Capítulo 33
Carpintero
Vicky
—¿Qué haces?
Al mirar arriba vi a Lucy frente a mí con los brazos cruzados. Estaba furiosa.
—Ver el ensayo de tu boda —contesté, desconcertada.
¿Qué iba a hacer si no?
—¿Desde el fondo de la iglesia?
Miré al altar. Allí se habían congregado Felix , Lottie , Ollie , Mike , Margot , Hetty , Claire , Emily , Hayley y Florrie .
— Lucy , creo que deberías volver con la comitiva nupcial.
Me miró atónita.
— Vicky —pronunció lentamente—. ¿Por qué crees que te pedí que vinieras hoy?
Me mordí el labio y exhalé.
—Para ser sincera, no lo tengo claro. Nunca he ido al ensayo de una boda.
—¿No fuiste al de Claire ? —preguntó Lucy , extrañada.
Miré al suelo.
—Pues…
—No, no fui porque no se me puede decir nada. — Claire se acercó y se plantó al lado de Lucy .
Me encogí de hombros.
—Dije que tu vestido de novia tenía pinta de picar. Fue la respuesta equivocada.
—Aun así debería haberte invitado al ensayo. — Claire se movió incómoda—. Y encima te dejé sentarte al fondo de la iglesia el día de la boda.
—No impor…
—Sí que importa —me contradijo con vehemencia—.
Me dije que estarías más a gusto ahí, pero, si soy sincera, seguía siendo una mala pécora enfadada porque su papá había dejado a su mamá y había tenido otra hija; enfadada contigo por estar ahí; enfadada porque sabía que serías la mujer más guapa de la sala y nadie podría quitarte los ojos de encima, cuando se suponía que era mi día.
Pero no debería haberte excluido. Eres mi hermana. Estuvo mal, y sí que importa. ¿Vale?
Estaba tan furiosa que se le encendieron los ojos y el rostro. Pensé que lo mejor sería asentir y decir «vale» en voz baja.
No la tranquilizó lo más mínimo.
Lucy ya no se mostraba tan impaciente.
— Vics , tonta, tú también formas parte de la comitiva nupcial. Tu sitio no está aquí al fondo.
La miré parpadeando.
—N-no te entiendo.
Sabía que Ollie era el padrino de Felix , y Mike sería su otro padrino y llevaría a Lucy al altar. No tenía muy claro qué pintaba yo ahí.
— Emily , Lottie , Claire , Hayley , Florrie y tú sois mis damas de honor —me explicó Lucy pacientemente—. Así que levanta el culo y vente delante. Me lo prometiste en la despedida de soltera, ¿no te acuerdas?
La miré parpadeando.
La despedida de soltera de Lucy fue la primera vez que bebí en exceso. Pero estaba triste por lo del cuidador y confundida con Mike después de la revelación de Margot , y, por primera vez, sentí que podía confiar lo suficiente en la gente que me rodeaba como para perder el control.
Tenía un vago recuerdo de Ollie , Felix y Mike apareciendo casi al final, a pesar de que se suponía que solo asistiríamos chicas. Pero no estaba segura de qué pasó exactamente después. Lo único que sabía era que me desperté en Buckingham Manor a la mañana siguiente con un fuerte dolor de cabeza.
Y de verdad que no recordaba haber aceptado ser dama de honor, lo cual era muy desconcertante, pues siempre recordaba todo lo que vivía casi a la perfección. Claro que tampoco estaba acostumbrada a tomarme tantos chupitos de tequila.
¿Qué más se me habría olvidado?
—¿Seguro? —le pregunté. Y para que no me oyeran los demás, susurré—: No hace falta que me lo pidas.
Lucy me puso mala cara.
—¿Por qué crees que no querría que fueras mi dama de honor? ¡Eres una de mis mejores amigas!
Parpadeé.
—¿En serio?
—La madre que… —maldijo Lucy —. Vics , me estoy esforzando mucho por no ofenderme. Pero sí, eres una de mis mejores amigas.
—Ah…
—Así que vente al altar.
Asentí y la seguí hasta donde estaban los demás. Cuando el sacerdote empezó a explicar la ceremonia y dónde nos colocaríamos, saqué el móvil y lo puse en el altar después de darle a grabar.
—¿ Vics ? —me susurró Lottie al oído—. ¿Qué haces?
—Ah, estoy grabando la información para consultarla luego y repasarla mentalmente con el audio.
Así memorizaré las palabras correctamente y no necesitaré la grabación, pero puede que se me escapen algunos matices, así que le pediré a Abdul que me los interprete cuando se lo ponga.
Probablemente haga un PowerPoint en casa.
—¿Por qué?
Me encogí de hombros.
—No quiero agobiarme ese día. Si sé qué esperar, no me alteraré. No quiero avergonzar a Lucy y a Felix .
—Vale, cariño —dijo suavemente, dándome un apretón rápido en la mano.
No era una de nuestras señales; había llegado a comprender que era la forma en que Lottie expresaba afecto.
Que sintiera afecto por mí por grabar a un sacerdote hablando se me antojaba un misterio.
Aunque también es verdad que solía haber aspectos del comportamiento humano que se me escapaban.
—No es un examen, cari —señaló Lucy , ceñuda—. No tienes que estresarte por eso, ¿vale?
Me moví incómoda, pues me abrumaba la atención de los demás. Ya lo estaba fastidiando todo.
—Ya…, es que…
—Déjala en paz —le espetó Mike —. Sigamos con este circo.
Lucy fulminó con la mirada a su hermano y se puso en jarras.
—Es mi boda, cenutrio. No un circo.
Mike puso los ojos en blanco mientras Hayley preguntaba en voz baja:
—Si va a ser un circo, ¿se pueden traer ponis?
—¡Ay, sí! —gritó Florrie —. ¡ Legolas llevaría los anillos superbién!
—Ese poni no va a formar parte de mi boda —aclaró Felix entre dientes. Y, sinceramente, sentí su dolor. Había aguantado muchos desaires por parte de los animales de los Mayweather durante su noviazgo con Lucy .
Cuando miré a Mike , me dedicó una leve sonrisa y un guiño.
Aunque ya ni estábamos juntos, él seguía cuidándome. Desvió la atención de mí en cuanto notó que estaba incómoda, y lo hizo sin pensárselo dos veces.
Parpadeé y aparté la mirada.
Ese día estaba especialmente guapo. Se había arremangado la camisa, lo que dejaba a la vista sus musculosos antebrazos; el pelo, un pelín largo, le rozaba el cuello de la camisa, y su barba pedía un buen recorte.
Sentí un fuerte impulso de hundirle los dedos en el pelo.
Apreté los puños y enderecé los hombros.
No importaba lo atractivo que fuera Mike ; no iba a obligarlo a volver a ser mi cuidador.
Así que me pasé el resto del ensayo ignorándolo.
Supuse que, una vez terminado, podría volver escopeteada a Londres.
Lo que no preví fue que mi madrastra se entrometiera.
—Bueno, queridas —intervino Margot mientras salíamos de la iglesia—. Ya que estamos todas aquí, he pensado que podríamos decidir qué nos pondremos para la boda. ¡Que empiece la prueba de vestuario!
Antes de darme cuenta, los coches se habían llenado de gente, y el único hueco que quedaba para mí era con Mike , que parecía irrazonablemente satisfecho con la situación. Solo cuando notó que me temblaban las manos al alejarnos de la iglesia, se le borró la sonrisa.
— Vicky , cariño —murmuró suavemente, con un tono de preocupación en su voz—. Si no puedes más, te dejo en Buckingham Manor . No hace falta que…
—D-deja de cuidarme, Mike Mayweather —le espeté.
Dejó escapar un gruñido de frustración mientras apretaba la mandíbula y se le ponían los nudillos blancos de lo fuerte que agarraba el volante.
—Y si quiero cuidarte, ¿qué?
Negué con la cabeza.
—Deberías buscarte a una mujer adecuada; una que no requiera eso —le aconsejé.
—Me cargaría a tu madre y a tu hermana —soltó Mike , furioso.
Yo fruncí el ceño, confundida.
—¿Qué tienen que ver ellas con esto?
—Todo —aseguró—. Todo, pero te han sorbido los sesos y no te das cuenta.
—No me han sorbido los sesos —repliqué, ofendidísima—. Siempre abordo todo con racionalidad y sensatez.
—No. Lo nuestro no —protestó, taciturno—. Cuando se trata de nuestra relación, eres la mujer más ilógica que he conocido.
Con esa críptica declaración, Mike aparcó en paralelo frente a la tienda, fue a abrirme la puerta con paso airado y me hizo pasar con la mano en la parte baja de la espalda. Yo me esforcé por no llorar; echaba muchísimo de menos que me tocara así.
Para mi alivio, los hombres se fueron a una sección de la tienda, y las mujeres, a otra.
Cuando Lucy se probó el vestido, guardé silencio. No quería que se repitiera lo que pasó en la prueba del vestido de novia de Claire , cuando lo único que pude decir del vestido fue que tenía pinta de picar.
Pero ¡es que sí que picaba! Era puro encaje. No podía verle nada al vestido aparte de que picaba.
Pero, para mi sorpresa, esta vez fue muy diferente. Esta vez, cuando vi el encaje del vestido de Lucy y no pude pensar en otra cosa, Claire se acercó y me dio un fuerte abrazo de lado.
Lucy lo notó y bajó del pedestal que le habían puesto.
—Sé que parece que pica, pero el encaje es muy suave —aclaró. Hizo una pausa—. ¿Quieres tocarlo?
Me mentalicé para que picase y, despacio, pasé el dedo por el cuello. Parpadeé. Era sorprendentemente suave. Sonreí a Lucy .
—Estás preciosa —le comenté en voz baja—. Y sabes que es verdad, porque nunca miento.
—Gracias, cari —me dijo radiante—. Ahora te toca a ti.
Cuando la dependienta trajo un perchero con vestidos de dama de honor, empecé a sentir náuseas. Todos tenían etiquetas, había tul, encaje y todo tipo de telas ásperas. Di un paso atrás, pero me topé con lo que se me antojó un muro de ladrillos.
—Nada de encaje, ni costuras, ni etiquetas, ni esas cosas vaporosas —soltó Mike desde atrás. Enarqué las cejas mientras saltaba hacia delante para alejarme de él.
—¿Qué haces aquí? —le espeté.
—No voy a permitir que te sientas incómoda —respondió, y luego miró por encima de mi cabeza a la dependienta—. No se va a probar nada que la haga sentir incómoda.
—Tranqui, grandullón —dijo Lottie con una sonrisa.
De hecho, todas estaban sonriendo.
No entendía qué tenía de gracioso que Mike irrumpiera en la prueba del vestido de las damas de honor de su hermana para dar órdenes a gritos, pero estaba claro que todas habían perdido el juicio.
—Sé mucho más sobre las preferencias de ropa de Vicky que tú. ¿Crees que por un segundo la dejaría sentirse incómoda? —preguntó Lottie .
—Vete, cariño —le dijo Hetty con un gesto despectivo a su hijo—. Estorbas.
Mike resopló, pero hizo caso a su madre.
—Lo siento mucho, Lucy —murmuré, roja como un tomate.
—No, no te disculpes por mi hermano. — Lucy sonreía de oreja a oreja y daba saltos de alegría—. Sé de primera mano lo protector que puede ser. Me alegra mucho que por fin estéis arreglando las cosas.
No tuve ocasión de corregirla. De hecho, no pude hacer nada más que probarme vestidos.
Nos decantamos por uno de satén suave con costuras ocultas y, milagrosamente, sin etiquetas. No era muy diferente de los camisones que ya usaba, así que sabía que podría soportarlo. Probablemente incluso podría dormir con él; era comodísimo.
Elegida la ropa, decidimos ir a la Madriguera del Tejón a tomar algo después de la prueba de vestuario. Y aunque sentía que se me estaba agotando la paciencia por culpa de Mike , me dejaron claro que yo también iría.
Ahora bien, culpo de lo que pasó en el bar a que estuviese un poco abrumada por la situación.
Esto incluía que Lucy me hubiera dicho que era una de sus mejores amigas, que Mike me hubiese tocado, cuando soñaba con él todas las noches y deseaba tanto tocarlo que me moría, y la copa de champán que ya me había tomado en la prueba del vestido.
La furia contenida que sentí cuando acorralaron a Mike de camino a la barra casi me asustó.
Reconocí a Olivia : era una amiga de los Harding , igual de pija, guapa y extremadamente encantadora. Su familia vivía en la finca de un pueblo vecino, por lo que no era tan raro que hubiera ido al bar.
Cuando desplegó sus mil encantos con Mike , me paralicé y me preparé para que le sonriera y viera en ella a una potencial compañera que encajara de verdad con él y se olvidara de alguien que necesitaba que la cuidasen.
—Uf. — Lucy bufó cuando me vio mirándolos desde nuestra mesa—. Lleva un tiempo detrás de Mike . Tú pasa de ella.
Pero no podía pasar de ella. No podía quitarle el ojo de encima.
Sin embargo, en lugar de inclinarse hacia ella y sonreírle, Mike se tensó.
Cuando Olivia le plantó la mano en el pecho, reconocí la cara que puso Mike .
No se me dan bien las expresiones faciales —muchas me resultan difíciles de interpretar—, pero casi podía palpar la emoción que transmitía esa. Quizás porque yo misma la había sentido muchas veces cuando alguien a quien no quería cerca me tocaba. Era una mezcla de horror, asco y claustrofobia.
Me levanté de mi asiento tan de repente que arañé el suelo con un chirrido.
—¿ Vics ? —preguntó Lottie , mirándonos a Mike y a mí cada vez más alarmada—. No creo que…
No me quedé a oír el resto de lo que tenía que decir.
Me abrí paso hacia la barra. Mi único plan era hacer que esa mujer le quitara las manos de encima.
Tuve que armarme de valor para abrirme paso entre la multitud, ya que no quería estar tan cerca de la gente, pero no podía sacarme su expresión de la cabeza.
— Olivia , lo siento —le oí decir mientras me acercaba—. He intentado ser amable, pero es que no me interesas.
—Venga, carpintero —le susurró Olivia con tono seductor. Me quedé de piedra. ¿Carpintero? ¿Quién se creía que era?—. ¿Qué te pasa? —Le echó mano al paquete. Eso fue la gota que colmó el vaso.
—¡Deja de tocarlo! —grité. El murmullo del bar menguó—. Él… Él no quiere que lo toques.
Olivia me lanzó una mirada fulminante, pero apartó las manos de Mike .
Suspiré aliviada.
—Tía, relaja —dijo, levantando las manos en señal de rendición—. No sabía que seguías juntándote con la plebe.
La miré con recelo.
—¿Con la plebe?
Se encogió de hombros.
—Tenía entendido que lo habías dejado. Si no quieres que un bruto te dé duro, déjanos probar a las demás.
—No es ningún bruto —protesté—. Es amable, honrado, guapo, leal e inteligente.
Me hace reír, algo que no siempre es fácil.
Es el mejor hombre que he conocido en mi vida.
Y no se merece que le hayas puesto las manos encima sin su consentimiento.
—Negué con la cabeza bruscamente—. No se merece que lo llamen carpintero, cuando es un artista talentoso.
—Madre mía. — Olivia retrocedió con las manos en alto—. Cálmate, joder. Puedes quedarte con tu semental de clase obrera.
—No deberías llamarlo…
—Eh, eh —me interrumpió Mike con tono afable y divertido. De repente, su corpachón me impedía ver a Olivia . Lo miré parpadeando. ¿Por qué sonreía?—. Cariño, creo que ya lo ha pillado.
—No debería hablarte así —dictaminé, tensa, mientras Olivia se iba al otro extremo de la barra echando humo.
—Vale —dijo él, aún sonriendo.
Negué con la cabeza.
—Y no debería tocarte si no quieres que te toque.
—Ya —añadió—. Estoy bien, te lo prometo. —Se acercó a mí y me cogió de las manos. Ahí fue cuando me di cuenta de que las estaba apretando—. Puedes echar el freno, cariño. —Bufé con rabia. Aún no se me había pasado el enfado—. ¿Volvemos a la mesa?
Me llevó con los demás, otra vez con la mano en la parte baja de mi espalda.
—¿Por qué estáis todos tan contentos? —pregunté.