegan. Solo los hombres son variables.