Capítulo 29 #3
Media hora después, me encontraba en la salita de Buckingham Manor con una elegante taza de té de porcelana delante y un gato sentado en mi regazo.
Podría haber discutido con Margot , pero no creí que hubiera servido de nada.
Le pidió a mi chófer que llevara mi coche a la mansión mientras me metía a toda prisa en el suyo.
Por lo visto, debíamos tener una «breve charla», y esa mujer no aceptaba un no por respuesta.
—¿Cómo has sabido que estaba en casa de mi madre? —le pregunté.
—Ah, eso —dijo Margot con desdén mientras levantaba su taza de té del platillo para darle un sorbito.
Estábamos sentadas en los sillones antiguos, pero comodísimos, con vistas a los jardines.
No sé cómo, pero el servicio ya había preparado una bandeja de varios pisos de pastelitos y sándwiches de pepino y la había dejado en la mesa de al lado—.
Cuando me di cuenta de que había descuidado mi deber para con tu bienestar y que no podía confiar plenamente en que actuaras en tu propio interés, decidí que un equipo de seguridad privada te siguiera con discreción.
Sabían que debían informarme de cualquier actividad inusual, sobre todo si tu madre o tu hermana se acercaban a ti, o incluso si tú ibas a verlas.
La miré fijamente un buen rato.
—Nunca has descuidado tu deber —aseguré.
No mencioné el tema de la vigilancia; de todos modos, no habría podido impedir que hiciera lo que quisiera.
Siendo lógicos, debería estar indignada.
Pero sabía que Margot era muy entrometida con sus seres queridos.
La verdad es que ser el blanco de su atención agobiante y su actitud autoritaria era…
agradable. Fue uno de los motivos por los que perdoné lo suyo con Mike .
Al menos se había preocupado lo suficiente por mí como para chantajear a alguien para que saliera conmigo.
Madre mía. Empezaba a darme cuenta de que considerarme una carga para todo el mundo durante toda mi vida tal vez me había pasado factura, aunque fuera solo un poco.
Margot volvió a colocar la taza de té en su platillo y luego, con delicadeza, dejó la taza y el platillo en la mesita que había junto a ella.
Hizo ademán de darme la mano, pero esperó a que le diera permiso.
Cuando asentí, me rodeó la mano con la suya.
Su agarre era firme y su mano estaba seca, así que lo toleré mejor de lo que esperaba.
—Sí que lo descuidé —repuso en voz baja—.
Y no volverá a pasar. Eres de la familia, lo que significa que soy…
¿Cómo dicen los jóvenes? Ah, sí, el perejil de todas las salsas.
—No estaba muy puesta en el argot actual, pero estaba bastante segura de que los jóvenes que conocía Margot no decían eso—.
Dicho esto —continuó. Me soltó la mano y se reclinó—. Tenemos que hablar de Mike .
Me tensé.
— Margot …
—Primero, te pido disculpas. Soy una vieja chocha que se mete donde no la llaman, y siempre me acaba saliendo el tiro por la culata. Pregúntale a tu hermano.
—Tenías buenas intenciones. Y, si no hubieras intervenido, Mike nunca habría…
—¡Tonterías! —me interrumpió—. Ese chico no te quitaba ojo desde mucho antes de que yo le diera un empujoncito.
Parpadeé y negué con la cabeza.
—Lo recuerdas mal. Yo era la que espiaba a Mike , no al revés.
Margot se echó a reír.
— Mike Mayweather siempre te ha estado observando, Vicky . Ni de niños te quitaba la vista de encima. Por aquel entonces, cuanto más lo ignorabas, más se enfurruñaba.
—No lo ignoraba.
—Yo sé que no, pero Mike no entendía por qué no le hablabas.
Tu madre… — Margot dejó la frase a medias y apretó la mandíbula.
Había vuelto a coger la taza de té y tenía los nudillos blancos de la fuerza con la que sujetaba el asa.
Se aclaró la garganta, cerró los ojos un instante y continuó—.
Tu dichosa madre no estaba a favor de que te evaluaran ni de que se «te etiquetara», como ella decía, así que no podíamos dar ninguna explicación a gente como Mike .
Siento no haber hecho nada, Vicky . Deberías haber recibido apoyo en el colegio.
Deberías haber tenido acceso a servicios especializados. Te fallé.
—No era tu responsab…
—Eras una niña a mi cargo. Vale, tal vez solo eran dos semanas al año, y tal vez no tenía la patria potestad, pero podría haber hecho más.
—No soy tu hija —dije con voz queda. Se le suavizó la expresión.
—Eres hermana de mis hijos, querida, y eso te convierte en mi hija por defecto.
Por aquel entonces, me temo que tu padre había herido mi orgullo.
Pero, francamente, que le den por culo a tu padre.
¿A quién le importa si se tiraba a todo lo que se meneaba?
Total, para cuando viniste a vivir con nosotros ya le había dado puerta.
Mi orgullo y tu padre nunca fueron lo importante.
Los niños erais lo importante, y durante las dos primeras semanas que pasaste con nosotros con tan solo seis añitos, dejé que Ollie te cuidara cuando debería haber sido yo quien lo hiciera.
—Sinceramente…
—No. No quiero oír hablar más del tema. Me equivoqué y punto. Mi trato con Mike también estuvo mal, pero tendrás que superarlo, porque no hay tiempo que perder. Como no actuemos ya, Mike cometerá un error garrafal y jamás me lo perdonaré.
Me había prometido que no preguntaría por él, que no volvería a caer en eso. Sabía que no me convenía, pero…
—¿Qué ha hecho Mike ?