Única (Soñadora 3) Capítulo 31
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Capítulo 31

Necesitas a alguien fuerte

Vicky

La niebla se disipó lentamente, pero se disipó. Para cuando Margot y yo nos acabamos el té, empezaba a sentirme más viva.

Tras haberme pasado casi un mes en estado de letargo, era casi doloroso volver a sentir emociones. Como cuando te quedas dormida encima del brazo y notas un hormigueo horrible al recuperar la sensibilidad.

Lo sentía todo. Y añoraba a Mike . Lo echaba tanto de menos que casi me daba miedo. Ya había estado sola y asustada demasiado tiempo. Decidí que había llegado el momento de ser valiente.

—Tengo que irme —anuncié. Dejé la taza en el platillo con un ruido metálico y me levanté como un resorte.

—Me imaginaba que dirías eso —repuso Margot con una sonrisa.

Entonces, conforme salía de la mansión con mi coche, vi la furgoneta de Mike aparcada frente a la casa de campo de la finca que Claire usaba como residencia campestre. Al lado había un coche deportivo de baja altura. ¿Estaría Ollie también?

Concentrada en mi misión, le pedí a mi chófer que aparcara frente a la entrada y corrí hacia la casa. Solo podía pensar en que Mike estaba ahí y, después de lo que me había contado Margot , tenía que verlo.

Pero me quedé paralizada en la entrada al oír la voz de Blake .

¿Qué hacía él ahí?

—¡Esta es mi casa, joder! —gritaba. Parecía furioso—. No voy a permitir que me eche un empleado de medio pelo. ¡Lárgate de una puta vez, Mayweather !

—No soy un empleado —replicó Mike —. Y claro que te voy a echar.

Esta sigue siendo la casa de Claire y Florrie , aunque ahora vivan en Buckingham House .

Claire ha tenido que pedirme que viniera a ponerte de patitas en la calle en cuanto se ha enterado de que estabas aquí, porque a mí me pillaba más cerca y no quiere que su madre de sesenta y cinco años tenga que hacer de gorila de discoteca.

Aunque, entre tú y yo, creo que Margot podría contigo, macho.

—Vete a la mierda —le espetó Blake —. ¿Te crees que ya tienes la vida resuelta solo porque tienes un curro de la hostia, chulito?

Te ocupas de la rubia y sus manías y de paso te la zumbas.

Eres su cuidador con derecho a roce. — Blake se rio y me bajó un escalofrío por la espalda.

«¿Cuidador con derecho a roce?»—. Eso si es que la muy frígida acepta follar contigo; supongo que es poco probable, porque es tan rara que ni siquiera puede estrechar la mano sin que le dé un jamacuco.

Suerte, macho. Espero que te esté pagando bien.

Entonces se armó un alboroto. Oí una silla volcarse y gritos, pero el zumbido de los oídos me impedía distinguir bien las palabras. Solo podía concentrarme en lo que había dicho Blake . Lo tenía en bucle: «Cuidador con derecho a roce».

Recordé la vergüenza que sentí al oír casi el mismo comentario en la boda de Rebecca , dicho nada más y nada menos que por un pariente mío.

Sabía que Blake era un ser despreciable, pero ¿se había equivocado tanto al elegir sus palabras?

Mis peculiaridades, mis restricciones respecto a lo que podía hacer y lo que podía tolerar. La vez en la Madriguera del Tejón en que ni siquiera pude mirar a sus amigos a los ojos ni saludarlos como una persona normal.

Y Mike era un buen hombre. Sabía que lo haría. Me cuidaría. Pero ¿no acabaría frustrándose por no tener una pareja a su nivel o por que yo no fuera normal?

Parpadeé y trastabillé hacia atrás para alejarme del alboroto de dentro. A continuación di media vuelta y corrí hacia mi coche. Me senté en el asiento trasero y observé la casa un buen rato mientras intentaba tomar una decisión.

—¿Nos vamos ya, Vicky , cariño? —me preguntó con dulzura Richard , mi chófer.

Me aclaré la garganta.

—Sí, por favor —contesté en voz baja.

En ese instante, Blake salió disparado por la puerta principal, que se cerró de golpe tras él.

Le sangraba la nariz, pero se puso de pie y pateó algunas piedras del camino de entrada.

Se dirigió a su coche a grandes zancadas, pero antes de abrir la puerta, me pilló observándolo. Ladeó la cabeza y puso cara de asco.

—Rara —me dijo solo con los labios. Abrió con brusquedad la puerta del vehículo y se marchó a toda velocidad.

Una semana después, me quedé atónita al ver la figura que me esperaba en la acera cuando llegamos a la puerta de mi casa.

Era tan guapo que me dolía el corazón y me costaba respirar.

Pensaba que Mike se habría cansado de acompañarme del coche a la puerta.

No me habría extrañado: lo ignoraba en todo momento y casi siempre llevaba los cascos puestos.

Pero cuando dejó de aparecer, una pequeña parte de mí se llevó un chasco, aunque nunca lo admitiría.

—¿Estás bien, cariño? —me preguntó Richard , mirando a Mike con recelo.

Sabía que mi chófer se había preocupado por mí, como también que culpaba a Mike de haberme roto el corazón, así que volver a verlo imponente y en todo su esplendor frente a mi casa no le iba a sentar nada bien—. ¿Quieres que me quede un rato?

—Estoy bien, Richard .

—Siempre dices lo mismo —me espetó justo cuando iba a abrir la puerta. Me sorprendió—. Y sé que no es verdad. Sé que no estás bien. Llevo diez años siendo tu chófer. Me importas.

—Ah, claro. Perdona, no pensé que…

—Ya sé que no pensaste. ¿Acaso crees que no me doy cuenta de cuánto tiempo libre tengo? ¿Acaso crees que no me di cuenta de que le compraste a mi mujer una habitación infantil llena de muebles después de oírla llorar por teléfono porque creía que no estábamos preparados para recibir al bebé?

—Eeh… Suelo detectar problemas e intento solucionarlos. No pretendo…

—Ya, sí, se te dan bien los problemas ajenos. Sin embargo, los tuyos, no tanto. Si necesitas que le dé un puñetazo a ese mamonazo, voy ahora mismo.

Me quedé boquiabierta. Mike era al menos el doble de grande que Richard .

—Tranquilo, Richard —le dije con cariño—. Y gracias por…, eh, gracias por preocuparte por mí. —Me incliné y le di una palmadita en el hombro con torpeza.

Cuando abrí la puerta, Richard le gritó a Mike : «¡Cuidadito con lo que haces!», pero él ni se inmutó. Simplemente saludó a mi chófer a lo militar, lo que pareció una muestra de respeto.

—Eeh…, hola —saludé a Mike mientras me apeaba. Richard se fue—. ¿Qué…? Digo, ¿qué haces aquí?

Mike respiró hondo y se cruzó de brazos. Estaba incomodísimo.

—Sé que me dijiste que me mantuviera alejado. Pensaba darte más tiempo, pero luego me enteré de que fuiste a casa de tu familia, y… —Tragó saliva, descruzó los brazos y se metió las manos en los bolsillos—. Estoy preocupado. No quiero que estés cerca de esa gente, Vicky .

Volvía a preocuparse por mí. Reprimí un suspiro profundo. Tenía una pinta horrible: los ojos rojos y ojerosos y el rostro demacrado por el estrés.

—No volveré a verlos, Mike —le aseguré con firmeza.

Mike debía dejar de preocuparse por mí y seguir con su vida—.

Margot se ha encargado de que así sea. —Di un paso hacia él y todo su cuerpo se puso en alerta.

Cuando volví a hablar, lo hice con tono afable—.

Ya no tienes que preocuparte por mí. —Le toqué el pecho porque Mike estaba ahí y punto.

Era tan grande y fuerte… y me envolvía su aroma a bosque.

Se le contrajeron los músculos bajo mi mano y me miró fijamente.

Le brillaron los ojos y apretó la mandíbula con fuerza.

— Vicky —musitó. Tras un brevísimo instante de duda, me rodeó con sus enormes brazos. De repente, Mike me estaba abrazando.

Me permití disfrutar de esos escasos segundos. Un momento más que atesoraría y reviviría una y otra vez, cuando estuviera a solas, tal y como había hecho durante la última semana desde que Margot me contó lo que había hecho, y desde que se había disipado la niebla.

Inhalé el olor de su camisa mientras me derretía en sus brazos.

—Madre mía, te echaba tanto de menos —dijo Mike mientras me besaba en el pelo de la coronilla—. Estaba preocupadísimo por ti. No podía creer que hubieras vuelto con esa gente. Y sé que no estás comiendo bien. Ollie me ha dicho que…

Me aparté de golpe y retrocedí un poco.

Otra vez preocupándose por mí. Queriendo cuidarme y velar por mí.

Negué con la cabeza.

—N-no debería haber hecho eso —susurré. Mike me miró ceñudo.

—Por favor, cariño —me imploró con un deje desesperado. Hizo amago de tocarme, pero me aparté bruscamente, lo que le dolió en el alma.

—Lo nuestro no funcionaría —dije lo más segura que pude. Me molestó no haber podido disimular del todo que me temblaba la voz.

—Claro que sí, joder —gruñó Mike con tono obstinado—. No pienso rendirme.

Reconozco que eso me sorprendió. Cuando le dije a Mike que lo nuestro no iba a funcionar, pensé que recularía como la otra vez; pero en esta ocasión sin remordimientos, porque lo había intentado, aunque por dentro estaría aliviado de no tener que ser el cuidador de nadie.

Y cada uno nos iríamos por nuestro lado.

No me imaginaba que me gruñiría y desestimaría mis más que razonables argumentos.

Volvió a la carga.

—Si lo dices por Margot y el dinero…

—No —le espeté—. Lo digo porque deberías estar con alguien a quien no tengas que cuidar. Necesitas a alguien fuerte. —Se me hizo un nudo en la garganta y tuve que parpadear rápidamente para que no se me humedecieran los ojos.

A juzgar por la expresión de Mike , no lo logré.

— Vicky , cariño, por favor. Estás diciendo tonterías. —El tono de Mike era más suave ahora, pero igual de autoritario—. Si ese es el único problema…

—Te quiero —susurré. Por un momento se quedó paralizado de la sorpresa. Entonces se le relajó el semblante y se le dibujó una sonrisa de oreja a oreja. Alargó la mano hacia mí de nuevo, pero la bajó al ver que me apartaba de él.

— Vicky , sabes que yo también te quiero. Podemos…

—Te quiero demasiado como para cargarte con alguien como yo.

Ahora distaba mucho de sonreír. De hecho, se puso como un basilisco.

—¿De qué coño hablas?

—Adiós, Mike —me despedí mientras retrocedía hacia mi puerta.

Me fulminó con la mirada.

—No hemos terminado, cariño —dijo con ese tono pertinaz.

—No voy a cambiar de opinión, Mike .

—Ya veremos.