Única (Soñadora 3) Capítulo 30
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Capítulo 30

Vas a tener que currarte más lo de arrastrarte

Mike

—Buah, chaval —dijo Lucy , arrugando la nariz mientras me observaba despatarrado en el sofá—. Das pena.

—La madre que te trajo, Mayweather —intervino Lottie desde la cocina. Iba recogiendo latas de cerveza mientras se acercaba a mí—. Estás para el arrastre. ¿Cuánto hace que no te duchas?

—¿Qué más da? —mascullé—. Solo estoy yo. Y siempre voy a estar solo yo.

Después de ir a su oficina y que me rechazara, probé la táctica de acompañarla a casa que había empleado Ollie con Lottie . A él le había funcionado, así que ¿por qué a mí no?

Pero la diferencia estribaba en que Vicky estaba a dos pasos en llegar a su casa: lo que tardaba en bajarse del coche y entrar.

No era un trecho lo bastante largo como para convencerla de que me perdonara y de que la quería, y menos cuando salvaba esos dos pasos a la carrera y casi siempre iba con auriculares con cancelación de ruido.

Desde entonces, había tocado fondo y me pasaba la mayor parte del tiempo trabajando, bebiendo whisky o abrazando la almohada que aún olía a su pelo.

De esa guisa me encontraron mi hermana y Lottie el segundo domingo: regodeándome en la autocompasión.

—¡Por Dios, qué melodramático eres! —exclamó Lucy . La miré ceñudo desde el sofá—. ¡Levántate, Mikey !

—Estoy destrozado —balbuceé.

—Estás borracho —repuso Lottie , arrugando la nariz, sin duda por el pestazo a alcohol que se respiraba. Había palidecido un poco, lo que me hizo sentir culpable.

La madre de Lottie había sido alcohólica, y sabía que ese olor le daba náuseas.

—Lo siento, Lots —me disculpé con voz pastosa. Entonces reparé en mi hermana, que estaba en cuclillas frente a mí.

—Ve a ducharte —ordenó con un tono cortante, tan diferente al que solía emplear Lucy que me costó creer que fuera mi hermana quien hablaba. Lottie intentó quitarme la almohada, pero no la solté. Se había vuelto mi mantita de apego, por así decirlo.

—¿Por qué sois tan malas conmigo? —murmuré.

—Ay, la Virgen —protestó Lottie —. Mira que creía que Ollie exageraba, pero eres un gallina, tío.

—Me duele el corazón —les dije.

Lucy suspiró.

— Mikey , como no espabiles, no recuperarás a Vicky .

—Me ha rechazado una y otra vez.

—¿Y vas a rendirte así como así? —preguntó Lottie , incrédula—. Vas a tener que currarte más lo de arrastrarte, macho. ¿Nunca has oído hablar del gran gesto? Algo que le demuestre que lo es todo para ti.

Parpadeé y traté de asimilar lo que decía pese al pedo que llevaba. Probé a incorporarme, pero me dejé caer en el sofá bufando.

—Total, si tampoco estaba a su altura —contesté al fin, abatido.

—Pues no —intervino mi hermana. La miré mal—. Pero ¿sabes qué? Que Vicky te quiere.

—Podría estar con quien quisiera.

—Pero te quiere a ti.

—He traicionado su confianza.

—¡Pues haz que vuelva a confiar en ti! —gritó Lucy , frustrada—. ¡Uf, qué tonto eres!

Un dolor agudo me recorrió la pierna.

—¡Me has dado una patada! —exclamé, incrédulo.

Mi hermana, antes tan dulce y pacífica, me había pateado en la espinilla.

La última vez que se puso violenta fue cuando le robé uno de sus millones de cuadernos cuando ella tenía ocho años, pero entonces pude contenerla sin problema: le puse la mano en la frente mientras lanzaba los puñitos hacia mí.

—¡A ver si así me haces caso! —respondió con impaciencia—. Tienes que volver a demostrarle tu amor a Vicky . Tienes que hacerle entender que la quieres y que no era por el dinero de Margot .

—¿Y cómo se lo demuestro?

—¡Eso piénsalo tú, idiota! —me espetó Lottie .

Uf, me atacaban arpías por todos lados. ¿Por qué mis dos mejores amigos no mantenían a sus mujeres ocupadas para que no metieran las narices en mis asuntos?

—Te necesita, Mikey —dijo Lottie con ternura.

Y, al final, eso fue lo que me convenció. A pesar del mareo, por fin me incorporé.

—¿Y eso? —pregunté con voz ronca.

—Te necesita. ¿Sabías que Janet y Rebecca la están acosando?

—¡¿Qué?! —grité, pero al intentar ponerme de pie, me mareé y me caí otra vez. Madre mía, las arpías tenían razón: daba pena—. Pero ¡si las bloqueé!

Lucy rio por lo bajo.

—Llevan años aprovechándose de Vicky . ¿Creías que bloquearlas las detendría? Han estado yendo a su casa e incluso se han personado en la oficina.

—¿Está bien?

—¿Mereces saberlo acaso? —preguntó Lottie con tono afable pero acusador.

Gemí y me llevé las manos a la cabeza.

—No —mascullé—. No, no me lo merezco, pero necesito saberlo de todos modos. Y sé que no la merezco, pero aun así la quiero.

—¿Solo estabas con ella para conservar la inversión de Margot ? —preguntó Lottie mirándome con suspicacia.

—¡No!

Ay, coño. Mi grito me había provocado un dolor de cabeza tan fuerte que creí que iba a vomitar.

—No —repetí más bajito—. Nunca fue por eso. Acepté ir a la gala, pero en cuanto abracé a Vicky , el dinero dejó de importarme. La quiero un huevo, ¿vale?

Miré a Lottie , que me observaba con recelo. A continuación ladeó la cabeza y sonrió.

—Pues demuéstralo.

Llevaba sin probar ni gota de alcohol desde que vinieron a verme Lucy y Lottie . De eso hacía ya dos semanas.

Tardé unos días en caer en la cuenta, pero al fin había dado con la solución. Sí, la cabaña era mi sueño, pero ya no lo quería sin ella.

No quería nada sin Vicky .

—¿Dejamos todos los muebles? —me preguntó Pete. Asentí.

Sabía que debía alegrarme de que el comprador quisiera conservarlo todo, pero mientras acariciaba con los dedos la mesa de la cocina, esa que había lijado durante dos días y cuyas patas de madera flotante tardaron semanas en secarse y hubo que tratarlas adecuadamente para poder usarlas, me costaba sentirme agradecido.

Pete negó con la cabeza.

—Joder, tío. No me creo que vayas a renunciar a esto. Es tu sueño.

Me encogí de hombros.

—Los sueños cambian.

—¿Sabes quién la ha comprado?

—Un magnate londinense que busca una segunda residencia. Es lo que me dijo la inmobiliaria.

Menudo cabreo se pillaron todos cuando se enteraron de que ponía la cabaña en venta.

Ni que decir tiene que Ollie y Felix se ofrecieron a comprarla. De hecho, se ofrecieron a darme el dinero. Pero los mandé a tomar por saco. No entendían nada.

Tenía que devolverle la inversión a Margot yo mismo.

Era mi única esperanza de recuperar la confianza de Vicky .

Así que cuando la inmobiliaria me habló de la oferta, la acepté sin titubear.

El comprador no solo estaba dispuesto a pagar un veinte por ciento más del precio de venta, sino que también quería mis muebles.

Todos, del primero al último, incluidos mi cama y hasta el sofá que estaba para tirar.

Como ahora viviría en casa de mamá, en el pisito que hay encima de mi antiguo taller, la verdad es que no necesitaba muchas cosas, así que me pareció bien, y más cuando me dijeron la cantidad adicional que el comprador estaba dispuesto a pagar de una tacada para conservar el mobiliario.

Por lo que no solo recuperaría lo suficiente para devolverle la inversión a Margot , sino que ganaría más del doble.

De sobra para expandir el negocio, comprarme una furgo nueva e incluso contratar a un repartidor.

Daba la impresión de que, justo cuando mi vida personal se había ido al garete, mi vida profesional iba viento en popa.

Tampoco es que me consolara. Nada me consolaba.

Añoraba a Vicky con una intensidad casi abrumadora.

Así que allí estaba yo, en mi sala de estar, con Pete ayudándome a abandonar para siempre la cabaña que había construido con mis propias manos.

—Espero que no te arrepientas de haber renunciado a esta casa —comentó Pete mientras sacaba la última caja por la puerta.

—Sé lo que me hago —le aseguré.

—Pusiste tu alma y tu corazón en construir esto —replicó Pete.

Me volví hacia él y, señalando la cabaña, le dije:

—Mi alma y mi corazón no están aquí. Ahora mismo están en Londres, con la mujer más hermosa por dentro y por fuera que he conocido jamás. Y debo recuperarlos.